Camposantos de Manta con gran actividad comercial

- 03 de noviembre de 2018 - 00:00
Los lagarteros (cantantes ambulantes) llegaron al cementerio central de Manta a ofrecer serenatas para los difuntos, cuatro canciones por $10
Foto: Patricio Ramos / El Telégrafo

Los exteriores de los cinco cementerios de Manta se convirtieron en sitios para negocios improvisados al filo de las veredas y las calles. Sucedió desde el 31 de octubre.

Roberto Cedeño Vélez, vive en la zona de Los Esteros y acudió desde las 09:00 al cementerio general, ubicado a dos kilómetros, cerca de la playa El Murciélago, al sureste de la urbe mantense.

El ciudadano arribó junto con dos hijos y un nieto. Llegaron a visitar a uno de sus familiares que falleció debido a causas violentas, hace tres años.

Los cuatro hombres se dividieron tareas: uno limpiaba la lápida, otro pulía una pieza de mármol, mientras el resto, con un poco de agua, regaba las flores que habían comprado al ingreso del camposanto.

Los ramos de flores estaban al alcance de todos los bolsillos. Desde tres dólares hasta los $10. Manuel Alcívar, un adulto mayor, prefirió las flores plásticas a las naturales. “Me duran un poco más, las dejo bajo sombra para que el sol no las dañe y las puedo cambiar hasta después de tres meses”, comentó.

Los pasabocas manabitas, como empanadas de verde, corviches, cebiches, sánduches de chancho y jugos no podían faltar. También se ofrecía mangos y ovos curtidos. “Todo se vende, gracias a Dios la gente sigue fiel a la costumbre de visitar a sus difuntos, pero también comen lo nuestro”, dijo Roque Rodríguez, un vendedor informal de los curtidos artesanales.

Mientras en los exteriores del cementerio central, las flores y los alimentos rápidos atrapaban a los visitantes del camposanto en el interior también se movía la economía.

La falta de una conexión de agua potable, crea en esta época un negocio sinigual. El líquido se oferta en galones de cuatro litros por $0,25. Las personas compraban agua para limpiar y hasta regar las plantas de aquellos nichos y bóvedas donde hay jardineras.

Los lagarteros (cantantes ambulantes) también aprovecharon para ganarse algunos dólares. Los integrantes del Trío Manabí llegaron desde las 10:00. Jacinto Joza, el guitarrista del grupo musical, dijo que las tarifas este año fueron razonables. “Por cuatro canciones $10, los que quieren un poco más pagan entre $20 y $50”, dijo.

En el cementerio de Tarqui, los familiares de los difuntos se quejaron  por la falta de espacio e iluminación por las noches. La gente empezó a llegar desde el 1 de noviembre por la noche. Uno de ellos fue Jorge Toala quien señaló que hace falta espacio. “Por hacer más bóvedas reducen la zona peatonal, eso tiene que parar”, señaló.

Hugo Roberto Pico, en cambio, dijo que hasta la estrechez se puede soportar, no la oscuridad. “Muchos venimos las noches para evitar el sol del día y nos encontramos con estas sorpresas que aún están después del sismo, luego de dos años siguen y no han sido reparadas”. (I)

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