Sábado, 12 Noviembre 2016 00:00 Regional Sur

Las bandas de pueblo desafían el paso del tiempo y se convierten en íconos

El último concurso organizado por la Unión de Periodistas del Azuay y el Amistad Club congregó a 8 bandas de pueblo y cientos de ciudadanos que se congregaron en el parque de La Madre.
El último concurso organizado por la Unión de Periodistas del Azuay y el Amistad Club congregó a 8 bandas de pueblo y cientos de ciudadanos que se congregaron en el parque de La Madre. Fernando Machado/ El Telégrafo

La agrupación Centenaria del cantón Girón cumplió 111 años; durante ese tiempo ha ganado muchos reconocimiento, pero el más importante es permanencia, según sus integrantes.

Rodrigo Matute Torres

“Las bandas de pueblo nunca van a morir, siempre les vamos a apoyar”, así reaccionó el ciudadano Juan Lupercio mientras disfrutaba de un concurso realizado por las fiestas de Cuenca.

El ciudadano cree que estos grupos son parte de nuestras costumbres. “Solo ellos saben tocar nuestra música y hacernos bailar hasta el amanecer”, agregó. Lupercio recordó que hasta hace unos 30 años, estas agrupaciones eran muy cotizadas porque no había los llamados DJ que les han quitado espacio en las fiestas populares y hasta en las reuniones de las familias cuencanas.

Según Joaquín Pauta, integrante de la Banda Centenaria, de la provincia de Azuay, existen más o menos unos 2 mil músicos que integran orquestas, grupos juveniles o bandas de pueblo y que gracias a su propio esfuerzo han salido adelante, pero que carecen del apoyo institucional.

Esta agrupación es quizá la más antigua del país o al menos del sur ecuatoriano. En el año 2005, el grupo cumplió 100 años y desde entonces adoptó el nombre de Banda Centenaria. El bisabuelo de Joaquín Pauta, actual director de la agrupación, Nicanor, fue el fundador este grupo; luego le siguió Luis, padre de Joaquín, quien ahora dirige a los 22 músicos oriundos del cantón Girón, un sector donde la migración ha sido uno de los factores que casi hizo desaparecer al grupo.

Pauta cree que los llamados, “regresos del músico”, si existen. Pues a toda parte que van son llevados con todo el “cariño”, “luego que terminamos de tocar, nadie se acuerda de nosotros”, indica, en medio de una sonrisa. Tras una banda de músicos hay una infinidad de historias, anécdotas y costumbres.

Ahora la alineación no solo está conformada por hombres —algunos ya mayores—, sino también por niños, que a temprana edad ya forma parte de estos grupos.

Patricio Bustos lleva 45 años como músico, 10 de ellos los ha dedicado a la banda de pueblo Ramón Pesántez y los auténticos de la parroquia de Baños, en Cuenca. Él cree que es importante rescatar a las bandas de pueblo porque de esta manera se rescata a las canciones y los ritmos ecuatorianos como el sanjuanito, el pasacalle y el albazo, los cuales, por la presencia de grupos extranjeros, se van perdiendo, poco a poco.

Su padre, Luis Antonio Bustos, comenzó tocando en la banda del Padre Carlos Crespi en Cuenca, desde allí nace la herencia para su hijo Patricio que no es un músico improvisado, ya que, a parte de la banda trabaja actualmente con escuelas. Antes tocó en la orquesta de Pepe Luna, Sonolux, en los Dinámicos y en otras, las primeras que tuvo Cuenca y él cree que la música le ha dado mucha felicidad.

Es que las bandas de pueblo no pueden faltar en las fiestas parroquiales, tampoco en los eventos conmemorativos. “Estas ponen un ritmo diferente en cualquier ocasión, sin fijarse en la clase social”, dijo Francisco Quezada, un ciudadano que indica que al desaparecer las bandas, habrá también desaparecido parte de nuestra historia y tradiciones.

Pero, Ángel Cajilima, integrante de la denominada Gigantband de Paute, señala que estas bandas no morirán, ya que sus hijos y hasta nietos están tocando junto a él, “eso nos incentiva, porque ellos no quieren alejarse de la música”. Su nieto, Saúl Villa, ya toca 4 años junto a él, y cree que es lo mejor que le está pasando.

“Lo bueno es que la gente aún nos valora”, señala Ángel Cajilima, y agrega que es duro ser músico, ya que muchas veces tienen que tocar semanas enteras. “Salimos un lunes y regresamos el siguiente lunes”, señala, pero también agrega que nunca sus clientes les han quedado mal, en los pagos. (I)

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