La pobreza favorece al crecimiento de la tuberculosis

11 de abril de 2011 - 00:00

Son las 06:00 de la mañana en la ribera oeste del río Guayas. Rosa (nombre protegido), una madre de familia de 46 años, empieza sus actividades en su vivienda ubicada en el cerro del Carmen, del lado donde las obras de regeneración urbana no llegaron. “Al menos no como se esperaba”, dijo Rosa.

A las 07:00, cumplida la primera parte de su labor diaria materna (dejar a sus dos hijos en la escuela),  Rosa  se dirigió al hospital Neumológico para conseguir una consulta. “Ojalá quedara más accesible”, se quejó.

A las 08:30, luego de 30 minutos de caminata y una hora de espera, la madre de familia asiste a un chequeo, una rutina que sigue hace 4 meses, a partir de la cual cambió otras costumbres dentro de su casa.

El hogar de Rosa es pequeño. “De 10 por 10 metros”, calcula. En un solo espacio, se acomodan dos camas, la sala y la cocina. El baño, por fortuna, es un pequeño apéndice ubicado hacia la derecha de la vivienda, totalmente aparte de la casa.

Desde que visitó el Neumológico por primera vez, Rosa debió agregar dos ventanas más a su domicilio, llegando a sumar 4. La falta de ventilación, la afectó sobre manera cuando empezó con la tos con flema, en los últimos días de 2010.

No tiene idea de cómo se contagió, “pero al menos sabía que no debía acercarme tosiendo a mis hijos”. Tras una semana con el mismo síntoma, Rosa acudió a un dispensario médico cercano.

“Ahí el médico que me trató me envió al área de tuberculosis (TB) para una prueba de esputo (saliva)”, comentó Rosa. Sólo haber escuchado la palabra “tuberculosis” la preocupó.

Tras las pruebas, Rosa se convirtió en uno de los 115 casos confirmados con TB que, durante enero de 2011, registró el hospital Neumológico. “Ver a tantas personas con mascarillas me deprimió”, afirmó.

Desde el mismo mes, en que escaló el cerro de El Carmen por primera vez para llegar al único nosocomio público en Guayaquil especializado para tratar la TB, Rosa empezó a tomar medicamentos para controlar la bacteria.

“Me preguntaron cómo me alimentaba... la verdad, solo procuraba tener algo en el estómago para no sentir hambre”, manifestó Rosa.

La dieta, antes del tratamiento, se limitaba al verde (plátano) asado con huevo en la mañana, el  plato de arroz con granos (lenteja o frejol) más embutido o enlatado (atún y sardina), al mediodía, y pan con agua aromática en la noche.

Aunque el médico que la trató le recomendó otro tipo de alimentación, que incluya más frutas y verduras, Rosa no lo ha podido cumplir a cabalidad.

Sin embargo, contesta “sí” cuando su galeno le pregunta si come mejor. Con apenas 200 dólares al mes, producto de su trabajo como lavandera, “no siempre tengo para frutas y verduras y toca consumir lo que bien se puede”, acotó Rosa.

Clima invernal favorece a la TB en zonas rurales

Varios expertos en el tratamiento de la TB, en  dispensarios de salud de Guayaquil y cantones aledaños, coincidieron en que en los sectores rurales y urbano marginales, la dieta de los habitantes y las condiciones de hacinamiento de las viviendas, favorecen a la aparición de las enfermedades respiratorias. A esto se suma las condiciones climáticas de la temporada invernal que permiten el aumento del contagio de estas patologías.

“Los virus y bacterias de enfermedades respiratorias se transmiten de manera mucho más rápida y eficaz en ambientes fríos”, puntualizó Magna Plata, responsable del Programa  de TB en el Centro de Salud 7 en Mapasingue.

De ahí, que el 60% de los casos de TB que llegan hasta las unidades públicas pertenecen a sectores rurales y periféricos. “Son lugares en donde las opciones para mantener el calor son prácticamente nulas”, aseguró Plata. “La humedad también se encierra en los hogares hechos de madera y de construcción mixta”.

En el caso de las poblaciones rurales, la situación se vuelve un poco más crítica. Jimmy Quintanilla, director del hospital de Daule, comentó que, además de las condiciones de las viviendas, toca lidiar con la humedad que atrapan los diversos sembríos de la zona.

En Guayas, según proyecciones al 2010 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), el 16% de sus habitantes (más de 600.000 personas) viven en sectores rurales.

Dieta alta en carbohidratos y baja en vitaminas

Una situación común en los hogares con bajos recursos económicos, no necesariamente rurales, como explicó la nutricionista Jenny Zambrano, quien ha colaborado con el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, es el poco acceso a una alimentación variada.

Esto deriva en que el organismo no genere defensas suficientes para resistir a las enfermedades. “Parece mentira, pero la gente del campo se alimenta mucho mejor que la gente de la ciudad”, comentó Zambrano.

Alimentos ricos en antioxidantes (frutas) y vitaminas (verduras) están al alcance de los habitantes rurales. “Esto no quiere decir que no se enfermarán pero  su tratamiento y medicación son menos complicados”, acotó Zambrano.

Mientras, en zonas periféricas urbanas, la alimentación consiste básicamente en carbohidratos y almidones (pan, fideos, papa, yuca y arroz).

“No hay aporte de vitaminas suficientes y las defensas disminuyen; lo que para gente bien alimentada es una tos, se vuelve hasta tuberculosis en gente mal alimentada”, aseguró Zambrano.

“Toca ajustarse a lo aprendido de los abuelos”: Carlos

En un cajero ubicado en la calle Julián Coronel, cerca del hospital Vernaza, Carlos M., de 43 años, esperó pacientemente su turno para retirar 80 dólares para la primera parte del tratamiento contra la TB que afecta al mayor de sus hijos.

Es la primera vez que Carlos viene a Guayaquil. Hace dos semanas,  dejó momentáneamente su casa en el recinto Tres Postes, ubicado entre los cantones Jujan y Yaguachi en la provincia del Guayas.

Carlos esperó a que la última persona que retiró efectivo en el dispositivo automático se fuera del sitio para confesar que en su vida había utilizado “un aparato de esos” y solicitó ayuda para usarlo. “Ya es cosa de mi hijo, a él le ha ido muy bien en la ciudad”, dijo Carlos. La tarjeta usada, efectivamente, era de su primogénito.

A Miguel, hijo de Carlos, le tocó pedir asistencia de su progenitor para sobrellevar la tuberculosis que lo afecta desde hace un mes y para ello prefirió la atención en un hospital privado.

Con un notorio acento montubio, Carlos afirmó que conoce poco de la enfermedad, al menos, con ese nombre. “Allá le decimos peste blanca”, indicó.

Y de eso murió su padre, hace más de 20 años. “Recuerdo que mami Zoila (su abuela paterna) se negó a traerlo a la ciudad porque decía que aquí uno se moría más rápido y que para eso, su hijo moriría a su lado”, recordó Carlos.

Era “una tosedera terrible” lo que afectó al padre de Carlos, la misma que actualmente tiene Miguel. “A mi papá le colocaban compresas de agua  fría y se le daba agua de llantén, eso le calmaba la tos a ratos”, recordó.

Cuando su hijo lo llamó al celular que le compró, el cual aprendió a manejar “a las bravas”, Carlos le recomendó el mismo remedio de la “mami Zoila” cuando conoció de los síntomas.

“No quiso hacerme caso”, comentó Carlos. “A nosotros nos toca ajustarnos a lo aprendido de los abuelos para curarnos y defendernos así de enfermedades como ésta”.

Ahora, su hijo permanece encerrado en una vivienda “que para su suerte” está cerca del hospital Vernaza. Con receta en mano, Carlos se dirige a una farmacia para comprar los medicamentos.

Una vez con las cuatro cajas de pastillas adquiridas, Carlos regresa a la casa de su hijo. “Deberá comenzar, quiera o no, con agüitas de hierba ¿Cómo yo no me enfermé de la peste blanca”, dijo Carlos.

Mayor dificultad en zonas apartadas

Clara Freile, responsable nacional del programa de control de Tuberculosis del Ministerio de Salud, afirma que esta enfermedad es común en provincias grandes donde hay mayor población porque se presentan más casos de insalubridad, pobreza, y hacinamiento.

En Guayas, por ejemplo, donde existen casi 4 millones de habitantes, según proyecciones del INEC, existe una tasa de incidencia del 62.11%, y un índice de prevalencia del 72,36%.

En 2010, dos de cada tres guayacenses, se enfermaron por primera vez de TB; mientras que en 7 de cada 10 personas con TB, la bacteria BK (el agente transmisor) prevalece al tratamiento iniciado en años pasados.

José San Miguel, director del centro de salud de la Isla Trinitaria, admitió que la situación es preocupante. “Por ello se mantienen campañas permanentes de información sobre la enfermedad”, acotó.

El error más recurrente, comentó San Miguel, es el abandono del tratamiento. “Hacemos el seguimiento respectivo pero no falta quien, incluso, se cambia de domicilio”.

Los departamentos de tratamiento de la TB, dentro de los centros de salud pública de Guayaquil, están ubicados de tal manera que los pacientes pueden practicarse los exámenes y recibir medicación de forma reservada y apartada de otras áreas.

“Además del hacinamiento de viviendas y la mala alimentación, nos toca lidiar también con la discriminación”, acotó San Miguel.

Los esfuerzos del Ministerio de Salud, incluso con la implementación de estrategias internacionales por más de diez años, deben ser complementados con acceso a viviendas dignas y alimentos saludables, concluyó San Miguel.

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