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Ecuador/Dom.19/Sep/2021

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Duelos de poder

04 de diciembre de 2020 00:00

El correísmo, y los partidos de ‘oposición formal’ al Gobierno del presidente Lenín Moreno, se atribuyen el ‘mérito’ de apartar del Palacio de Carondelet a la exministra de Gobierno María Paula Romo.

Esto tras el juicio político que ella enfrentó en la Asamblea Nacional, por los acontecimientos de octubre de 2019, cuando hubo una escalada de protestas que paralizó la economía del Ecuador.

Sin embargo, su salida trasciende los 104 votos obtenidos en el Legislativo. Responde, principalmente, al recrudecimiento de las pugnas internas en el círculo cercano del Primer Mandatario, conocido como ’mesa chica’.

Por un lado, la estructura de la ex Ministra con los funcionarios que en su momento fueron parte de la Ruptura de los 25 (hoy Movimiento Construye) y, por otro, la de Santiago Cuesta; que si bien salió formalmente del Gobierno en 2019 y perdió espacio,  pudo estar activo por su estrecha relación de amistad con el Presidente y a través de su equipo, en los sectores estratégicos.

Hay otros funcionarios que gozan de la confianza del Presidente, sin embargo, su papel no ha sido ni será protagónico. Su negocio ha sido mantenerse en el medio, navegando al vaivén de la coyuntura; salvando su cabeza.

En la práctica, alrededor de Romo y Cuesta han girado las decisiones más importantes del Ecuador, tanto en materia política como económica. Además, son quienes han mantenido al Régimen a flote, frente a todo lo que ha significado el divorcio con el correísmo y la crisis económica

Las diferencias internas, no obstante, se han zanjado igual que en el viejo oeste; con duelos de poder entre las estructuras. La fórmula ha sido la misma. Primero la filtración de información a medios de comunicación dispuestos a alimentarse del escándalo y que no les importa ser usados por las fuentes, con tal de ganar audiencia. Luego, el inicio de procesos judiciales o de control político  y fiscalización; y finalmente la renuncia o destitución de funcionarios de uno u otro bando.

Ahora, con las cabezas lejos de la política oficial, y en un momento en que el Gobierno entra en la recta final de su periodo, las preguntas obvias son: ¿quién será el o la que incline la balanza en las decisiones claves?, ¿quién pondrá orden en el Gabinete? y ¿quién hará de interlocutor con el resto de poderes del Estado y las fuerzas de oposición, para que no prime el caos?

Si el Presidente no reconfigura de forma urgente su círculo cercano, o comienza a tomar decisiones por sí mismo, le será muy difícil lograr lo único que le queda: una transición ordenada y una estabilidad política que permitan al siguiente Gobierno sostener temas claves para la economía como los acuerdos con los multilaterales. ¿Quién estará a la diestra del Presidente?. El reloj corre.

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