Faro del Santa Ana “ilumina” a los grafiteros y enamorados

04 de junio de 2012 - 00:00

David Herrera visitó por penúltima vez el faro del cerro Santa Ana cuando la seguridad privada del sector, considerado como zona regenerada, dejó de laborar en marzo de este año. Su predilección es poder ver una imagen panorámica de la ciudad y tomarse fotos en el lugar.

Para entonces, “si encontraba grafitis en las paredes eran pequeños y casi imperceptibles”, comentó Herrera. En su última visita, la noche del sábado, la imagen del ícono de la cima del Santa Ana, en su interior, cambió para Herrera y los demás visitantes nocturnos: los grafitis ya aparecían en cantidades comparables a la de los baños públicos.

04-06-12-guayaquil-graffitti-2Los mensajes plasmados en la pared, otrora limpia de rótulos, son variados tanto en su contenido como en el color de marcadores, bolígrafo y crayones utilizados para su realización.

“Antonela perdóname”, “Te amo, Romy”, “R y M por siempre”, entre otros, son las leyendas que se pueden leer desde que se ingresa al faro, se sube las escaleras y se llega hasta el mirador en la cima del lugar.

Ni siquiera los ventanales se salvaron de que algún enamorado dejara señalado su admiración por alguien del sexo opuesto.

Hay grafiteros que dejan hasta el número de celular para algún interesado que desee conocer a otras personas. Martha Romero quedó perpleja de lo que vio en el lugar. La última vez que estuvo en el sitio fue cuando paseó con su familia en diciembre del año pasado.

“La gente no sabe cuidar... mucho menos los colegiales y universitarios que creen que plasmar sus nombres en paredes ajenas es sinónimo de amor”, se quejó Romero.

04-06-12-guayaquil-graffitti-3Los moradores del lugar aseguraron que durante la ausencia de guardianía privada, cerca de dos meses, fue el lapso que aprovecharon los grafiteros para agredir la obra municipal.

Actualmente, miembros de la Policía Nacional y Metropolitana recorren las escalinatas de la zona regenerada del cerro Santa Ana.

Sin embargo, la seguridad en el sector del faro es mínima, según Dixon Mendoza, propietario de un local del sector.

“Los pocos guardias privados que hay no resultan apoyo para evitar que rayen las paredes no solo del faro, sino también de las casas de los vecinos”, afirmó Mendoza. Sostuvo que son estudiantes de colegios que más se animan a subir hasta el faro en horas de la tarde.

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