Municipio de Quito controla las ventas informales de 2.000 comerciantes

- 08 de febrero de 2018 - 00:00
Los agentes retiran un puesto de venta de jugos de naranja instalado por un ciudadano venezolano en el cruce de las calles Vargas y Caldas.
Foto: John Guevara / El Telégrafo

El número de agentes metropolitanos (expolicías) pasó en el área colonial de 150 a 400 desde esta semana. Su actividad también incluye que vigilen que no se pinten grafitis y que la zona no sea usada como baño público.

Los agentes metropolitanos de control (ex policías metropolitanos) son uno de los bandos que libran una especie de batalla diaria en las calles de la capital ecuatoriana.

Desde el pasado lunes, los integrantes de este organismo municipal tienen la misión de redoblar el control del buen uso del espacio público, con atención especial en el centro de la ciudad.

Ellos sienten que su labor no es comprendida, especialmente cuando se trata de evitar la presencia en las calles de comerciantes no autorizados. El público, por lo general, se pone del lado de los vendedores y reprocha la acción de los guardias metropolitanos.

El martes, el conductor de un vehículo particular detuvo la marcha en media vía e increpó a los uniformados.

Los agentes intentaban retirar un coche de venta estacionado en la intersección de las calles Vargas y Ante, cerca del colegio Mejía.

Cuando uno de ellos le pidió que siguiera su camino, el tono de los reclamos creció hasta desafiar al agente a despojarse del uniforme y solucionar el pleito a golpes.

En vías donde la presencia de vendedores ambulantes es evidente (calle Portoviejo), basta la llegada del camión con los uniformados para que los gritos de “ladrones”, sinvergüenzas”, “déjenlos trabajar en paz” se dejen escuchar.

Uno de los agentes comenta con cierta amargura que, probablemente, sean los mismos que colocan mensajes en internet sobre que el Centro Histórico está lleno de informales y parece mercado.

En algunas rutas, el sistema de alerta es sofisticado y silbidos especiales se oyen apenas alguien divisa el vehículo de control. Eso ocurre en el extremo sur de la av. 6 de Diciembre (La Alameda).

La proliferación de videos en redes sociales los obliga a tomar precauciones. Prácticamente en cada parada que hacen aparecen celulares en las manos de la gente.   

Por ello, una pareja de agentes los sigue de cerca en una motocicleta y filma las acciones del grupo operativo. Se defienden así de acusaciones. Según los guardias, algunos vendedores riegan sus productos a su llegada y los culpan de ellos.

La otra cara de la moneda
Carmen Hualpa calcula que recorre unos 15 kilómetros diarios en búsqueda de clientes. Su zona de acción comprende las avenidas 10 de Agosto, Gran Colombia y Pichincha (por La Marín).

Vende pilas, pegamento ('La brujita'), limas, cortaúñas, fosforeras y otro tipo de cosas que transporta sobre un soporte de cartón.

La mujer asegura que “los metropolitanos son groseros y que no respetan a mujeres o a niños”. Ella defiende su derecho a laborar en las calles “porque la situación está difícil y no hay trabajo”.

Esta versión es cuestionada por Marcelo Cargua, responsable de operaciones del Cuerpo de Agentes Metropolitanos de Control. Él niega que los uniformados lleguen a agredir y asegura que la semana pasada socializaron sobre los operativos que han emprendido.

Sostiene que la ley impide el comercio no regularizado y otras actividades. Y que para controlarlas se incrementó el número de efectivos que operan en el centro de 150 a 400.

Con ello controlan la presencia de 2.000 vendedores ambulantes que se calcula trabajan en el centro de la capital, atraídos por alrededor de 250.000 personas que transitan a diario por ahí. (I)

Una comerciante de ropa muestra el permiso para vender en la calle Portoviejo. La vendedora, sin embargo, ocupaba un lugar no autorizado. Foto: John Guevara / El Telégrafo

Operativos
Cuidado del patrimonio
El 23 de enero se inició el control de la pintura de grafitis en el Centro Histórico. Los agentes recorren las áreas cercanas a las iglesias, plazas, vías y puntos estratégicos. Esta infracción se sanciona con el 50% de un salario básico unificado ($ 193).

8 mil vendedores irregulares tenía Quito hace dos años. Hoy serían unos 30 mil informales.

Control al comercio formal
Los operativos verificarán, también, que los negocios formalizados cumplan con las actividades para las que están autorizados.

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