Operativos continúan desapareciendo el arte urbano de la ciudad

12 de noviembre de 2011 - 00:00

Los operativos antigrafitis, dirigidos por el Municipio guayaquileño, continúan en la ciudad y van dejando tras su paso paredes grises y blancas  que poco tiempo después se cubren con nuevos dibujos.

Liseth Abarca tuvo un encuentro  el miércoles pasado con el personal del Cabildo mientras colocaba  plantillas para dibujar  flores en un muro de la avenida Las Aguas.  “Los del Municipio no me dieron ningún argumento legal, solo me dijeron que estaba prohibido”, dijo.

El hecho ocurrió durante la noche. La joven relata que los hombres le entregaron una lata de pintura de color blanco. “Me dijeron que si no pintaba lo que había dibujado, me iban a llevar presa”, afirmó.

Sin embargo, durante la audiencia realizada por una acusación similar, se determinó que no es posible aplicar sanciones de carácter penal,  como la cárcel, a hechos que no están tipificados en el Código Penal y que contradicen normas de tipo administrativo, como las prohibiciones del Cabildo que impiden realizar grafitis.

Abarca, quien ha plasmado sus dibujos en la Av. Francisco de Orellana y en Urdesa, asistió durante    el último feriado a un evento realizado en Ambato llamado  “Graff”,  que congregó a grafiteros del país; y en este  mes también participó en el festival “Detonarte”,  en Quito. 

“No somos delincuentes, las autoridades deberían darnos espacios públicos abandonados  para poder pintarlos”, expresó. Ella considera que  con su trabajo hace un aporte a la ciudad, porque alegra las calles.
Una pared ubicada junto al Portón de Urdesa exhibe aún el trabajo de Liseth y de otros grafiteros.

Sin embargo, en la avenida Francisco de Orellana, hay gráficos que  han desaparecido. Junto a las letras de colores y el ícono llamado “Mona mouse”, del pintor Billy Soto,   se encuentra una pared blanca que evidencia la acción municipal.

El mensaje marcado en la pared ya no existe, pero hay ciudadanos que aún lo recuerdan:  “Aquí estaba antes un dibujo en el que una mano le halaba de los pelos a una mujer. Era en contra de la violencia y creo que tenía un buen mensaje”, manifestó Daniela Zambrano, una joven que suele tomar el bus en esta calle.

Ahora la superficie empastada de blanco ostenta unas cuantas letras  con estilo de burbuja y garabatos.
Dos cuadras más adelante, en una pared alta ubicada junto al hotel Hilton Colón, todavía se pueden apreciar los dibujos de un grafitero anónimo que ha pintado letras y una persona con cabeza de televisor.

Los cuatro burros de colores, ubicados en un solar baldío de las calles Machala y 9 de Octubre y que formaban parte de un proyecto nacional del pintor Jorge Jaén,  han desaparecido. En esta pared verde solo queda un mensaje que le dice a los transeúntes: “Aquí estuvo un robaburro” en letras negras.

En la vía Perimetral  se mantienen las letras y otras marcas dejadas por los grafiteros.

Entre ellos hay uno que dice: “La vida es dibujar sin borrar”. Quienes realizan este tipo de intervenciones en el sector prefieren los muros abandonados de color gris y las paredes interiores de los puentes.

A Johana Tomalá, vecina del sector, le gustan los diseños que tienen mensajes que considera positivos para la comunidad: “He visto en la Av. Juan Tanca Marengo un grafiti que habla sobre prevenir el embarazo en las jóvenes”, recordó.

El arte urbano pasó del concreto a las galerías por primera ocasión en la ciudad, en  junio de este año, cuando se realizó la muestra “En las orillas del dibujo”, con curadoría de    Rodolfo Kronfle y María Inés Plaza.
Allí se exhibieron los grafitis de Wilton Gómez, conocido en esta escena como RM-Noby. 

“El trabajo de RM-Noby comunica desde una visceralidad preñada de vivencias, ecos musicales (desde la esfera indie hasta el hip-hop) y una visualidad multirreferencial y contaminada que tiene un marcado carácter urbano”,  manifestó Kronfle.

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: