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Historias de pasión y fuego

20 de septiembre de 2015 00:00

Cuando nuestros antepasados comenzaron a controlar el fuego, las llamas no solo permitieron cocinar los alimentos o defenderse de los depredadores, sino que también lograron algo igualmente fantástico: hacer que sus días sean más largos. Reunirse alrededor de una fogata permitió a los grupos humanos compartir historias que llevaron a reforzar sus lazos y desatar la imaginación para vislumbrar un sentido más amplio de la comunidad. Eso concluye un reciente estudio de la Universidad de Utah.

La investigación se ha llevado a cabo con el análisis de decenas de conversaciones diurnas y nocturnas de los bosquimanos Kung, que viven en el desierto del Kalahari, en el noreste de Namibia y en el noroeste de Botswana. Los antropólogos a cargo se dieron cuenta de que el ritual del fuego era muy íntimo.

Lo que resulta interesante es que los bosquimanos viven de forma parecida a nuestros antepasados cazadores-recolectores durante la mayor parte de la historia evolutiva. Ocurre que en horas de la noche iluminadas por el fuego  los individuos tienden a juntarse pese a tener su propio hogar y hablan de temas más abstractos, emocionales y generales o simplemente cuentan historias, mientras que las charlas del día se circunscriben a quejas, críticas, chismes  o asuntos  económicos.

El ser humano es único por crear lazos fuera de su propio grupo, algo que no hace ningún primate no humano. Esto permite formar comunidades que no están en el mismo espacio, pero sí en la mente, incluida la capacidad para crear redes virtuales. Las historias a la luz del fuego, las conversaciones, las ceremonias y las celebraciones desataron la imaginación humana y las capacidades cognitivas para formar las comunidades imaginadas. (continúa)

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