Especial coronavirus

Ecuador: vencedores y vencidos

- 14 de abril de 2020 - 00:00

En medio de la grave crisis sanitaria que afecta al mundo y al Ecuador, con consecuencias que requerirán cambios estructurales en todos los ámbitos de la vida nacional, durante la última semana vivimos uno de los momentos a nivel político más significativos desde el retorno a la democracia.

El 07 de abril, el expresidente Rafael Correa y varios miembros de su gobierno fueron declarados culpables por el delito de cohecho agravado por parte del Tribunal de la Corte Nacional de Justicia, ante las acusaciones de liderar una estructura de corrupción demostradas por la Fiscalía General del Estado.

Esta sentencia marca un antes y un después en la historia de nuestro país, ya que nos recuerda que ningún mandatario está por sobre la ley y que toda autoridad debe actuar siempre de manera responsable y ética en el ejercicio del poder.

Debemos hacer todo lo posible para la consolidación del Estado de derecho, como un ideal de toda sociedad moderna, donde prime el respeto a la seguridad jurídica y a los dictámenes judiciales.

Para muchos este fallo se queda corto como respuesta a los ilícitos cometidos durante la presidencia de Correa, para otros es un ejercicio de rencor llevado a las máximas esferas de la administración de justicia, como muestra de una revancha de quienes ejercen el poder; sin embargo, cabe ir más allá de esta dualidad y analizar algunas circunstancias de fondo, independientemente del apego o aversión que la figura del expresidente ecuatoriano y sus aliados -al menos aquellos que lo son hasta el día de hoy- puedan despertar.

Si procuramos que el sistema democrático sea reforzado y que podamos garantizar el establecimiento de una paz duradera que nos encamine hacia un auténtico progreso social, entonces no dejemos que arrebatos viscerales nublen nuestro juicio ni que se impongan ante el imperio de la ley.

Lo primero que hay que hacer es empezar por un ejercicio individual, recordando que los gobernantes son un reflejo de nuestros valores sociales, valores que han sido reemplazados por el clientelismo, las dispensas, el populismo, el resentimiento, la envidia y la viveza criolla como parte del diario vivir; y, que sentenciando, o no, al exmandatario, mientras cada uno no deje de lado estos vicios, nada cambiará y cualquier gobierno en el poder manipulará el sistema de pesos y contrapesos a fin de satisfacer sus antojos de poder.

Pensemos con cabeza fría y entendamos que si nos empoderamos con respecto al sistema democrático y sus implicaciones, continuaremos siendo al mismo tiempo vencedores y vencidos. (O)

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