Tilipulo tiene un lugar clave dentro de la historia y la cultura del país

- 14 de julio de 2019 - 00:00
El patio principal de la finca aún conserva el estilo arquitectónico andaluz, el cual se caracteriza por habitáculos hechos de piedra reforzada, de más de dos metros de alto y redondas pilastras.
Roberto Chávez / ET

En la hacienda que se remonta del siglo XIX y ubicada a 15 minutos de Latacunga, las tropas emancipadoras de la Sierra centro planearon las gestas libertarias. El lugar también encierra historias de la época republicana.

Pocos lugares en la zona Sierra centro guardan una importancia especial en el marco de la emancipación política, cultura e historia del Ecuador, como Tilipulo.

Esta añeja y tradicional hacienda se encuentra en el occidente de Latacunga, a 15 minutos del casco urbano, y a hora y media de Quito.

Allí, hace casi dos siglos se reunieron las huestes libertarias de la capital cotopaxense, para planificar las gestas independentistas que darían inicio a una nueva época para la zona central del país.

En el presente trabajo se recopilan los hechos más relevantes que allí se llevaron a cabo y la trascendencia que tuvieron, así como una descripción detallada del sitio y el uso que hoy en día se le da.

Antecedentes

El 11 de noviembre de 1820, en Tilipulo se reunieron los patriotas latacungueños para firmar el Acta de Independencia de la ciudad.

La leyenda cuenta que esta propiedad era el “escondite” de los seguidores incondicionales de Manuelita Sáenz y del libertador Simón Bolívar.

“La historia de la hacienda se remonta a 1680, cuando fue edificada por Marco Guerra como un monasterio”, relata el historiador ambateño Pedro Reino Garcés.

Posteriormente, en 1715, en manos del marqués de Miraflores, Antonio Flores y Vergara, se convirtió en un obraje en el que cientos de nativos indígenas trabajaron hasta volverlo uno de los más productivos del Ecuador.

Para dar sentido a esta última parte del comentario del cronista es menester decir que en dicho lugar se hilaba lana de llama para confeccionar ponchos, fajas y bayetas.

Más tarde pasó a la administración de don Manuel Larrea y Jijón, marqués de San José, quien acrecentó la extensión del predio. Además restauró los obrajes y otras construcciones que fueron afectadas por un incendio.

“Desde Tilipulo inició la exportación de textiles hacia naciones vecinas. A finales del siglo XIX, esta labor decayó, como casi todas las de la Sierra ecuatoriana, debido a que el mercado fue ocupado por textiles importados”, agrega Reino.
El segundo hecho relevante del predio, es que se convirtió en el cuartel estratégico donde se preparó el Primer Grito de la Independencia del 10 de agosto de 1809, en la capital.

Según la historia, entre la larga lista de propietarios que el lugar tuvo están Sancho Jacho Pullupaxi, cacique de Saquisilí y el conocido Sancho Jacho de Velasco.

Posteriormente, la Compañía de Jesús compraría la propiedad para construir el Monasterio de San Juan Bautista, donde los monjes rezaban a este santo que hasta hoy es el patrono mayor de la comunidad.

Un sitio para el descanso

Daniel Herrera, guardián y jardinero del lugar, manifiesta que las casi 80 hectáreas fueron adecuadas como un espacio multifuncional.

“En un inicio las dos alas que la componen estaban destinadas a ser obrajes. Por mucho tiempo fue usada con este fin y su producción se destacó por la calidad de textiles que allí se manufacturaban”, explica Herrera.

Poco tiempo después, agrega, se constituyó en lugar de esparcimiento para personajes importantes de los gobiernos de turno, ya que en el predio había caballos, veraniegos jardines y una explanada para realizar eventos culturales, religiosos, sociales y deportivos.

A inicios del siglo XIX y por orden de García Moreno, se plantó en el patio trasero un árbol de eucalipto aromático, que hasta la actualidad permanece en el lugar.

Este imponente especimen no es el único que adorna la finca. Cientos de rosas, claveles, margaritas, girasoles, entre otras plantas aromáticas y ornamentales, engalanan los pasillos, jardines, accesos y patios del enorme predio.
Hoy en día, la propiedad conserva su diseño original que data de hace 299 años. El cerramiento de la casa, que ocupa el 30% de toda la propiedad, es el mismo.

Pese al paso de los siglos aún se puede apreciar el diseño andaluz que conservan las habitaciones. Este estilo se caracteriza por habitáculos altos, de 2,40 metros de altura, paredes blanquecinas, adornos y figuras que evocan la cultura árabe, así como portones que dejan pasar la luz del sol por rendijas en su parte más alta.

“Esa era la tendencia en aquellos tiempos, traída desde Andalucía (España), región desde donde llegaron la mayoría de colonos de la Sierra centro. Allí, los varones y mujeres lucían los modelos de ropa también traídos de la madre Patria”, comenta Lourdes Mantilla, antropóloga de Latacunga.

Elementos destacados

En el jardín más grande de la hacienda hay seis variedades de orquídeas y rosas. El olor a flores frescas es tan intenso que atrae a los visitantes que transitan por el patio.

El añejo reloj solar de la hacienda sigue funcionando en el antepatio central. Todos los pasillos de la hacienda conservan las pilastras de diseño grecorromano.

“Estos son los elementos más admirados por los turistas, pues, pese a los años, condiciones climáticas y sismos, los pilares aún se mantienen en pie y con fuerza suficiente para soportar el peso de las losas, paredes, muros y habitaciones superiores”, acota el guardián del lugar.

Al avanzar un poco más, se observa el monasterio de San Juan Bautista que guarda arte religioso. Las piezas están en dos galerías. Allí se acercan devotos de este santo y le hacen sus peticiones. El pozo de la hacienda es el atractivo más visitado; el lugar aún se llena con agua lluvia que proviene de los árboles. (I)


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