Tomada de la edición impresa del 30 de noviembre del 2009

¿Nos representan?

Héctor Chiriboga
Licenciado en Sociología por la Universidad de Guayaquil (1990), Diplomado en Estudios Amerindios (1994). Docente en la carrera de Comunicación de la U. Católica.
hchiribogalban@yahoo.com


En su mal disimulado afán de defender no solo su negocio, sino la vigencia del régimen político desregulado, las corporaciones de comunicación se convirtieron en actores políticos, dada la precariedad de las fuerzas tradicionales. Este salto no debería sorprender puesto que en la sociedad cada quien debe defender lo que considera correcto. Ya se encargarán otros de hacerle notar lo contrario.

Lo que sorprende es la persistencia en la construcción de un argumento que identifica libertad de la empresa mediática para producir, fijar y hacer circular contenidos en las audiencias a través de dispositivos técnicos, con la libertad individual, la libertad de expresión y la comunicación.

Los medios manejan la representación de hechos, colectivos, individuos. Eligen qué mostrarnos y qué no. Deciden, selectivamente, qué dicen sobre quién. Deciden preguntar e investigar exhaustivamente a unos y no a otros. Y no cuestionan los dichos que algunas de sus fuentes habituales proporcionan: trascriben sus opiniones in extenso, dan el micrófono abierto. Hablan de la libertad de elección de los individuos, pero sus noticias que apuntan a la coyuntura contribuyen a la construcción de una realidad efímera en la que los sujetos sociales sólo pueden reconocer el inmediatismo de sus urgencias individuales y corporativas y no piensan en función de plazos medios y largos. Ejemplo: cierta prensa, al darles la palabra a algunos empresarios, sostiene que el desempleo es producto del Mandato 8, que eliminó la tercerización. En esta construcción se obvian visiones opuestas y complementarias en las que el desempleo tiene que ver con la crisis mundial, o con la decisión de los empresarios de mantener sus ganancias en base a la reducción de puestos y la sobrecarga de trabajo. Mucho menos se publicita la idea de que el Estado tiene el deber de ejercer una regulación en lo laboral. ¿Qué derechos y libertades defienden los medios? ¿Los del ciudadano trabajador a percibir una remuneración que le permita vivir dignamente, con prestaciones sociales que redunden en una sensación de bienestar o concretamente la libertad del empresario a imponer las condiciones de trabajo, bajo el eufemismo de las leyes del mercado?

Pero hay una confusión interesada mucho más grave y tiene que ver con la identificación de la comunicación con la labor de los medios. ¿Podrán terminar de desinformar a las audiencias?