Las canoas operan tras el cierre del Puente de la A

14 de junio de 2011 - 00:00

Jenny Jeréz miraba con intranquilidad hacia un lado y otro  de la Calle A, donde hasta el pasado viernes el expreso del Colegio Amarilis Fuentes recogía  cerca del mediodía a su hermana Andrea, de 13 años. 

Sin embargo, este lunes el bus escolar no llegaba. “Todos los días esperábamos el carro en esta esquina, pero ahora con todos los cambios no sabemos dónde tendrá que cogerlo, ni por dónde pasará”, expresa con preocupación.
Jenny y su familia, al igual que  otros moradores de este sector del suroeste de la ciudad, se muestran confundidos  por el cambio de sentido de las calles Callejón Parra, Sedalana, Francisco Segura y Leonidas Plaza, que desde este lunes se transformaron en unidireccionales en diferentes tramos.

Esto a causa del cierre, durante los próximos 13 meses,  del Puente de la A, por los trabajos de reconstrucción que realizará la Municipalidad de Guayaquil.

La realización de la obra también obligó a la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) a  modificar las rutas de varias líneas de buses que circulan por la zona.

Según los habitantes del sector, este cambio altera sus rutinas y les genera  incomodidades, por lo que deben hallar nuevas formas de transportarse.

En medio de restos de fundas de basura, animales muertos  y un fétido olor, Washington Flores brinda el servicio de traslado en canoas a remo de un punto a otro del Estero Salado, en un improvisado muelle hecho de cañas, debido al cierre del viaducto que conecta la calle A con la Francisco Segura.

Su hermana, Rosa Flores, explica que de momento trabajan con tres pequeñas embarcaciones y que cada una puede transportar hasta 8 personas. El valor del pasaje es de $0,15. 

Sin embargo, se muestra irritada pues asegura que existe un grupo de personas “del otro lado” del Estero, que pretende ingresar al negocio, ofreciendo un servicio de canoas a motor, a un valor de $0,25  el pasaje.

“Hacemos esto por ayudar a las familias que habitamos en este callejón, pues todos vivimos de la venta de los mariscos y debemos movilizarnos”, afirma la mujer.

Sin embargo, ellos no son los únicos que -según dicen- se perjudicarán por el cierre temporal del puente y los cambios en el sector.

A lo largo de la calle A, existen varios negocios como tiendas de DVD, de abarrotes, farmacias y gabinetes de belleza que temen una recesión en sus ventas o una menor afluencia de clientes.

Angélica Cedillo, propietaria de una despensa, asegura que la circulación de buses y los paraderos en   ese sector, beneficiaba el movimiento comercial.

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