El Dorado, un barrio quiteño de leyenda

01 de marzo de 2015 - 00:00
El barrio se asienta en el costado norte de la loma Itchimbía. Surgió de manera paralela en lo geográfico y en lo temporal a La Vicentina y La Floresta, 2 de sus vecinos cercanos. Foto: John Guevara/ El Telégrafo

El Dorado es el barrio vecino de La Tola y La Vicentina, ubicado en la salida nororiental del Centro.
Al igual que La Vicentina, antes de transformarse en espacio urbano era sitio de pastoreo y producción agrícola; pocas casas rodeaban las grandes extensiones de terreno.

Las haciendas Piedrahíta, Girón, Verde Cruz, El Bosque, entre otras, fueron los espacios verdes que luego se lotizaron para dar cabida a los nacientes barrios del inicio del centro-norte de la capital, a inicios del siglo XX; entre ellos, El Dorado.

En aquella época nacía la idea de un Quito moderno, pues el hacinamiento y espacio en el Centro Histórico hizo que varias familias decidieran mudarse a sectores aledaños al parque de La Alameda, a El Ejido y a La Mariscal.

De manera paralela, se pusieron en auge el neoclasicismo característico del urbanismo español, francés y estadounidense, por lo que las viviendas de las personas adineradas que emigraron del centro en aquellos días fueron hermosos palacetes con amplios jardines.

“Desde el Municipio —que en gran medida obedecía a la clase pudiente de la ciudad—, a comienzos del siglo XX se impulsó el proceso de crecimiento urbano, que respondía —claramente— a los intereses de la burguesía quiteña la que, en adopción de patrones modernos de sentamiento urbano a partir de una segregación residencial”, menciona la historiadora Amparo Ponce, en su libro La Mariscal, historia de un barrio moderno en Quito, en el siglo XX.

Pero el desarrollo urbano también fue parte de los sectores populares de la ciudad; de ahí, la creación de barrios como La Villaflora, La Madgalena, La Tola, Chimbacalle y El Dorado, entre otros.

“La expansión de la ciudad siguió la dirección de las colinas y de las grandes propiedades. Estas empezaron a ser parceladas y urbanizadas por iniciativa de los dueños de los terrenos o por la acción del Estado a través de las Cajas de Previsión Social. Nacieron de esta época los barrios de El Dorado y La Floresta, en los que se acentuaron clases populares por el acceso al valor del suelo”, indica el libro La Vicentina y El Dorado, memoria histórica y cultural.

Un barrio ilegal en el inicio

Allá por 1933 llegan las primeras familias a este sector, pero su parcelación se hizo sin ninguna regla técnica ni apego a normativas.

Luego de varios años, el Municipio acoge la solicitud de los moradores del barrio para que este tenga la categoría de urbanización. Los moradores del sector tuvieron que acogerse al plano urbanizador del Cabildo y con el tiempo, por su puesto, costearon las obras como apertura de calles, agua, alumbrado, alcantarillado, etc.

Por esos años, el gobierno inauguró el hospital Eugenio Espejo en terrenos que desde 1889 pertenecieron a las familias Criollo, Andrade, Piedra, Malo, Romoleroux; a esta última le pertenecía más de 40 mil metros cuadrados de El Dorado.

¿Por qué El Dorado? No hay memoria precisa de la causa de la elección del nombre, pero sí de que se relaciona con la expedición de Francisco de Orellana, quien descubrió el río Amazonas en su búsqueda de la mítica ciudad donde el soberano se bañaba en oro, ciudad inventada por los indígenas para avivar la ambición de los conquistadores.

A partir de 1947, El Dorado fue parte de la parroquia La Floresta, aunque eclesiásticamente pertenecía a San Blas. Poco a poco el sector se fue poblando de casas, aunque, para la época, carecía de los servicios básicos. Calles como la Yaguachi, Solano y Teodoro Wolf ya existían y eran los accesos principales.

“Calles como la Iquique con el tiempo paso de ser de tierra a empedrada, pero las otras calles eran solo chaquiñanes. Todo era un lodazal en invierno, teníamos que a los niños amarcarlos para que no se ensucien. Las mingas sacaron adelante al barrio”, comentó Luz Medina (75) moradora del sector.

La mayoría de mejoras del barrio, sobre todo en lo que se refiere a servicios públicos, se realizaron en época de Jacinto Jijón Caamaño, primer alcalde de la ciudad.

Con el paso de los años, el sector se convirtió en uno de los barrios principales de la ciudad, pues en sus alrededores empezaron a construirse edificios importantes que eran parte de la concepción moderna de la urbe. Por ejemplo, el citado hospital Eugenio Espejo, la Maternidad Isidro Ayora, La Casa de la Cultura, El Instituto Geográfico Militar, la Facultad de Medicina, entre otras.

Pero hay un lugar que es especial para los vecinos de El Dorado y es el parque El Arbolito, que en 1959 llevaba por nombre Parque de Mayo y que se convirtió en el primer estadio de la ciudad.

“El estadio fue conocido popularmente como El Arbolito, pues cuentan los antiguos moradores que el famoso Chulla Pérez tenía una de sus picanterías en toda la esquina del estadio, hacia la 12 de Octubre, y que junto a ella existían pequeños árboles, en los cuales, los niños se trepaban para ver el fútbol”, menciona el texto de memorias de El Dorado.

Jaime Andrade (80), quien vive en la zona desde que tenía 17 años, comentó que llegó al barrio por causa del amor, que ahí se casó y tuvo a sus 4 hijos. Andrade contó que decidió vivir en el sector porque el lugar era tranquilo y aún guardaba un encanto rural.

En su juventud, Jaime fue alpinista y dijo que logró escalar todos los volcanes del país. Recuerda que su preferido era el Pichincha por la cercanía a Quito. “Salía a las 06:00 de mi casa, llegaba hasta el cráter a las 12:00. Yo bajaba rápido, pues alcanzaba a la matiné del Cápitol o a los partidos de fútbol que se realizaban en parque de El Arbolito”, comentó.

Misael Franco (55), otro morador, recordó que era habitual que los vecinos fueran al edificio Gota Leche, que estaba ubicado en en la actual avenida Gran Colombia, a tomar leche (en polvo) para el desayuno.

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