Punto de vista

Un jugador diferente

- 14 de junio de 2016 - 00:00

@ClaudionCampos

Se uniforman diferente a sus compañeros y tienen obligaciones con otra connotación. De ellos depende más de una vez que los proyectos futbolísticos e institucionales se sostengan, detalle para nada menor en un juego que persigue siempre vulnerar el lugar que estos gladiadores defienden como propio, este es el arco o portería. Si revisamos la historia de este puesto tan emblemático y particular podemos observar que los primeros valientes desde su vestimenta, donde usaban rodilleras y coderas daban señales e indicativos de lo sacrificado e ingrato que es ser un jugador de fútbol en esa posición. Con el paso del tiempo la importancia del puesto fue adquiriendo notoriedad destacando siempre que estos deportistas deben poseer cualidades muy particulares pasando por aspectos físicos y técnicos pero también de un carácter especial y muy marcado. Los actuales entrenadores diseñan sus planteles y estrategias basadas en equipos integrales donde es un requisito obligatorio que el hombre que defiende el arco sea un jugador más de cancha cuando la pelota está en su poder. Navarro Montoya, para poner un ejemplo, fue uno de los pioneros en aportar con su extraordinaria pegada, ya que sus saques de arco eran un pase gol o generaban habitualmente contragolpes letales para su equipo, virtud que fueron puliendo las nuevas generaciones tomando estos grandes ejemplos, hasta ver en la actualidad el gran manejo de balón que tiene la mayoría de porteros a nivel mundial. Conviven normalmente con sensaciones diferentes al futbolista de campo porque su concentración exige ser absoluta y sus intervenciones certeras, porque a diferencia de sus compañeros no tienen derecho al error ya que si esto sucede puede ser garrafal. Las semanas de trabajos denotan la preparación especial y la necesidad de siempre absorber nuevos criterios para achicar el margen de error y estar invadidos de todos los conceptos ya sean teóricos como prácticos para ejecutar en milésimas de segundo tratando de evitar ser quebrantados. Los actuales entrenadores de arqueros logran con su labor elevar las capacidades naturales de los goleros porque no solo vuelcan sus trabajos en pelotearlos si no ir más allá y  corregir, en algunos casos sumando tecnología, los diferentes lineamientos que deben perseguir cuando les toca intervenir. Caminar en el área chica de manera adecuada y adueñarse de ese mandamiento es uno de los objetivos más importantes que todo guardameta debe ostentar para seguir creciendo en un sector que solo transitan elegidos. Sabiendo esto debemos tener en claro que aunque juegan en conjunto trajinan en soledad y la ingratitud está ligada directamente a su labor que no contempla excusas ni da revanchas en algunos casos, situación que pueden lidiar aquellos que estén impregnados de una personalidad sólida y llena de convicción. El mundo del balompié tiene la mala palabra fácil para increparlos o el aplauso agradecido al instante, controversia que debe convivir en lo más profundo y en ninguno de los casos afectar el desenvolvimiento durante un compromiso porque los dos polos pueden modificarse en un abrir y cerrar de ojo, como los mismos reflejos que exige la posición. Los tiempos del equipo y también el aspecto anímico dependen de sus intervenciones sin dejar de resaltar que lo que puedan llegar a transmitir e irradiar desde fondo con su presencia y voz de mando siempre serán fundamentales para el desarrollo y futuro de cualquier equipo que naturalmente apoya todo su caudal y expansión futbolística en el hombre más sacrificado de todos que goza del enorme privilegio de ser tan indispensable como el propio balón, porque sin ellos no se puede jugar. (O)

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