Sábado, 26 Noviembre 2016 00:00 Regional Centro

La parroquia Punín es el sitio preferido de antropólogos y arqueólogos locales y del exterior

La quebrada Chalán, el lugar donde yacen las huellas de mastodontes

Una de las actividades que gusta a los turistas en situarse junto a las huellas de los animales extintos.
Una de las actividades que gusta a los turistas en situarse junto a las huellas de los animales extintos. Foto: Elizabeth Maggi / para El Telégrafo

Huesos de estos mamútidos, de caballos salvajes, de seres humanos y de otros se muestran en 2 museos cercanos que cuentan con el cuidado comunal.

Elizabeth Maggi

“Mientras la lava descendía a gran velocidad por las quebradas del volcán Tulabug, los dinosaurios y otros animales corrían para salvar sus vidas. Algunos lo consiguieron, otros fueron abrasados en cuestión de segundos, pero sus huellas quedaron impregnadas en el piso como una muestra de su existencia”.

Esta leyenda explica lo que ocurrió en los alrededores de la quebrada Chalán en la parroquia Punín en el cantón Riobamba. Los pobladores la cuentan emocionados como si la hubiesen vivido. Ellos se acercan y colocan sus pies sobre las pisadas que dejaron los gigantes.

Lo hacen para agradar a los turistas. Por eso les cuentan estas historias que a su vez les transmitieron  sus abuelos. Los afuereños las escuchan alegres mientras recorren las extensas praderas.

Los hechos históricos

El monte Tulabug es considerado  uno de los cerros históricos de esta provincia. En el libro Chimborazo y su gente es tomado en cuenta en los relatos de los primeros habitantes como un referente de límites naturales.

Tiene 3.500 metros de altura. Su forma cónica es visible nada más dejar la zona urbana riobambeña.  

Según estudios de científicos de Estados Unidos que llegaron atraídos por la gran riqueza arqueológica y paleontológica del lugar, hubo una erupción en ese sitio, pero no se pudo establecer la fecha.

Eso sí, este fenómeno mató a mastodontes o mamíferos de pelo grueso de 3,5 metros de altura y por lo menos 6 toneladas de peso. Varios de estos fósiles de fauna pleistocénica (de 8.000 a 10.000 años) fueron hallados después de un aluvión y llevados a museos.

Uno de estos sitios de exhibición se encuentra cerca del parque Central. En su interior hay 20 imágenes talladas en madera que datan de los siglos XVII, XVIII y XIX y se muestran en 4 salas del museo-religioso, custodiado por la comunidad y por miembros de la Iglesia católica.

“Todos nos turnamos para protegerlo, a veces se han presentado personas que quieren apoderarse de estos objetos. Ahora tenemos cámaras de seguridad y vigilancia”, dijo Diego Carrillo, habitante de Punín.

Otro museo está a pocos metros de la quebrada, en donde reposan varios huesos y artículos encontrados en los alrededores. Incluso restos humanos que datan de 8.000 años antes de Cristo.

Además de un sinfín de esqueletos y huesos de caballos salvajes, mastodontes y otros que se considera que residieron en la tierra antes del diluvio. Uno de los ejemplares más protegidos es el hueso de un mastodonte dentro de una urna de vidrio que fue encontrado en 1894.

“Es como revivir la historia, Punín es considerado un paraíso para los paleontólogos. Solo debemos imaginar para estar en ese tiempo, sin duda un experiencia muy bonita”, opinó Fabián Valla, miembro de la comunidad.

Causa emoción y miedo al observar pequeños huesos blancos que sobresalen entre toneladas de tierra. Algunos están muy incrustados. “Tal vez allí están más seguros y también son un atractivo”, argumentó Sonia Calero, oriunda del sector.

Situarse dentro de las enormes huellas es uno de los atractivos más codiciados por los visitantes de Chalán. Allí se hacen cientos de fotos y videos cada semana en este sitio sagrado para los indígenas. (I)

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