Tres de los sobrevivientes superan el trauma del 16A

- 20 de abril de 2018 - 00:00
Las mantenses Yadira Reyes (i) y Jahaira Bazurto se conocieron esta semana y hablaron del 16-A. Las dos cuentan sus historias posterremoto.
Fotos: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

El portovejense Pablo Córdova y las mantenses Jahaira Bazurto y Yadira Reyes son tres personas que se salvaron de morir en el terremoto; quedaron atrapados por escombros pero la fe los salvó.

La neurociencia ha descubierto en unos estudios que hay una parte del cerebro en la que necesita desarrollar su fe, que está considerada una de las necesidades básicas del ser humano. Así refiere la psicóloga manabita Mariana Bermúdez.

En casos dramáticos -como el ocurrido en el terremoto del 16 de abril de 2016- donde hay un acercamiento ante la muerte a las personas las termina salvando la fe.

En casos como del portovejense Pablo Córdova (rescatado de los escombros del hotel El Gato y la mantense Yadira Reyes (salvada en el edificio Felipe Navarrete) “las posibilidades que tenían eran nulas, pero entró en accionar la fe que es la certeza de lo que no se ve, pero sí la convicción de lo que se espera”.

“Eso le ayuda a aferrarse a la vida y es lo que los terminó salvando”, asegura la psicóloga que lanzó el libro Los terremotos del alma.

Como Pablo y Yadira también está llena de confianza y de Dios la mantense Jahaira Bazurto. Ellos narran cómo han superado el 16-A. (I)

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Jahaira Bazurto prefiere estudiar

Jahaira Bazurto, sobrevivienteEn el interior de la habitación de su casa, ubicada en el barrio La Paz (noreste de Manta) Jahaira Bazurto, una joven sobreviviente del terremoto del 16 de abril de 2016 acomoda la prótesis de su pierna derecha. Ella perdió la mitad de su extremidad inferior cuando fue rescatada de entre los escombros, ocho horas después del sismo. Jahaira, de tez blanca, da gracias a Dios por estar aún entre los vivos.

Quien no tuvo mejor suerte fue su novio, Yenrry Puentes, él falleció la misma noche. La joven cuenta que ese día perdió una parte de su pierna derecha y al mes se enteró de que el amor de su vida había fallecido.

El 16-A no fue la primera vez que se salvaba de morir. Dos anteriores ocasiones estuvo al filo de la muerte. La primera fue cuando estaba en el vientre de su madre, Silvia Sánchez (de 7 meses). Su progenitora sufrió un accidente mientras viajaba en un vehículo, dos árboles retuvieron el carro y evitaron que cayera a un abismo. Evitó comentar la segunda ocasión.

Después del sismo se sentía sola. Vivía en Quito donde residió un año mientras se recuperaba de su herida. Dejó de estudiar a causa del terror que vivió el 16-A. “No me sentía bien ni con mis amigos. No quería ver a nadie”. Reingresó a estudiar (cuarto semestre de Enfermería en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí). “Tengo nuevos amigos, eso me hace sentir mejor”.

Poco a poco fue mejorando. “Lo que me pasó me impulsó a ayudar a las personas, con discapacidad y las que necesiten”. Jahaira sigue estudiando, quiere ser licenciada. Ahora se siente mejor. “Casi no recuerdo mucho el 16-A, Dios es quien me ha ayudado bastante; tengo tanta fe, aunque se han presentado obstáculos, sigo adelante”.

Ella está contenta, resalta el apoyo que han dado sus padres. “Se esfuerzan por complacerme en lo que pueden. Trato de no hacerles gastar dinero. Me conformo con lo que tengo”. Al segundo año del terremoto, recuerda a su enamorado y su abuelo que también falleció el 16-A en el edificio que habitaban en el barrio La Paz de Tarqui.

“Yo sé que están en manos de Dios, ellos están bien”. La joven no quiere enamorarse. Prefiere los estudios, convertirse en profesional y trabajar para ayudar a sus padres. “No pienso casarme, no quiero tener hijos, no quiero que sufran. Mis hijos son mis sobrinos. Este es el plan que tengo ahora”.

La mujer sabe que a pesar de todo lo que le pasó ha sido muy valiente, fuerte y sobre todo afortunada de estar viva. “Pese a la circunstancia que se nos presente hay que aceptar lo que Dios manda, no deprimirse, tener mucha fe, no renegar; si Dios nos quita es por algo. Hay que seguir adelante”.

Jahaira, nacida un 25 de diciembre, usa prótesis desde poco después del terremoto. Le gusta escuchar la música del artista urbano Beret por su contenido. Por el momento redacta su historia que piensa convertirla en un libro. (I)

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Yadira lloró al enterarse del sismo que hubo en México

Yadira Reyes, sobreviviente del 16-ADesde la parte más alta de Manta, en el sector Ceibo Renacer, donde el viento sopla fuerte en la tarde y noche, Yadira Reyes contempla su nueva casa. Es una villa entregada por el Gobierno Nacional. Le parece un sueño, valió la pena esperar.

Yadira fue la última persona rescatada con vida entre los escombros del edificio Felipe Navarrete, de Tarqui en Manta. El día del terremoto, esa edificación se derrumbó y dejó 93 personas fallecidas y aproximadamente 33 sobrevivientes. Ella trabajó en una librería. Después del sismo quedó atrapada 57 horas entre los escombros hasta que fue rescatada. La fatídica noche estuvo junto a Katty Rezabala y Limber Pincay, rescatados minutos antes.

Yadira asegura que está viva solo porque se encomendó a Dios. Afirma que la esperanza es lo último que se pierde. Actualmente ayuda a su hija de 8 años en las tareas escolares; “eso es lo que hago por el momento”. Detalla que su vida mejoró el día en que recibió la casa de parte del presidente Lenín Moreno, estaba junto a su pareja, Joel Menéndez, y su pequeña hija.

Yadira no esconde sus sentimientos, afirma que no pudo superar ese episodio de oscuridad del 16-A. “Cuando hay cortes de energía eléctrica y todo queda oscuro me hace recordar cuando estaba atrapada en el Felipe Navarrete, no veo ni películas de terror porque el escuchar gritos y sonidos tétricos es como si me regreso a la noche del terremoto”.

Piensa que para muchas personas que vivieron cosas duras es como un recuerdo inolvidable y “es algo que nos marca para toda la vida”. Cuenta que el año pasado cuando fue el terremoto en México (el 19 de septiembre) iba llegando a la casa de un familiar y vio la noticia. “Me puse mal y lloré; yo sabía que así como estuve atrapada, con hambre, con sed así estaría allá mucha gente viva, esperando ser rescatada”.

Su familia siempre trata de que despeje la mente de esas cosas, “que si hay un temblor que lo tome de otra manera. Evito estar en edificios”.

Pese al episodio vivido se aferra a Dios. Tiene una imagen de la Virgen de Guadalupe que ubicará en los exteriores de su vivienda y espera que un sacerdote la bendiga. Hay promesas que aún le faltan por cumplir, entre ellas ejecutar la ayuda social. “No necesitas estar en una entidad pública para ayudar, hay cosas que uno puede hacer por otras personas que están en peores condiciones; ayudar es satisfactorio”.

El año pasado cumplió con apoyar, pero en este 2018 no ha localizado a alguien con necesidades. Le gusta el ambiente donde habita ahora; “es tranquilo, los vecinos son buenos”. La relación con su esposo es muy buena. “Él nos  ayuda en la casa, es el sustento hasta que pueda en algún momento salir adelante”.

Por ahora su pequeña hija es la compañía para esta sobreviviente del sismo del 16-A. (I)

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