Lunes, 03 Octubre 2016 00:00 De7en7

Con-Sentido

¿Por qué los antipáticos no se dejan querer?

¿Por qué los antipáticos no se dejan querer?

Las personas desagradables parecen estar conscientes de que con su comportamiento demuestran falta de sintonía con ciertas personas. Este comportamiento puede estar determinado por un conjunto de tendencias genéticas heredadas que de forma exacta predicen las relaciones sociales y sus conexiones con la comunidad.

Andrea Rodríguez

¿A quiénes consideramos antipáticos? ¿Es una percepción subjetiva o hay razones de peso para tildar a ciertas personas con este calificativo? Los antipáticos están conscientes de que con su comportamiento demuestran falta de sintonía con ciertas personas. En muchos casos, se esfuerzan para que el otro o los otros no perciban ninguna muestra de reconocimiento ni de afecto ni de valoración. Eso significa que, de alguna manera, también son selectivos a la hora de elegir con quién se muestran hostiles y con quiénes no.

También hay otros que, aunque no se lo propongan, son antipáticos por naturaleza. Para entender este comportamiento un equipo de especialistas de la Universidad de Exeter, en Reino Unido y de la Universidad de Estocolmo, en Suecia, realizaron un estudio innovador.

Ellos crearon un modelo matemático que arroja luz sobre por qué algunas personas tienden a ser simpáticas y otras desagradables.

Inspirándose en los microorganismos que construyen colonias, los investigadores crearon un modelo innovador de la evolución social y determinaron por qué algunos individuos por naturaleza son más agradables que otros.

El modelo permite entender de qué manera estas expresiones humanas pueden ser influenciadas por el instinto o por el entorno. Los científicos descubrieron, además, que el comportamiento de los individuos puede, con frecuencia, determinarse por un conjunto de tendencias genéticas heredadas que, de forma exacta, predicen las relaciones sociales y sus conexiones con otros miembros de la comunidad y con su entorno. La conclusión principal a la que llegaron los biólogos en su estudio es que la mayoría de la gente es propensa genéticamente hacia uno u otro estilo de comportamiento. Sasha Dall, uno de los autores del estudio publicado y profesor de Ecología Matemática en la Universidad de Exeter, advirtió que el comportamiento humano “es flexible y basa su actuación en aquello que se observa al procesar la información sobre el entorno”.

Según el científico, durante sus actividades algunas especies confían en las instrucciones heredadas y eso permite llegar a la conclusión de que los seres humanos se comportan de forma diferente según las variantes genéticas con las que nacieron. Aun así, hay psicólogos que advierten que la simpatía es una habilidad que puede ser aprendida e incluso recomiendan ciertos ejercicios para quienes sienten que sus niveles de simpatía están muy bajos.

Como ocurre en todos los ámbitos, en el de la política también abundan los políticos simpáticos y, por supuesto, los antipáticos que pueden cambiar su comportamiento si recurren a los técnicos de mercadeo político. De hecho, según en un artículo del diario The New York Times, los técnicos han impuesto la idea de que el camino a la popularidad para un político es ser simpático, lo que significa que a los antipáticos les está prácticamente prohibido el ejercicio de la política. Aún así, nada esta dicho en el terreno político, porque Donald Trump, considerado por algunos analistas como un “empresario antipático”, podría llegar a ser presidente de Estados Unidos.

Si bien en el campo político hay personas que intentan demostrarse simpáticas, al sonreír aunque sea de manera forzada, en el ámbito laboral y familiar, hay personas que, al parecer no tienen ningún interés por ser ni parecer simpáticos, porque son antipáticos de nacimiento.

Cecilia Castelnuovo, psicóloga argentina radicada en Ecuador, indica que socialmente hay ciertos estereotipos, como el chévere, el pilas, el simpático y el odioso. “Estos estereotipos cambian mucho de la Sierra a la Costa, por ejemplo, un simpático costeño en la Sierra apabulla y puede parecer ‘sabido’ o hablador en este entorno, pero quizá sea muy simpático en la Costa, lo que significa que el contexto cultural también influye”.

Según la especialista, la construcción de los calificativos sobre el otro se realiza socialmente, por lo tanto, son bastante relativos.

“En el mundo siempre habrá gente que no se deja querer, por decirlo así. Me parece que hay personas que son muy retraídas y que pueden parecernos antipáticas, pero, en realidad, no son tan desagradables. En este tema, también hay niveles y eso hay que entenderlo, por ejemplo, hay gente francamente hostil hasta aquellos que no te invitan a que te acerques”.

Para Castelnuovo existen estilos de relación que se aprenden, sobre todo, en la infancia. Por lo general, las personas que siempre están a la defensiva, porque simplemente se retraen, suelen resultar, en ciertas circunstancias, muy desagradables o, lo que es mejor aún, poco sociables y, por ende, poco simpáticas.

“Lo que hay que pensar es que la gente a quien uno ve como odiosa y hostil tiene una historia, es decir, aprendió a ser como es y esa una forma de adaptarse a medio hostiles. En otros casos, es su forma de reaccionar a la falta de reconocimiento y esto ocurre mucho en el medio laboral”. Según la especialista, la gente agradable y carismática fue mejor querida en su niñez y juventud.

En el trabajo, como en las familias —dice ella— no se escoge a las personas con quienes nos toca trabajar por lo que es necesario aprender a ser tolerantes y a convivir con ellas.

Christal Fuentes, especialista en consultoría laboral, identifica 4 tipos de personas difíciles en el trabajo.

Entre ellos está el que se queja continuamente y le gusta el drama. También está el que crea ‘grupitos’ en el trabajo; estos se manejan como en el colegio, con grupos cerrados, y se dedican a chismear. En esos casos lo mejor es mantenerse neutral.

El negativo también resulta antipático, porque emite mala energía todo el tiempo. También está el oportunista que busca ser la estrella del equipo y, por supuesto, el preferido del jefe. Según esta consultora, lo mejor para mantener una convivencia pacífica con estas personas es tratar de enfocarse en su lado más agradable y evitar, a toda costa, los enfrentamientos.

“No tiene sentido estar incómodo por algo que probablemente puedas resolver poniendo algo de tu parte”.

Según Castelnuovo hay personas que tienden a reproducir relación hostil o de indiferencia, porque no han mantenido buenas relaciones con los demás y prefieren mantenerse distantes con este tipo de actitudes.

 “Una cosa es ser tímido y evitar el contacto con otros y por eso resultar antipático y otra muy distinta son las personas odiosas, que son activamente perturbadoras y tóxicas. Con este tipo de gente lo mejor es saber defenderse, porque de lo contrario te aplastan. Por eso hay que conectarse con la gente correcta”. La especialista sostiene que lo mejor es evitar entablar relaciones con gente tóxica que todo el tiempo evalúa qué dijiste y cómo lo dijiste. En definitiva, son personas que potencian las debilidades del otro y lo exponen aunque compartan el mismo círculo social.

Para la psicóloga Mariana Castro, calificar a una persona de simpática o antipática es una cuestión de percepción, lo cual relativiza el concepto.

“Simpatizamos con quienes nos sentimos identificados, con lo que nos complementa, con lo que admiramos. Por lo general, nos provoca cierta resistencia lo que es diferente a nosotros”. Por ejemplo, si una persona es organizada y metódica simpatizará con personas similares, cita la experta.

Con regularidad, las antipatías aparecen, sobre todo, cuando hay diferentes culturas, valores y prejuicios.

Para la especialista la antipatía puede convertirse con mucha facilidad en un sentimiento de ida y vuelta, es decir, si alguien le cae antipático, seguro que usted también le puede caer mal a ese alguien. Un estudio desarrollado por la psicóloga Irene Scopelliti de la City University London, sostiene que, por lo general, se considera que el problema (el pensar que el otro es antipático) está en el receptor de esa proyección, pero la verdad es que “fallamos desde el mismo momento de exponernos ante nuestros semejantes”, lo que quizás evidencia una fallida toma de perspectiva emocional.

El asunto radica en que buena parte de nuestra autopresentación no es la adecuada. “De modo que las demás personas con frecuencia toman esa manera de autopromocionarnos como una actitud vanidosa. Es así que la modestia podría tener mejores resultados que una postura presuntuosa, para generar una buena impresión ante los demás”.

Según Irene Scopelliti, lo correcto sería ponerse en el lugar de los demás y anticiparse a cómo responderán ellos ante una situación determinada, en este caso, nuestro acercamiento empático.

“La principal dificultad es que damos por sentado que las demás personas comparten las emociones que nosotros tenemos comúnmente. Y de este modo, no valoramos correctamente la auténtica diferencia entre las emociones propias y las de quienes nos rodean”. Lo correcto sería ponerse en el lugar de los demás y anticiparse a cómo responderán ellos ante una situación determinada, en este caso, nuestro acercamiento empático.

La principal dificultad —revela el estudio— es que la mayoría de los seres humanos dan por sentado que las demás personas comparten las emociones que nosotros tenemos.

Por este motivo, no valoramos correctamente la auténtica diferencia entre las emociones propias y la de quienes nos rodean.

Scopelliti afirma que cuando comentamos a los otros acerca de logros que hemos conseguido y nos ufanamos de ello “pensamos que los demás también sentirán ese entusiasmo, lo cierto es que no lo captan así y nuestra autopresentación resulta fallida. Es cuando nos volvemos personas antipáticas o antipáticos. Scopelliti y su equipo de investigadores realizaron diversos experimentos y hallaron que las personas que se autopromueven exhibían una mayor tendencia a tener emociones positivas y eran más proclives a creer que los demás también sentían lo mismo, cuando en verdad no era así.

Eduardo Calixto, titular y jefe del Departamento de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, en México, señala que 8 segundos son suficientes para determinar si una persona nos cae bien o mal. Para el experto esto se debe a que en solo 300 milisegundos (medio segundo) la imagen del individuo queda grabada en nuestro lóbulo frontal, el cual durante 8 segundos analiza los rasgos que, de acuerdo con nuestra memoria, neuronas espejo y conocimiento determinan si es agradable o no lo es.

Este proceso se denomina neurología empática y está compuesto esencialmente por neuronas (especialmente las neuronas espejo) que se encargan de generar, expresar e interpretar las emociones propias y la de los demás.

Para Calixto hay otro factor que determina por qué nos cae bien una persona o no: la proteína Complejo Mayor de Histocompatibilidad, encargada, a través del sistema inmunológico, de interpretar la compatibilidad genética.

Las mujeres son las únicas que pueden distinguirla, por ello en ocasiones, tienden a rechazar a otras mujeres o varones, ya que esta proteína indica que no hay compatibilidad genética. Por otro lado, existen ciertos mecanismos que definen si una persona es simpática o no y uno de ellos es la risa, considerada la iniciación al proceso de empatía.

Esta se presenta después del tercer mes de vida y es el primer contacto para integrarnos a una sociedad.

También está el tono de voz; de hecho a muchas personas se las evalúa por la manera en que dicen las cosas y el énfasis de las palabras.

La interpretación de ellas nos permite establecer si estamos de acuerdo con una persona o va ser desagradable para nosotros, así de sencillo, recuérdelo.

No te soporto

Aunque nadie tiene el don de caerle bien a todo el mundo, es un hecho que existe un sentimiento que genera resistencia por otra persona sin que esta haya hecho nada para que esto ocurra.

Por lo general, las discusiones y peleas no superadas, actitudes ofensivas o simplemente lo que se conoce como ‘cuestión de piel’, conlleva a que el otro nos caiga mal.

La antipatía no es únicamente una cuestión humana, sino que también los animales son capaces de experimentarla con otros pares y con los humanos.

Como cualquier otro sentimiento, la antipatía se puede transmitir con la palabra, es decir, a partir de expresiones orales negativas. También a partir de gestos y expresiones, como una mirada hacia cualquier punto mientras se dialoga con alguien.

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