Eliana B.: “No soy víctima, soy sobreviviente”

- 17 de febrero de 2019 - 00:00
Foto: Cortesía

Tiene 32 años y se graduó de comunicadora en la Universidad Central del Ecuador. Su pareja la golpeó contra el inodoro de su baño, le pateó la cabeza y la arrastró por el piso. Como consecuencia del intento de femicidio perdió el 70% de visibilidad de un ojo y dejó de trabajar.

Tuve una relación por cinco años, no era el papá de mi hija y no vivíamos juntos. Él se llama Raúl Escobar y era demasiado celoso, posesivo, controlador. No me dejaba usar minifaldas ni escotes. Revisaba mis contactos, mensajes y Facebook. Poco a poco empezó a maltratarme, primero con bofetadas, luego con empujones, más tarde con golpes hasta que un día casi me mata.

Fue el 6 de noviembre del año pasado, era de mañana él fue a ver a su hijo a la escuela y me pidió que le dé la última oportunidad.

Creí que iba a cambiar, pero en la noche se alteró porque fui a comprar pizza y me demoré. A mi regreso se volvió loco, cambió la cara y se puso fatal. Me quiso pegar, subí a mi dormitorio, me encerré en el baño y llamé a mi mamá.

Él entró, me agarró de la cabeza, me dio contra el inodoro y empecé a sangrar. Casi pierdo el conocimiento, después me arrastró a la cama y me ahorcaba. Al mismo tiempo, me escupía y me insultaba.

Me pateó la cabeza, la cara y no paraba de pegarme por nada. En ese momento escuchamos golpes en la puerta y sonaba el timbre, eran los vecinos.

Él paró y se asustó. Me dijo, amor, tranquila, no digas nada. Pero, con mis últimas fuerzas logré salir y me ayudaron.

La ambulancia y la Policía llegaron y recuerdo que los paramédicos decían que iba a perder el ojo porque me salía mucha sangre.

En el hospital pasé cuatro días mal, salí con hematomas, que los tengo hasta ahora. Puse la denuncia, porque de lo contrario él salía libre de todo lo que me hizo. Pero no lo sentenciaron por intento de femicidio. Él se declaró culpable, hizo un trato con la Fiscalía y estuvo dos meses en la cárcel.

Fueron momentos horribles, me sentí burlada por la justicia. Casi me mata, pero un tribunal ratificó que él hizo algo leve.

Apelamos, sin embargo, no fue aceptado. Tengo la nariz y la cabeza rotas, me cogieron puntos. Perdí el 70% de la vista en un ojo y me dio parálisis facial. Él salió libre y no he sabido nada más.

Lo conocí en la universidad, fuimos compañeros y novios hace 15 años. Después terminamos, pero hace cinco años volvimos a vernos y retomamos la relación.

Nuestras peleas siempre eran por celos. Ya había antecedentes de violencia durante ese tiempo. Varias veces me bofeteó, me tiró de los cabellos, me empujó y me dejó morados en el cuerpo.

Me hacía sentir culpable por gritar y llamar a la Policía. Me decía que yo lo empujaba a actuar de esa forma, porque lo molestaba y no lo entendía. Terminé por perdonarlo.

Estaba manipulada, no me dejaba salir con mi familia ni con mis amigos, solo lo tenía a él, no me dejaba ni trabajar.
Cuando era lindo, parecía el mejor y hombre perfecto. Parecíamos novios de un mes, felices, cogidos de las manos.

Pero no le gustaba como me vestía y se descontrolaba. Me decía que estaba “buscando macho” y que era exhibicionista. Él trataba de controlarse y decía que no podía.

Recuerdo que una vez fuimos a un restaurante y nos peleamos porque se puso celoso. Él no quería pagar la cuenta, me dio una bofetada, me sacó sangre de la nariz, él se fue y tuve que tomar un taxi, sangrando.

Una persona del restaurante me pidió el celular para llamar a la Policía y me robó el teléfono. Estaba sola, sin dinero y sin celular.
Pedí una boleta de auxilio en 2016 por los maltratos y su familia de todo me echaba la culpa. Decía que lo provocaba, porque él era bueno y que yo debía ir al psiquiatra. Su madre le socapó e incluso le gritó a mi mamá que su hijo no debía ir a la cárcel.

Vivo en la casa que compré con mi expareja, el padre de mi hija, de 8 años. Él también era violento, le puse boleta de auxilio, en 2013, por violencia física, psicológica y patrimonial.

Él era un verdadero salvaje, tapiñado, mojigato, me fracturó el tobillo, me ahorcaba y me violaba. Además, me traicionaba con otras mujeres.

Después, de todo lo que pasé con mi exnovio, el papá de mi hija me hizo pedazos en las redes sociales y me la quitó.

Hace cinco meses que no hablo con mi pequeña. Ni siquiera me deja verla, la tiene secuestrada. No puedo ni ir a su escuela porque él habló con los profesores para que no la dejaran salir conmigo.

Pero este lunes veremos el caso de mi nena, mi abogada pedirá que me permitan visitarla.

Mis padres se divorciaron cuando tenía tres años. Me crié solo con mi mamá y creo que soporte toda la violencia para no quedarme sola y tratar de suplantar a mi papá. Siempre me hizo falta y sentía un gran vacío.

Estoy en terapia psicológica gratuita, dos veces a la semana. He entendido que normalicé las conductas violentas y las hice parte de mi vida cotidiana. Me aferraba a una pareja por temor de que me dejaran y quedarme sola.

En mis terapias trabajamos con regresión y en ellas salieron situaciones de violencia sexual en mi niñez.

Estudiaba ballet, a los 8 años, un profesor me tocaba y las niñas me llevaban al baño y me besaban. Le decía a mi mamá que no quería ir al ballet, pero ella insistía.

Quiero dar un mensaje a todas las mujeres que también son víctimas de violencia. No guarden el secreto, denuncien a los maltratadores, si no lo hacen corren peligro porque hasta pueden matarlas.

Estoy sola, es preferible curarse de las heridas antes que buscar a otra persona.

Sentía humillación, miedo y vergüenza, con tantas críticas expuestas en las redes sociales.
No fui fuerte, no pude luchar, pero no soy una víctima, soy una sobreviviente. Puedo ayudar a otras mujeres.

Doy charlas testimoniales sobre todo lo que viví. He ido a Otavalo, Ibarra, y las chicas se sienten identificadas con mi historia.
Con esas conversaciones, es posible concientizar a la gente para que salga del círculo de violencia.

Estoy dedicada a las capacitaciones porque perdí el trabajo que tenía en Canela TV. No pude hacer nada, tenía heridas y era muy complicado seguir allí. Ninguna mujer debe soportar la violencia”. (I)

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