Al menos 300 casas están en riesgo por su cercanía a quebradas

04 de mayo de 2012 - 00:00

“¿Por qué el Municipio no cierra la quebrada para que no haya más accidentes?”, es la pregunta que se hace Rosa Caguando, dueña de la vivienda situada cerca de la quebrada Río Grande -sur de la capital-, sector en donde murió un obrero el pasado martes.      

Para ella y Olga Taco, vecina, la solución es cerrar esa quebrada porque cuando llueve se eleva el nivel del agua y baja con más fuerza. Además cuentan que el cauce trae consigo basura y otros materiales que pueden tapar la salida del agua, ocasionando problemas a los moradores.   

Xavier Vidal, director ejecutivo del Programa de Saneamiento Ambiental, de la Empresa de Agua Potable y Saneamiento, explicó que no se cierra la quebrada porque no puede ni debe modificarse el cauce natural: “si se tapa, el agua no tendrá por dónde seguir, y ejercerá más presión, ocasionando más daño”, aseguró.

Además, aclaró que se realiza esta intervención cuando no existe otra alternativa. Contó, asimismo, que a lo largo de la quebrada Río Grande se construyen umbrales y muros laterales, esto para poder fijar el cauce del agua, y disminuir la erosión.

Las casas no deben ser construidas en los bordes de las quebradas; éstas tienen un margen de protección de entre diez y quince metros de distancia, según la explicación de Vidal. “La gente no piensa en que la fuerza del agua puede hacer que se desborde y cause más problemas”.      

Olga Taco cuenta que construyó su vivienda con una distancia de 20 metros para “evitar desgracias”. Además, edificó dos cuartos que sirven como local, a la orilla de la quebrada, pero “me aseguré de hacer un muro para que el agua choque ahí y mis cuartitos no se destruyan”, dijo. Agregó que el accidente del martes pasado fue una irresponsabilidad de los dueños de casa, que no contaban con un muro de contención: “cada uno debe cuidarse, y no esperar a que el Municipio le dé haciendo”.                       

Rosa Caguando explicó que desde que empezaron la obra ella pidió al ingeniero encargado que reforzara su muro y la respuesta que recibió fue que le ayudarían si ella pagaba el material. Caguando explica que su casa no está en riesgo, a pesar de estar a la orilla del desfiladero. Aseguró que el Municipio no ha hablado con ella sobre una reubicación, y que no saldría del lugar porque no ve peligro alguno.  

Vidal explicó  que se incluyó en el presupuesto del proyecto un rubro para la reubicación de familias. En el caso de los Carranza, dueños de la vivienda en donde sucedió el accidente, ellos serán reubicados, “se están realizando los trámites pertinentes”, dijo.

Existen otras 300 viviendas en riesgo. Esto se determinó mediante un estudio sobre los cauces principales en la capital, en el año 2011. “Los montos de la inversión son altos y se trabaja paulatinamente”, aseveró Vidal.   

Por el momento, la preocupación de los moradores de Santa Rita es que la obra se detuvo y que los trabajadores dejaron bolsas con tierra en la quebrada, que con las lluvias podrían tapar el afluente.

Ante esta situación Carlos Pontón, fiscalizador de la obra, explica que los sacos de tierra que están en el desfiladero son para encauzar el agua. “Lo que en verdad preocupa es el material que arroja la gente”, precisó. Y contó que  encontraron 80 llantas que tapaban las salidas del agua.

José Valarezo, director de Fiscalización de la entidad, aconsejó a la ciudadanía que no construya en los filos de las quebradas ni que bote basura porque esto dificulta el caucse de las mismas, ocasionando graves problemas y accidentes.

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