El reloj público de El Telégrafo sonará en octubre

- 10 de septiembre de 2019 - 22:25
Desde diciembre de 2018, la EpnTech es la encargada de la reparación integral de la fachada y otros elementos que componen el edificio de El Telégrafo.
Foto: César Muñoz / ET

La Escuela Politécnica Nacional está a cargo de la restauración y readecuación de los espacios en el viejo edificio que serán usados por estudiantes de la UArtes.

Desde una de las esquinas de la intersección de las avenidas 10 de Agosto y Boyacá, un grupo de ciudadanos observa a tres obreros en la cúpula del edificio de El Telégrafo, donde se ubica un reloj público de aproximadamente 93 años de antiguëdad.

El artefacto fue instalado en 1926, casi dos años después de su inauguración y en donde, hasta 2011, funcionó Diario EL TELÉGRAFO.

A partir de marzo de 2017, la estructura forma parte de los bienes administrados por la Universidad de las Artes. Desde diciembre de 2018 es intervenido y readecuado para albergar a estudiantes.

Los trabajos, ejecutados por la Escuela Politécnica Nacional (EpnTech EP), incluyen la restauración total del edificio, indicó el arquitecto Juan José Perero, superintendente de la obra.

“Se ha hecho un rescate de la estructura para adaptarla a las funcionalidades de la universidad y dentro del contrato se especifica la restauración de los bienes patrimoniales”, informó Perero.

Esto incluye, entre otros elementos, al reloj que fue adquirido por don José Abel Castillo, exdirector de EL TELÉGRAFO (noviembre de 1854 - junio de 1940), mediante una carta escrita en 1925 al encargado de ventas de la firma alemana J. F. Weule solicitando la compra e instalación del reloj.

Castillo dispuso que en cada uno de los cuatro lados de la torre se coloque una esfera de reloj de 2,5 metros de diámetro. La EpnTech realiza la reparación integral del engrane central que gira marcando un segundo en cada movimiento y de otros engranes que encajan uno sobre otro, de tal modo que al marcar los 60 movimientos que corresponde a un minuto accionen una pequeña palanca.

Esta, a su vez, tiempla los cables que se conectan a la parte superior del reloj y mueven el minutero. Perero manifestó que se reponen algunas de las piezas y “lo que se espera, como producto final, la puesta en marcha del reloj”.

El propósito es que, cada hora, suenen las campanas del artefacto. Las labores están a cargo de Marco León, técnico contratado por la EpnTech.

León detalló que los trabajos se ejecutan en el horario de 08:00 a 17:00. Durante esta semana se desarrollan el pintado y secado de los componentes.

En las últimas dos décadas, el reloj ha sido reparado en dos ocasiones: En 2008 y 2019, aseguró Juan Calderón, quien trabajó por varios años en los archivos de EL TELÉGRAFO.

El primer arreglo del dispositivo duró apenas un año y no volvió a funcionar desde entonces. Antes de eso, “llevaba décadas fuera de servicio”, manifestó Calderón.

También recuerda que por un tiempo, uno de los encargados de dar mantenimiento al reloj de la torre Morisca, en Malecón y 10 de Agosto, también acudía a EL TELÉGRAFO para ofrecer el arreglo del artefacto en la cúpula.

Aquello nunca se concretó debido a que no se llegó a un acuerdo económico. “Su anhelo era que ambos relojes sonaran simultáneamente”, recordó Calderón.

Según se detalla en los archivos del Diario, el deseo de don José Abel Castillo, exdirector de EL TELÉGRAFO, era convertir la torre del reloj en el “motor del tiempo” de los ciudadanos de Guayaquil.

El personal de la EpnTech aseguró que los trabajos de reparación están avalados por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), que desarrolló los estudios respectivos desde 2015.

La estructura del inmueble intervenido por la EpnTech se compone de una planta baja, cuatro pisos altos, cubierta accesible y sobrecubierta, con una altura total de 32.3 m y un área de 3.000 m2 de construcción. Al edificio principal se suma un bloque anexo de dos plantas agregadas en 2007.

El inmueble fue diseñado y desarrollado por la Sociedad General de Construcciones. Su edificación se inició en 1922 y culminó en 1924, siendo el primero levantado sobre pilotes de mangle que tuvo Guayaquil. Dos años después, en su torre se instaló un reloj público.

La estructura fue declarada edificio Patrimonial mediante Acuerdo N°2757 del 7 de junio de 1990.

Hasta 1938 fue considerado el edificio más alto del Ecuador y uno de los primeros construidos con hormigón armado.

Desde su construcción, la estructura ha soportado sismos de fuertes magnitudes: 1942, 1980 y 2016. (I)

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