La basura del estero llega desde las calles de Guayaquil

- 19 de mayo de 2018 - 00:00
La basura es más visible durante los días de marea baja, según los habitantes de los sectores afectados por la contaminación.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

Los habitantes de los sectores afectados por la contaminación señalan que los desechos llegan arrastrados por la marea y las lluvias. En algunos sitios el color del agua evidencia la degradación del estuario, según especialistas.

Jairo Mendoza, de 71 años, se sienta en la banca de un pequeño parque ubicado en la 22 y Maracaibo, a pocos metros del sector de La Chala, en el suroeste de Guayaquil.

A su izquierda, un recolector de basura de la empresa Visolit observa con impaciencia a un compañero que maniobra la lancha que lleva las fundas de desechos recolectados. La embarcación no puede ingresar hacia donde está el trabajador, la marea alta impide su paso por debajo del puente de la calle Carlos Guevara.

Mendoza comenta que la escena es recurrente cuando la cota del agua es elevada. “Allí esperan ratos a que baje para recoger la basura”.

¿Y siempre hay basura? El ciudadano contesta que eso existe desde que era un niño, cuando recién llegó al sector... Que con el aumento de las casas cambió el color del estero de negro a verde.

Visolit es la firma contratada por el Municipio de Guayaquil desde 2003 para que realice no solo una limpieza intensiva en las riberas y el espejo de agua, sino también campañas de reforestación y de concienciación sobre el manejo de desechos.

Sin embargo, parece una batalla perdida. En esta semana, Bolívar Coloma, director municipal de Ambiente, reconoció que la cantidad de basura recogida de los estuarios aumentó a 700 toneladas mensuales. Hasta 2014, el Ministerio del Ambiente reportó 360 toneladas.

El personal de Visolit trabaja en los sectores de Puerto Lisa, Mogollón, Palanqueado, Las Ranas, El Muerto, La Chala, las Malvinas y Batallón del Suburbio. De estos, los sitios donde se observa más cantidad de desechos son La Chala, Las Ranas, Mogollón y Puerto Lisa.

Pero en el panorama general, ningún estero de la ciudad está libre de desechos. Ni siquiera en zonas regeneradas como el malecón del Salado, ubicado frente a la avenida Barcelona.

Cerca del puente de la 16, Gina Guerra, de 53 años, comenta que la mayor parte de la basura que se observa desde su casa no proviene del sector. “La corriente la trae desde el sur, imagino que desde el Batallón del Suburbio o el Cristo del Consuelo”.

Mientras que en la orilla opuesta, en los sectores de Bellavista y San Eduardo, los transeúntes señalan que las fundas de basura son colocadas en calles ubicadas en pendientes y, por efecto de la gravedad, terminan sobre el estero. En marea baja se observa desde pelotas hasta pedazos de muebles.

El color que se observa en la superficie de los estuarios es otro factor que varía de acuerdo al sector. En sitios más abiertos como los esteros del Muerto y Cobina existe un tono negro y más brillante, mientras que en sitios más angostos es verde y más opaco.

Paola Calle, subdecana de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Espol, explica que la apariencia del espejo de agua está sujeta a los niveles de toxicidad. “Buena parte del líquido que ingresa al estero tiene una elevada carga de químicos y descargas de agua no tratadas”.

Calle señala la responsabilidad a los asentamientos residenciales e industriales.

Para los próximos días, el Cabildo emprenderá sanciones y clausuras contra siete empresas. (I)

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