Pasajeros viven odisea para llegar a La Puntilla

13 de abril de 2011 - 00:00

“Solo mire el bus de la 81, parece atado de cangrejo” se queja el usuario de transporte público Pedro Mantilla, mientras observa como  la línea 81 circula por la calle Padre Solano, a las 07:30,  con todos los espacios llenos y la puerta cerrada.

Sin esperanzas de tomarlo, él y otras 20 personas persiguen una buseta clandestina, que no pertenece a ninguna línea.  Hombres y mujeres, incluso de la tercera edad,  se suben, agarrados a las puertas, con el carro en marcha.

Al igual que Pedro, 150 personas más esperan todas las mañanas, un vehículo (auto, furgoneta o buseta pequeña) que los lleven hasta la parroquia satelital  de la Puntilla, donde laboran.

La alta demanda   de las dos líneas que llegan hasta el sitio,   torna complicada la movilización en la avenida Quito y Padre Solano.

En  la avenida Quito, cientos de personas, en grupos de 10,  esperan a los carros no formalizados cada cinco minutos, para  que los lleven hasta sus lugares de trabajo.

Empleadas domésticas, obreros de la construcción, empleadas de bancos y de otras empresas que laboran en el sector de La Puntilla utilizan este servicio que cuesta 0.50 centavos.

Ágera Nazareno es una. Ella  vive en  La Chala. Para arribar a Samborondón, donde está su trabajo de asistencia doméstica,   gasta $1.50 diariamente en los cuatro transportes que toma de ida y regreso.  “Mi jefe no me creía que llego tarde porque no hay carro. Pero un día pasó por aquí y comprobó lo que vivo todos los días. Ahora  comprende el retraso”.

Lo que ella experimenta es un sistema de supervivencia del más rápido. Parece una batalla por la movilización, con ciudadanos que caen al suelo al correr por alcanzar un puesto en los vehículos.

Un voceador que se coloca junto a los carros grita: “¡Venga, venga a la Puntilla!, Riocentro, Parrillada del Ñato...”.  Los automotores se parquean frente al Secap, cinco vehículos cada tres minutos.

Los pasajeros esperan en la vereda. Ven llegar a los carros. Nadie habla, solo corren. Pero cuando se abren las puertas, en el caso de los autos, solo cuatro personas suben en el asiento de atrás.

La demanda es alta. Hasta las 08:00 más de 30 vehículos se  estacionan y llevan en promedio 150 personas. A 70 km. por hora, el vehículo  llega a la Puntilla en 15 minutos. Los obreros se quedan en las diferentes urbanizaciones.

Jorge Calle ayer no alcanzó asiento en uno de los vehículos, porque el carro se estaciona antes de llegar a la vereda, pero logra subirse en el siguiente. Muchos de los trabajadores se bajan  en la urbanización exclusiva Laguna Dorada.

En la avenida  Quito, un agente de la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG), observa  la escena mientras dirige el tránsito.

Ayer,  mientras los empleados de la Puntilla corrían  tras un vehículo, Miguel Salazar Mora, de 51 años,  cayó de un bus de la línea 35, en la calle Padre Solano, porque  el carro iba con exceso de pasajeros. Miguel terminó en el Hospital Luis Vernaza con fracturas. El chofer  fugó.

Sara Pesántez, empleada doméstica, dice que no toma los buses en la Terminal Terrestre, ya que van repletos de pasajeros. “El servicio de la avenida Quito no me ha traído problemas,  llego directo al trabajo y es mejor que ir apretujada”.

Uno de los choferes confesó que no se trata de un servicio organizado: “Aquí me estaciono, se suben y nos vamos; hago esto desde enero porque estoy sin trabajo”.

Este diario intentó comunicarse con la CTG para obtener una reacción sobre las quejas por el transporte, pero no obtuvo respuesta.

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