Ocaso olímpico y esplendor bancario de Danilo Carrera

11 de mayo de 2013 - 00:00

11-05-13-dep-danilo-carrera“Danilo Carrera es un banquero dúctil y pragmático, mira siempre la ganancia aunque sabe cuidarse de los costos directos y sobre todo de los colaterales”. Esto me decía a su tiempo alguien que conoció de cerca a Carrera Drouet pues trabajó con él en el servicio público (no cito nombres sin autorización). En aquella época -inicios y mediados de los 90- escuchaba estas y otras frases de talante parecido sobre este y otros banqueros; lo hacía siempre con distancia y escepticismo patológico, como periodista incrédulo frente a las veleidades del poder dominante (postura que juzgo esencial para ejercer tan duro oficio), pues eran muchas las mentiras acumuladas y más las falsedades comprobadas de la clase política criolla. Y hoy, rebobinando el carrete, noto que mi amigo economista tenía su razón y yo la mía: la permeabilidad ideológica de este experto en el mercado del dinero, más su pragmatismo político, explican por qué aparecía en tareas de primer nivel, en el ámbito privado (por ej.: como banquero de oficio) o en el público (por ej.: como alto funcionario económico al servicio de dictaduras en épocas de vacas gordas).

Viendo su repentino ascenso actual en las portadas de los alicaídos diarios, presencia mediática potenciada por los aburridos (todos) noticieros de la TV local, doy algunas pistas sobre la función pública top que ejerció el ex presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano (COE). Hablo de la presidencia de la Junta Monetaria (JM) que ejerció Danilo Carrera durante la democracia renga y la economía raquítica que vivió el país en la antesala del crac bancario del 99.

El 18 de febrero de 1997, Danilo Carrera, hombre de la banca privada, dio nuevamente un paso al frente en aras del servicio público, como representante del presidente de Ecuador, Fabián Alarcón, en la sacrosanta JM. En tal condición asumió la apetecida presidencia del órgano rector de la política monetaria y cambiaria del país (ver foto superior). Pero no llegó en un momento óptimo (como le ocurrió en el boom petrolero de los 70 al frente del Banco Central), ascendió al cargo mayor de la política monetaria-cambiaria cuando Ecuador se estremecía por la crisis que la clase política apenas pegó con saliva. Solo 11 días atrás se había evaporado el tristemente célebre gobierno de Abdalá Bucaram (el del “loco que ama”, según vulgar autodefinición) y trepó al poder un personaje de novela corta y guión truculento, el también célebre Fabián “cinturita” Alarcón. Sin libreto previo, Alarcón ganó la presidencia interina del país, partiendo de los dos votos que tuvo en el Congreso (el suyo y el de un coideario incondicional). Hábil como pocos, Alarcón, como presidente del Legislativo, puso detrás de sí a toda la clase política ecuatoriana para salvar la democracia de papel que teníamos como forma de gobierno, y una vez trepado en la camioneta pactó con los partidos y encunetó para siempre las aspiraciones de la ambiciosa vicepresidenta de Bucaram (Rosalía Arteaga), quien esperaba su turno para dirigir los destinos del país en ese momento.

Pasado el temporal político, Alarcón zurció la colcha de retazos, se puso al frente de un interinazgo salido de la nada, empezó a pagar favores políticos dada la naturaleza de su gobierno. Bajo esos parámetros armó su equipo de colaboradores; Danilo Carrera fue a la presidencia de la JM. El banquero sabía lo maltrecha que quedó la economía tras el paso del huracán Abdalá (ago. 10, 1996 - feb. 7, 1997): la especulación y devaluación del sucre eran pan del día; la inflación crecía y el Banco Central nos advertía del alto riesgo macroeconómico si no se cerraba el grifo fiscal. En marzo, el Gobierno aplicó el primer paquete para generar más ingresos (propuso subir el IVA al 14%, luego fracasó) y bajar egresos (eliminando el financiamiento para repotenciar el sistema estatal de oleoductos, SOTE). Aquel paso intermedio entre la tibia reforma y la urgencia estructural, a la luz del pobre resultado exhibido, exigía más acciones para ordenar las “peligrosas” cuentas fiscales. Curiosamente, las voces alarmantes no provinieron de la elite política (ocupada como estaba, reformando la Constitución y alistándose para las enésimas elecciones); surgieron del presidente de la JM, quien sostuvo que, de no hacerse los correctivos, el déficit fiscal potencial ecuatoriano, para 1998, llegaría al 8% del PIB. O sea, Danilo Carrera quería más ajuste fiscal con relajamiento monetario y cambiario; proponía, en suma, la típica receta neoliberal tan extendida en época de crisis (receta, por cierto, de la que tanto se habla hoy, pero de cuyo contexto histórico se conoce poco en realidad). Alarcón se aferraba a la lógica política para hacer lo que siempre hizo, sobrevivir; en tanto que Carrera se aferraba a la lógica monetaria para hacer lo que siempre hizo, ganar. El primero devino típico representante del “homo politicus” ecuatoriano; el segundo, un consumado “homo bancarius” de nuestra banana repúblic.

Lo que vino después fue inevitable: Alarcón hizo cortocircuito con Carrera y la cuerda se rompió por donde debía romperse. El presidente quería más gasto fiscal para apagar las llamas sociales que se le iban encima y para pagar tantos favores políticos derivados del “pacto de la camioneta”; Carrera quería más ajuste fiscal y pregonaba a su vez una mayor flexibilidad cambiaria; es decir, quería más ajuste del cinturón fiscal sobre el contribuyente y mano extendida y generosa con la política devaluatoria del sucre para favorecer, de facto, a los especuladores de oficio, es decir, a sus socios de clase... Así las cosas, la ruptura llegó más temprano que tarde. Alarcón pidió la renuncia a Carrera y este, sin pena y sin gloria, dejó la JM, no sin antes expresar su bronca por la postura del presidente, quien no avaló la devaluación del sucre, la yapa del estribo decretada por la JM: “Señor Presidente -escribió Carrera en su carta de renuncia-, usted ha expresado en forma pública su desacuerdo con la resolución de las autoridades monetarias sobre el ajuste técnico efectuado en las bandas cambiarias, ante lo cual, como Presidente de la Junta Monetaria, por delegación suya, presento a usted la renuncia irrevocable al cargo que lo he venido desempeñando durante trece meses. (...) Mi desempeño como titular de la Junta Monetaria ha tenido como principio rector a los altos y sagrados intereses del país y de la colectividad, sin tomar en cuenta presiones políticas o particulares. (...)” Ya ven por qué hay que ser escépticos ante la palabra de los políticos.

En general, bajo esta condiciones político-económicas entró y salió de la JM el banquero Danilo Carrera Drouet. Su renuncia fechada el 26 de marzo de 1998 fue un símbolo y una premonición: un año después, la economía del país estaba en llamas, el gobierno de Jamil Mahuad había decretado el congelamiento de depósitos y el feriado bancario, medidas dramáticas que mostraron la bancarrota del monetarismo salvaje inaugurado en Ecuador a finales de 1992 por otro personaje de miedo (don Alberto Dahik Garzozi).

Carrera fue -es- un representante fiel de la clase económica a la que pertenece, en ese sentido, durante el gobierno de Alarcón fue consecuente y coherente con sus intereses. El hecho de que hoy haya caído en desgracia mediática por su cuestionada tarea en el Comité Olímpico Ecuatoriano (COE) nada tiene que ver con la esencia de su boyante negocio -la ganancia a través de la intermediación del dinero- ni con la elaborada imagen que desde ahí proyecta, empezando por el logotipo del Banco de Guayaquil.

Guillermo y Danilo (GD): más que un logotipo
El logo del Banco de Guayaquil (BG) es peculiar: como pocos distintivos mercantiles que identifican a la banca, este revela sutilmente a los personajes que ostentan el mayor poder accionarial de dicha entidad: Guillermo Lasso y Danilo Carrera (“GD”). ¿Qué significa usar así las primeras letras de los nombres de los megaaccionistas del BG? Sicología y marketing tienen la palabra...

Del puesto 11o. al 2o. del sistema
Al 30 de marzo de 2013, la S. de Bancos reportó el gran momento del negocio de Danilo Carrera. Algunas cifras: i) Banco de Guayaquil acumuló activos y gastos por US$ 3,5 mil millones, ubicándose como el segundo banco más grande del país en ese rubro, solo superado por el Banco Pichincha. ii) La ganancia  neta del primer trimestre 2013 (dinero que se reparten los accionistas tras deducir los tributos y pagos laborales) sumó US$ 7,41 millones, la tercera mejor marca de la banca, tras Pichincha y Pacífico.

Es clara la verdad histórico-económica: el Banco de Guayaquil capeó la crisis del 99 a su manera y con sus armas. Y en dolarización subió de un modesto lugar (11) hasta el segundo puesto del ranking general. “G&D” hicieron bien su tarea...

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: