Alfredo Palacio: “No más robos, carajo”

"El robo que existe en este país y el que se denuncia no terminamos de castigar. Se están llevando el futuro de los hijos y nadie sabe quién es".
30 de octubre 19:09

Alfredo Palacio fue el Presidente número 48 de Ecuador. Llegó al sillón de Carondelet luego de que el Congreso, en abril de 2005, cesó en sus funciones al expresidente Lucio Guitiérrez.

El sucesor de Palacio fue Rafael Correa Delgado, quien fue Ministro de Economía en su administración. El exjefe de Estado conversó con Diario El Telégrafo sobre la situación política y electoral del país, el desafío de los jóvenes para involucrase y aportar al desarrollo, las protestas de octubre de 2019 y el proceso de juicio político contra la ministra de Gobierno, María Paula Romo.

¿Cuáles son los dos cambios más importantes que ha visto desde que fue presidente? 

La parte buena es que tratamos de mantener una especie de democracia maquillada, pero con cierta tranquilidad, sin embargo, veo que la era de Caín no termina y nadie hace propuestas concretas para cambiar el destino de nuestro país y seguimos con los insultos y las diatribas. A pesar de eso podemos estar manteniendo la democracia porque existen los poderes.

La parte mala es que veo que la política sigue degradada, reclamo la presencia de la juventud que en este momento debe estar decepcionada de la política por tanto robo, por tanto problema. No debemos dejar la política en manos de los que nos roban siempre.

¿Cuál es su percepción de la lucha contra la corrupción que ha llevado adelante este Gobierno? 

Me parece que es plausible haberse alejado de la corrupción preexistente. Pero la nueva que apareció tiene el principal estigma de haber sido en la salud. Algo positivo ha sido denunciar desde el robo de las propinas hasta el robo de un presidente.

El robo más importante es el que viene de un poder oculto que se extrae desde el fondo de la tierra, de nuestra riqueza, se llevan la sangre de nuestras venas, nuestra vida se le están llevando y el mundo calla.

Es necesario tener gobiernos bien plantados, con pantalones, con las hormonas bien puestas en su sitio para decir ¡no más robos, carajo!

¿Cuál es su opinión de estos 14 años de la misma tendencia? 

El país no está produciendo, no produce nada. Las ideologías no han muerto sigue la izquierda, derecha y centro. ¿Dónde estamos? Soy un hombre de izquierda, pero creo legítimamente, como un hombre demócrata, que deben existir siempre las dos tendencias.

Pero es importante que ya no sigan solamente los de mi generación con las canas blancas, es importante que la juventud no se atemorice con esta política tan corrupta y tan inepta y que se incorpore. Pero muchos no quieren porque tienen miedo y han tomado aversión a una política llena de corrupción.

Nombré ministro al economista Correa y le dije: hay que pelear juntos la propiedad intelectual porque encarece los medicamentos y hace prohibitiva la salud, no me hizo caso y entonces dudé de su izquierdismo.

¿En octubre de 2019 estuvo en peligro la democracia? 

No sé si hubo ese intento de golpe de Estado, pero siempre peligra la democracia. Obviamente, el derecho de los pueblos a protestar es inalienable. Hay que siempre respetarlo pero el pueblo debe tener educación política, que es la que deberían haber ejercido los partidos políticos.

¿Usted cree que la causa de las violentas manifestaciones de octubre fue solo el decreto 883? 

Hay una mano invisible. Sí es algo más, nadie lo dice, no hay un editorial diciendo que esto viene de más arriba. El robo que existe en este país y el que se denuncia no terminamos de castigar. Se están llevando el futuro de los hijos y nadie sabe quién es. Los denunciados son los títeres que ellos manejan.

Los procesos penales por los hechos de violencia, todavía no tienen sentenciados y no hay detenidos

Jamás podré aprobar la impunidad contra la violencia. Es distinto que el pueblo lo haga pacíficamente, como los forajidos con cacerolas y sin una sola arma, ni un solo herido. Cuando ellos protestaron, subí a la Presidencia en medio de una manifestación democrática. Eso es lo que respaldo, pero para eso necesitamos educar al pueblo. 

En la Asamblea se tramita un juicio político a la ministra de Gobierno María Paula Romo por los hechos de octubre ¿Hubo un incumplimiento de funciones y uso excesivo de la fuerza en esos días?

Una opinión mía ahora equivaldría a un prejuicio, no puedo prejuzgar, lo que sí confirmo, ratifico, admiro, es que existan este tipo de juicios políticos para descubrir verdades.

El problema está en que estos juicios se quedan en la epidermis, es decir, si tuvo la culpa la Ministra o no, cuando las cosas son más profundas.

Pero por lo menos tenemos ese viso de democracia para demostrar o denunciar nuestro desacuerdo. No podemos admitir una sola muestra de violencia, venga de donde venga, y eso sí tiene que ser juzgado.

¿Con este trámite de juicio político usted cree que la Asamblea busca levantar su imagen ante los escándalos de corrupción en este período? 

Sí desgraciadamente esta imagen de la corruptela generalizada está desprestigiándonos como nación y este momento no lo vamos a poder corregir. Creo que tendrá que hacerlo una nueva generación. Necesitamos un cambio en la política, que creo es la profesión más noble que existe.

¿Qué ocurre en el escenario político, hay una convulsión? Ahora dirigentes sociales e indígenas pueden en Quito llamar a protestar y atentar contra los bienes patrimoniales... 

Esas no son nuevas ideas, esas acciones son de violencia y son de una politiquería muy barata, que nos puede costar caro. Esos atentados son inaceptables.

¿La gran cantidad de candidatos para las próximas elecciones es una muestra de la falta de líderes políticos fuertes? 

Los partidos políticos se convirtieron en partidocracias, es decir, cuatro o cinco dirigentes que escogen a dedo a quienes van de asambleístas: tú por tal mérito o tú porque vas a poner la plata o tú por la otra razón.

Debemos conocer quién es mi asambleísta porque lo veo cuando voy a comprar pan y leche en la mañana o lo encuentro en bicicleta o trotando en el parque. Sé quién es, conozco su dirección y le puedo decir no estoy de acuerdo con esta ley. Eso es distritalización, es la participación democrática y no está payasada de participación ciudadana. Necesitamos partidos políticos formadores, pedagógicos, que incorporen a la juventud, que vayan a las universidades. Que venga la política con otras ideologías.

¿Quién podría hacerse cargo de un país en las condiciones actuales, con una economía golpeada? 

No sé lo que ofrecen, pero debe ser inteligente. Ofrezco esto para reactivar la producción de esta nación y entonces podemos salir adelante.

Pero no escucho eso, no escucho qué pasará con el petróleo, ¿cuáles son las nuevas energías que utilizaremos para no usar las no renovables y guardarlas? ¿Qué vamos a hacer con nuestra agricultura? ¿Cómo vamos a industrializar? No basta decir vamos a reducir la obesidad del Estado, que sí hay que hacerlo. Por ejemplo, tenía 14 ministros y ahora son como 36. Pero no debemos solamente ahorrar, hay que producir más en función de neuronas de inteligencia. Es cuestión de amar a nuestra patria de verdad.

Usted presentó hace pocos días su libro "El Sótano, un poder sobre el Gobierno de las Naciones". Allí relata lo que descubrió en su período presidencial. 

En la portada está una mano titiritera que nos maneja y nosotros estamos abajo sin darnos cuenta. El sótano es una imagen real de cuando asumí la Presidencia y no me dejaban posesionar, aunque constitucionalmente me correspondía y ya había sido investido por el Congreso. Entonces fuimos atacados y estuve metido en un sótano por horas.