Martes, 05 Septiembre 2017 19:20 Política

Análisis

Consulta popular: se acorta la brecha entre el fantasma y la ‘realpolitik’

Redacción Política

Un viejo fantasma recorre por los corrillos de la política ecuatoriana, el fantasma de la consulta popular. Ciertamente, no es un duende extraño a la clase política local, ni le quita el sueño a los políticos de antaño. La novedad del momento radica en que la idea de la consulta viene bajo el brazo del Presidente de la República, al tiempo que anuncia y denuncia potenciales obstáculos en la marcha de la democracia criolla, por la acción directa de... ¡altos dirigentes del propio partido de Gobierno!

Esto que en cualquier país se vería como un contrasentido, en Ecuador se ha vuelto moneda corriente en los últimos 100 días. Por eso, en su reciente comparecencia radiotelevisada ante el país (sept. 4), Lenín Moreno decantó algunas de sus urgencias políticas que las condensó en una frase esperada por muchos y quizá temida por otros. “El pueblo es nuestro mandante y él deberá pronunciarse sobre los cambios que se deben introducir para garantizar una democracia plena, sin caudillismos y con entidades transparentes que garanticen el control de lo público”. Luego hundió más la pica cuando dijo que “todo se hará para afirmar los derechos de cada ciudadano, de los colectivos, de los pueblos y nacionalidades”.

El eco previo de este anuncio hizo lo suyo. Alrededor de 15 organizaciones sociales y políticas de distintas líneas ideológicas respaldan la consulta propuesta por el Jefe de Estado, y coinciden sobre dos puntos candentes: 1) eliminar la figura electoral de la reelección indefinida, y 2) sepultar el Consejo de Participación Ciudadana.

El primer tema es dinamita política pura. El segundo implicaría el derrumbe de toda la institucionalidad de control creada en la década pasada, ya que incluiría el cese de funciones de las autoridades nominadas por el Consejo, a saber: Contraloría del Estado, Fiscalía General, Consejo Nacional Electoral, superintendencias, Consejo de la Judicatura, etc.

Ante una empresa política de semejante envergadura, el Presidente está obligado a ajustar las tuercas en su frente interno. En cierto modo, el camino quedó expedito para él, luego de la renuncia voluntaria de tres cuadros de Alianza PAIS que fungían de asesores políticos del Jefe de Estado, a saber: Ricardo Patiño, Virgilio Hernández y Paola Pabón.

Como se ve, la dinámica política no da tregua y avanza a paso redoblado. Ni bien los citados dirigentes de AP decidieron transitar de la colaboración activa a la oposición militante, Moreno hizo también sus movimientos para remozar y reforzar su equipo político. El horizonte trazado por el Mandatario es bastante amplio y casi perentorio: trabajar a toda máquina sobre la idea de la consulta popular, en medio de una creciente conflictividad partidista que ocurre dentro de casa, pero frente a un país que ha depositado un importante capital político a favor del Presidente.

En este juego de ajedrez estratégico, en el que la línea crítica de AP sube el tono de su crítica y eleva las presiones dentro y fuera del Estado, nombres como Augusto Barrera, Miguel Carvajal, Richard Espinosa emergen como protagonistas del frente político. Ellos, más ‘leninistas’ que otros militantes de AP, integran el equipo asesor de la gestión política del Gobierno, junto con José Serrano (quien tiende puentes dentro de Alianza PAIS y en la Asamblea Nacional) y Eduardo Mangas.

La consulta está planteada como opción política. El escenario del poder se moverá más a medida que las distintas fuerzas se definan. El Presidente traza la línea. Los críticos cierran filas. La opinión pública discute. El país está expectante. (O)

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