Una lucha que persiste y que acalla las voces discriminatorias

- 08 de marzo de 2019 - 00:00

Tránsito Amaguaña y Dolores Cacuango son sin duda dos referentes de la lucha de las mujeres indígenas por los derechos de su pueblo.

Amaguaña fue una feminista de mediados del siglo pasado, analfabeta, pobre y maltratada. Esas condiciones no fueron impedimento para que desde su reducto emprendiera su lucha, la cual se transformó en sindicalista desde 1944 con la presencia de la Federación Ecuatoriana de Indios.

Cacuango también peleó por los derechos de los indígenas y de los campesinos. De ahí que una de sus frases más recordadas sea: “Somos como la paja de páramo que se arranca y vuelve a crecer... y de paja de páramo sembraremos el mundo”.

Esta lucha que con el tiempo parece diluirse, hoy está más viva que nunca y se refleja en que existan mujeres indígenas que han escalado altos peldaños en los ámbitos culturales, educativos, políticos, sociales…

Por algo Cacuango, con el apoyo de la quiteña Luisa Gómez de la Torre (también activista), fundó la primera escuela bilingüe kichwa-español, para los indígenas, en 1946.

La mujer indígena de hoy está más preparada académicamente; lucha por un objetivo, aunque siguen quedando rezagos de discriminación como el hecho de ser llamadas “indias” en tono peyorativo y discriminatorio.

Son parte de la interculturalidad, proveen de alimento al resto del país cultivando la tierra; visten a su pueblo y ellas mismas confeccionan su ropa. Son parte esencial de la sociedad desde sus distintos frentes de trabajo.

Amaguaña fue ganadora del Premio Manuela Espejo de Quito en 1997 y del Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en 2003.

Y la foto de Cacuango está colgada en la Presidencia de la República con la leyenda: “Desde mi juventud dediqué mi tiempo en organizar a los indígenas, a mi familia, para que luchen unidos y consigan mejoras en los salarios, en el trato. Que no perjudiquen las horas de trabajo”.

En el día a día vemos que la semilla que sembraron Tránsito Amaguaña y Dolores Cacuango ha germinado en tierra fértil y tenemos, por ejemplo, por citar un caso, el de la exasambleísta Diana Atamaint, una mujer shuar (indígena amazónica), educadora, que llegó a la presidencia del Consejo Nacional Electoral.

Y otras que estuvieron en la Asamblea Nacional, como Lourdes Tibán y Rosa Elvira Muñoz, desde donde siguieron peleando por los derechos de los suyos. Con el paso del tiempo se seguirán replicando las Tránsito, Dolores, Luisa, mujeres que son parte esencial y transformadoras de la sociedad. (O)  

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