“Iba a volver al país, pero no a enterrar a mis hijos”

11 de abril de 2013 00:00

No podía caminar bien. Se lo notaba cansado y con los ojos hinchados. Estaba sollozando. Arturo Cevallos arribó de Chile al mediodía de ayer para estar presente en el sepelio de sus dos hijos, quienes junto a sus tres hermanos, todos menores de edad, fallecieron el pasado lunes en el incendio registrado en la Floresta 2, al sur de Guayaquil.

El hombre llegó a la iglesia San Eduardo, lugar donde era el velatorio de sus vástagos. Al caminar hacia los féretros, sus vecinos y conocidos querían darle el pésame, mientras que un periodista imprudente intentó entrevistarlo.

Cevallos tuvo que abrirse camino y empujar a cuanta persona se le puso enfrente para ver a sus hijos. Se dio un corto tiempo para abrazar a su madre, Margarita Salinas, y luego abrió el ataúd del menor de sus hijos, que tenía 3 años.

Luego vio al mayor, de 5 años. A ellos les dedicó mayor tiempo, pero también vio a los otros tres fallecidos, de 10, 13 y 14 años. “Todos son mis hijos”, balbuceó Cevallos.  

El hombre solo es progenitor de dos de los cinco hijos de Karen Flores, mujer que se encuentra en estado crítico en el hospital Luis Vernaza, producto del incendio provocado en el que murieron los menores. “Iba a volver al país, pero no a enterrar a mis hijos. El viernes hablé con ella (Karen) y con los niños. Nunca pensé que esa sería la última vez”, expresó Cevallos, quien destacó que después de separarse de ella viajó a Chile para “buscar una mejor vida para mis hijos”.

Los tres vástagos mayores de Flores son de su anterior compromiso y sus apellidos son Rodríguez Flores.

Más de mil personas estuvieron presentes ayer a las 13:30 en la iglesia San Eduardo, visitando a los menores fallecidos. “Yo no conozco a nadie aquí, pero vine para acompañar a estos angelitos y para demostrar mi rechazo a lo sucedido”, mencionó Carlos Suárez, quien acudió desde Durán para estar en el velorio.  

El sol de la tarde guayaquileña era inclemente. A las 13:45 los féretros fueron sacados para ser llevados hacia su último destino, el camposanto Parque de La Paz. Previo a esto, los familiares de los fallecidos llevaron los cuerpos de los niños hacia la casa del siniestro.

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