Ordenanza establece que tributos son para personajes fallecidos

17 de octubre de 2013 - 00:00

El nuevo mural “Reales Astilleros de la Colonia”, en la avenida Pedro Menéndez Gilbert (norte), en el que aparecen los rostros de funcionarios municipales y políticos que aún están vivos, ha generado discusiones y críticas sobre los personajes a los que deberían de rendirse ese tipo de homenajes y acerca de la legalidad de lo que se hizo.

La Ley de Régimen Municipal, que estuvo vigente hasta 2010, en su artículo 65 restringía “que el Concejo Cantonal dé votos de aplausos o censuras a los funcionarios por actos oficiales; promover u organizar homenajes a funcionarios públicos y dar o permitir que el vecindario ponga el nombre de personas que aún vivan, a parroquias, poblados, lugares, vías públicas, planteles o cualquier otra obra de interés público”.

Pero el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial Autonomía y Descentralización (Cootad), vigente desde 2010, derogó dicha prohibición y no incluyó un articulado similar.

En la misma línea, en las ordenanzas municipales tampoco se contemplan regulaciones que impidan la aparición de personajes públicos en murales y otras artes plásticas.

Actualmente, solo existe un reglamento referente a la erección de monumentos y de denominación de calles, plazas y otros lugares públicos, en cuyo artículo 1 se establece que la solicitud para nominación de calle o colocación de efigie la puede hacer toda persona natural o jurídica, excepto la familia del personaje propuesto.

La concejala Grecia Cando, miembro de la Comisión de Calificación y Dictamen para la Erección de Monumentos y Denominación de Calles y Plazas y Otros Lugares Públicos, explicó que la denominación de una vía pública o erección de una escultura es aplicable a personas que ya no existen o murieron.

DATOS

En 2004, las imágenes del exalcalde León Febres-Cordero y el burgomaestre en funciones, Jaime Nebot, fueron plasmadas en un óleo del artista Luis Peñaherrera, en el cielo raso del Salón de la Ciudad, en el Municipio. El alcalde se pronunció en contra del uso de su imagen pero no retiró la obra. 

En 2006, la colocación de una escultura de bronce de LFC en un parque de Durán fue criticado porque se hizo homenaje a un personaje en vida, lo que estaba prohibido por la Ley de Régimen Municipal. 

Las calles Guerrero Valenzuela (+) y Francisco Segura fueron nombradas así cuando los nominados estaban con vida.

Según la edil, el artículo 3 de la ordenanza impide al Concejo dar o permitir que se imponga, de cualquier manera, el nombre de personas que aún vivan, a los sitios u obras de interés público.

Las personas interesadas en rendir homenaje a un ciudadano mediante la imposición de un nombre a una calle, parque o construcción de monumento, deben entregar la solicitud, dirigida al Alcalde, y pagar la tasa correspondiente.

Luego de eso, explicó Cando, la comisión encargada de este tema analiza la petición para ser expuesta ante el Concejo para su aprobación. El tiempo límite para conocer la solicitud tampoco está contemplado en la ordenanza.

Sin embargo, la concejala del partido Madera de Guerrero no se pronunció sobre el caso de la utilización de la imagen de un directivo municipal en funciones, en un mural.

Al respecto, Octavio Villacreses, integrante de la Comisión de Gobiernos Autónomos Descentralizados de la Asamblea Nacional, aclaró que el Cootad otorga al Alcalde las competencias para vetar el uso de ciertos personajes en espacios como murales.

En la red social Twitter hay diversas opiniones respecto de la postura de Juan Pablo Toral, autor del mural “Reales Astilleros de la Colonia”, de usar de modelos a personajes públicos.

Por ejemplo, Gabriel Gallegos comentó: “El artista del mural colonial de la Atarazana dice que pintó a Roche y compañía porque quería hacerlo con gente real. Esta gente se pasa”.


Mientras que Jorge O. sugirió: “El mural de la Atarazana debería llamarse Los amos del Astillero. Propaganda en arte”.

Andrés Roche, director de la Empresa Municipal de Tránsito y uno de los personajes del mural, justificó que el artista, dentro de su libertad, captó rostros de personas de su entorno para expresiones. Puso como ejemplo el caso de la obra “La última cena”, de Leonardo Da Vinci.

De su lado, Juan Pablo Toral, en un comunicado, explicó que no fue obligado a poner en el mural a los políticos y funcionarios Henry Cucalón, Andrés Roche y Carlos de Tomaso.

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