El banquero Francisco Urbina Jado y algunos datos de su influencia

- 14 de septiembre de 2014 - 00:00

En Píllaro me doy una vuelta por el redondel del parque Central.

Allí está,  mirando al sur, un ex-Presidente de Ecuador, metido en un monumento es el General José María Mariano Segundo Urbina Sáenz de Viteri.

Nació en las haciendas locales el 19 de marzo de 1808 y  vivió hasta el 4 de septiembre de 1891, tras una vida metida en el huracán de la creación de la República del Ecuador llena de balaceras, sotanas y ambiciones.

Su mayor mérito fue terminar con la esclavitud de los negros, por cuya razón no fue bien visto por los aristócratas que no entendían que era mejor tener negros en un corral republicano que atados a la picota de las haciendas coloniales.

Además,  acabó con los llamados ‘protectores de indios’. Los “naturales”, sumidos en el analfabetismo y el concertaje, nunca podían decidir nada de forma legal, sino por intermedio de estos ‘blancos’ que eran dueños de sus vidas.

Nuestros burócratas son los nuevos ‘protectores de naturales’ y los politiqueros  los ‘protectores’ de la democracia. Doy otra vuelta por el parque y pienso en la opulencia que llegó a tener uno de sus hijos, el superbanquero Francisco Urbina Jado, (Gerente del Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil) llamado el ‘Maldito de la Época’.

Fue procreado con la guayaquileña Teresa Josefa Jado, su sobrina, hija de su media hermana Josefa Urbina Llaguno. “Pancho Urbina Jado fue el superbanquero de esa etapa histórica, durante la jornada liberal postalfarista. Pero no solo su Banco Comercial y Agrícola gozaba del privilegio de emitir moneda.

Todos lo hacían, aunque los otros en menor proporción. La historia y la anécdota cuentan que Urbina Jado —hijo de un Presidente— no solo imprimió billetes, sino que fue el financista de los gobiernos de turno y algo más. 

“Puso presidentes y fue el mandamás del país, hasta convertirse en el ‘Maldito de la Época’. Cuando estalló la Revolución Juliana fue él quien pagó los platos rotos. Terminó preso, multado, fustigado y muerto por un infarto en el exilio (en Chile).” Esto lo dice Jorge Ribadeneira en Bancos y Banqueros, publicado por El Comercio, 2012.

Otro autor, Fernando Falconí Calles cuenta que en 1894 se creó el Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil, con facultad emisora. Al poco tiempo, se convirtió en la base económica de la exportación, de la industria y del comercio del puerto principal.

El banco también prestaba dinero a los gobiernos, los mismos que eran designados por sus dueños. Además —para completar el esquema— las listas de los diputados que ‘triunfaban’ eran elaboradas en sus oficinas.

Los déficits presupuestarios anuales de los distintos gobiernos eran fácilmente solucionados por el banco: ponía en funcionamiento las máquinas que imprimían billetes.

A medida que la deuda del Estado se incrementaba, también crecía la circulación de billetes sin respaldo legal; situación que producía la devaluación de la moneda.
Se consolidó así en Ecuador el manejo oligárquico que convirtió al Estado en simple instrumento de los negocios de las élites.

Para 1925, la deuda del Estado ecuatoriano al Banco Comercial y Agrícola era de 21’000.000 de sucres más 11’000.000 de intereses.

Mientras tanto, el circulante ilegal había subido a 18’037.100 sucres”. ¿Para qué un Banco Central en Ecuador? Pensaban los cónsules estadounidenses, ¿si ya tienen al Banco y un banquero que maneja al país? No en vano los periódicos nacionales lo citan como modelo de la oligarquía y del personalismo. [Diario Hoy (cerrado)].

Rodolfo Pérez Pimentel relata: “Su Banco era emisor, ponía en circulación sus propios billetes que imprimía en Londres y llegaban a Guayaquil en cajones.

Un secretario los abría, sacaba los fajos nuevecitos y se los presentaba a don Pancho en forma de abanico para que los firmara con su canutero y entraran a circulación.

El país vivía con la confianza puesta en el banquero Urbina, a quien nadie se atrevía a tomarle cuentas porque eso hubiera ocasionado un pánico de incalculables magnitudes. Los gobiernos le pedían dinero prestado y por supuesto, si pagaban, lo hacían tarde, mal o nunca.

El general Leonidas Plaza logró apresar a Carlos Concha merced a la traición de sus cercanos y que se vendieron a los billetes de Urbina y así por el estilo”.

El general José María Mariano Segundo Urbina Sáenz de Viteri tenía muchos nombres para inmortalizarse en esta patria.
Su hijo banquero resultó un beneficiario del poder. Debió haberse sorprendido por la información familiar, empaparse de cosas que saben y hacen tan solo las familias que dirigen un Estado.

Ser un hijo atento de quien llega a ser presidente, es una suerte,  porque en su base hay una masa social heredera de centurias de atavismos de sumisión. El general abolicionista fue Edecán de Juan José Flores ¿Qué cúmulo de ideas entrarían en contradicción en su imaginario?

Una cumbre política implica un sentimiento de gloria que puede dar mucha vanidad. Algunos devuelven su ‘triunfo’ con algunas migajas de sensibilidad social.

Desde abajo siempre los veremos como a quienes aprenden el gusto por el manejo de las llaves de las arcas fiscales. ¡Cuántas cosas están en sus manos!  Hay excepciones que hablan de la pobreza de exgobernantes. Pero no hay excepciones en agnados y cognados que hasta han hecho noticia de haber juntado el primer millón en sus cuentas.

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