No se puede entender lo que sucede en Venezuela sin comprender lo que ocurre en el mundo entero

Linchamiento mediático global

- 23 de febrero de 2014 - 00:00
El aquelarre de los medios construye la cultura de la hamburguesa en la clase media a la que pertenecen los estudiantes que protestan.Foto: Internet

No se puede entender lo que sucede en Venezuela sin comprender lo que ocurre en el mundo entero

Indigna la manera tan superficial, por decir lo menos, cómo se analizó el problema político de Venezuela en los programas de Ecuavisa transmitidos a las 08:30, los días 19 y 20 de febrero.

Es verdad que la opinión es un derecho, pero también es verdad que el contenido de la misma debe mostrar, por lo menos, una investigación previa y metódica que trate de indagar en las causas del problema, que de por sí es complejo, y no lanzarlas así porque sí, cubiertas de un manto emocional que tiende a predisponer al oyente contra el gobierno legítima y democráticamente electo del señor Maduro.

Indigna y molesta esta irresponsabilidad, que puede y debe ser sancionada en el marco de la nueva Ley  de Comunicación, en al que se establece la obligación de verificar y contrastar la información antes de difundirla, sin esconderse bajo el argumento de que solo repiten lo que se dice en otras cadenas.

Tanto la ética como la exigencia del método obligan a comprobar y verificar que lo que se va a difundir tiene pruebas irrefutables. ¿Qué prueba hay de que ha sido el gobierno de Venezuela el autor de los disparos? ¿La CNN?

No puede entenderse lo que ocurre en Venezuela si no se entiende lo que ocurre en el planeta entero, ahíto de dicotomías tan pronunciadas e inequidades que superan cualquier entendimiento racional junto a ambiciones tan desmedidas que han envilecido el concepto fundamental de humanidad.

Y puede empezar a entenderse este mundo con la lectura de la novela de Georges Orwel, 1984, que retrata el mundo actual.

Tenemos al hermano mayor convertido en el policía mundial con 800 bases militares en el mundo.Tenemos al hermano mayor, convertido en el policía mundial, omnipresente con sus más de ochocientas bases militares repartidas en el planeta entero, apercibido de todos los instrumentos, y la tecnología asociada a estos, con los cuales nos controlan, nos miran, saben de nuestras ideas, interceptan nuestras comunicaciones... En fin, pueden elaborar un perfil psicológico de cada individuo de la tierra en el momento  que este se vuelva peligroso para la estabilidad del “orden” constituido.

Un texto complementario, y que le abrirá los ojos respecto a la capacidad manipuladora de los medios, es el corto ensayo Los medios de Comunicación de Noam Chomsky, que muestra el método que utilizan los grupos fácticos de poder para mantener “tranquilo el rebaño”, anulando su discernimiento y castrando su pensar.

Ahí encontrará datos sobre cómo se manipuló la información para convencer al pacífico pueblo norteamericano a entrar a la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, o cómo se crea el consenso para provocar una reacción de condena de la sociedad para anular una huelga de trabajadores.

Para todo aquel que quiera entender qué pasa en Venezuela, Siria o Ucrania, es además muy importante tener en mente la existencia de dos organizaciones que actúan en las sombras, totalmente amorales, sin escrúpulos, capaces de realizar los más escabrosos actos, incluido el asesinato y la tortura, y que han estado muy presentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial: La Central Inteligence Agency (CIA), dirigida por civiles y creada para dotar al presidente de un segundo punto de vista; y la National Segurity Agency (NSA), manejada por el complejo militar-industrial, denunciada recientemente por la implementación de una súper estructura informática destinada a recabar información de todos y cada uno de los habitantes del planeta. Ya, con estos datos, cualquiera que quiera dar una opinión la puede ir construyendo de manera objetiva.

Tiene que saber, además, que en este año 2014 de la civilización occidental, la principal contradicción del mundo es entre las Grandes Corporaciones y el Individuo. Es decir, entre el Capital Monopólico Internacional (llamado comúnmente “Imperialismo”) y la Especie Humana. Este capital tiene, en la cúspide de la pirámide de poder, a un selecto grupo de megamillonarios que controlan a las corporaciones occidentales enfrascadas en su irracional competencia por apoderarse de los recursos naturales de los países para controlar el mercado global y enriquecerse.

Es más que falta de ética periodística, es participar en el aquelarre orgiástico de Atlanta.Solo eso. Sin embargo, el capital, que por su naturaleza no puede presentarse de manera franca pues su sola presencia alteraría la “tranquilidad” del rebaño, tiene que actuar de forma encubierta, tras bastidores. Más concretamente, tras los estados nacionales, imponiendo gobiernos ‘títeres’ a través de los cuales dictan leyes que permitan sus saqueos y beneficien al capital por sobre los seres humanos.

Este control sobre los estados funciona con la complicidad de tres grandes aliados: élites económicas, que son generalmente de carácter oligárquico-financiero; grupos politiqueros sin amor a su patria y medios de comunicación venales y banales. Con los primeros aseguran la dependencia, con los segundos manejan el Estado y con los terceros controlan al rebaño, tratando de mantenerlo tranquilo y sumiso; manipulando reiteradamente la información; callando lo que no les conviene que se sepa; inventando “realidades” que rayan en la difamación o con mentiras descaradas que distorsionan la verdad con el fin de crear una opinión pública favorable a sus intereses, llamada también “consenso”.

Esto les es factible de realizar porque mantienen un nivel de programación muy bajo que tiende a “estupidizar” a las audiencias, exacerbando el morbo colectivo en medio de análisis banales, condicionando así un modo deficiente de pensar sobre el que construyen la subcultura de la hamburguesa y las papas fritas, especialmente en las clases medias y medias altas que se convierten en potenciales aliados o, en lo que en verdad son: tontos útiles a los intereses del gran capital.

A ese sector pertenece esa minoría de estudiantes venezolanos, que captados por la oposición dicen, entre muchas incoherencias, frases como: “Estamos cansados de toda esa mierda (sic) llamada patria”.

Cada vez que logran poner un gobierno ‘títere’ en un Estado, la vida de ese pueblo se vuelve lacerante y termina sumido en la miseria y en la desesperación.

Pero algunos pueblos, asqueados de tanta injusticia y corrupción, dan un salto en el consciente colectivo, tumban esos gobiernos entreguistas y muchos encuentran el camino para iniciar un proceso de liberación de esa tutela exterior que los perjudica.

Es así que Venezuela se convirtió, con el presidente Chávez a la cabeza, en el primer país latinoamericano en cambiar el marco neoliberal privatizador por un marco democrático socialista en donde se establece al ser humano por encima del capital y como objeto final del desarrollo.

Argentina, Bolivia, Ecuador, también dejaron de ser gobiernos títeres, proponiendo a sus hermanos latinoamericanos liberarse de esos tentáculos que extraen la vida de los pueblos y crear la Patria Grande.

Informados así, es natural aceptar que existe más de una explicación posible para entender lo que ocurre en Venezuela, por ejemplo, es posible suponer que esas muertes ocurridas hayan sido ocasionadas por la acción deliberada de un francotirador de alguna agencia de inteligencia para provocar una situación de ingobernabilidad que desemboque en el derrocamiento del gobierno.

También es posible la explicación de que la falta de “papel higiénico” se deba a una escasez ficticia e intencional por parte de las élites económicas que conspiran por recobrar el poder político; que la ausencia de dólares se deba a las especulaciones en el mercado financiero de las poderosas, y muy adineradas, élites venezolanas; o que el evidente vandalismo que muestran las imágenes, es el producto de la acción de mercenarios cuya consigna es crear el caos.

Validar, en cambio, como lo hacen de una manera velada en el mencionado programa de Ecuavisa, las acciones violentas y no democráticas de la oposición que buscan deponer a un presidente que ha ganado cuatro elecciones en menos de dos años, o dar por verdadero que es el gobierno del presidente Maduro el autor de los disparos que terminaron por dar muerte a cinco personas como la única interpretación posible de los hechos, sin presentar a consideración del público la versión de la contraparte, es más   que una falta de ética periodística.

Es más bien una participación en el aquelarre orgiástico con forma de linchamiento mediático global orquestado desde Atlanta y que repiten de manera cómplice las “cadenas aliadas” de Latinoamérica y del mundo, para beneficio de las grandes corporaciones petroleras que están expectantes a la hora de dar el zarpazo para reapropiarse de los recursos naturales del hermano país de Venezuela. Y si eso ocurre: ¡Cuídate Ecuador!

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