El ritual de la ayahuasca aporta a la sanación del cuerpo y el espíritu

- 05 de abril de 2018 - 00:00
Renovar y volver a nacer son los objetivos buscan estas manifestaciones ancestrales.
Fotos: Miguel Arévalo / El Tiempo

La época de equinoccio en la que hay una alineación cósmica es ideal para usar esta planta de poder y conectarse con los dioses y deidades de los pueblos ancestrales. La especie es considerada alucinógena.

A las 21:00 se inició el ritual que estuvo dirigido por el taita cañari Roberto Ochoa, conocido como taita Rocky, y el yachac shuar Hilario Chiriap. Ambos aportaron sus conocimientos milenarios, Sierra y Amazonía, respectivamente, para lograr que los 30 participantes desecharan enfermedades, malas energías y aclararan sus emociones para recomenzar.

La ceremonia ancestral estuvo dividida en cuatro momentos. En el inicio consistió en levantar los propósitos propios, las razones que les motivaron a estar en ese lugar. Una vez que evocaron sus más profundos deseos, en total silencio, sentados en el suelo iniciaron los cánticos que son enseñados de generación en generación.

Letras curativas llaman a la antigua energía de las plantas, las mismas que transportarán al mundo mítico y lleno de visiones, después de haber bebido la infusión de esta planta.

Esta planta ancestral aporta a la sanación del cuerpo. Además lo purifica.

La ayahuasca es una planta alucinógena, pero la usan de manera simbólica los chamanes, yachacs o taitas para poder conectarse con el mundo espiritual. Quienes lo hacen por primera vez, como fue el caso de varios participantes, deben estar en compañía de verdaderos expertos porque la mala preparación podría provocar consecuencias graves.

“Hay que advertir que se tenga cuidado con charlatanes, porque es un ritual de poder y muy delicado”, puntualiza taita Rocky.

Por su parte, Chiriap, en una entrevista anterior, explicó que la ayahuasca es una medicina que aporta a la sanación del cuerpo y el espíritu. A su vez, se utiliza en los procesos de sanación que hacen los curanderos.

Comenta que se eleva el espíritu a otros estados de conciencia, y se tienen visiones.

Durante ese proceso se van las malas energías, los daños, las envidias.

El segundo momento o tabaco es el del agua masculina. El agua cae del cielo y se comprende la relación con los espíritus o deidades como el padre lluvia o la madre agua. Se torna una medicina sagrada que actúa en el espíritu, purifica y sana. Se evoca toda la sabiduría de este elemento. El tercer tabaco está dedicado a levantar la magia, el poder y fortalecer el fuego sagrado que habita en cada uno. Caminar por otras dimensiones, manejar la energía, la relación y la visión para esa relación.

“Para este punto se logra la consciencia de luz en la que se trasciende a un mejor porvenir, mejor relación consigo mismo y con los demás”, explica el taita Rocky.

Para finalizar, hay que encender el cuarto tabaco, que es femenino, la mujer bendice a los vientres, a las relaciones con la feminidad y se agradece por los frutos de la Madre Tierra.

A las 7:00 del día siguiente concluye el ritual milenario que aún está vigente. Durante esta fiesta de sanación también se hace el ritual del temazcal, que se trata de calentar piedras volcánicas, se las mete en un hoyo hecho en la tierra con la intención de regresar al origen, al vientre de la Pachamama y así renacer.

Expertos en estos rituales son personas que han dedicado su vida a conocer cómo funcionan en el organismo. El 7 de abril se hará el ritual de temazcal en el mismo lugar en donde se hizo la ceremonia de la ayahuasca. En la calle cantón Gualaceo 2-70 y Paute, por el arco del Yanuncay, Av. Loja. 

La investigadora Marcela Antonachi publicó entre sus trabajos que los efectos de la ayahuasca aparecen  40 minutos después de la ingesta.

Tiene el poder de purgar y produce vómitos violentos, que son más fuertes y constantes si la persona no ha seguido un régimen dietético previo a la ingesta de esta bebida. Al pasar los efectos físicos empiezan los místicos, explica Antonachi; el sabor es un poco dulce y desagradable, además de un poco amargo y aceitoso.

Estefanía Quito participó hace dos años en un ritual con ayahuasca. Lo recuerda como una de las experiencias más mágicas de su vida.

Con la ingesta no solo limpió su cuerpo sino que pudo sentir una conexión profunda con sus emociones. La bebida se apoderó de ella, no podía caminar y se puso muy sensible. “Lo he hecho en dos ocasiones y sé que ella está en mí cuando escucho un zumbido”, relata.

Recuerda que veía personas y cuando se acercaba para tocarlas no había nada, eran como  ángeles de la guarda y ella una reina que estaba protegida.

“Vi una silueta, yo pensaba algo y ella me respondía, pero me dio miedo. En ese momento entendí que si siento miedo esa energía se va”. (F)  

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