Contaminación y daños a la salud produce la quema de “años viejos”

- 27 de diciembre de 2018 - 08:42
Los monigotes gigantes, cuyo costo bordea los $ 300, son populares en la calle 6 de Marzo de Guayaquil, único sitio autorizado para su venta.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

Médicos particulares y de hospitales advierten sobre las emanaciones que se generan durante el ritual que se repite cada 31 de diciembre. Los expertos recomiendan que se incinere muñecos pequeños y se evite la pirotecnia.

Las recomendaciones han sido dadas por médicos, bomberos, policías y funcionarios gubernamentales, pero en la festividad de Año Nuevo parecería que hubiese un solo objetivo para la mayoría de ciudadanos: quemar monigotes a punta de combustibles y pirotecnia.

No importa si el muñeco es de aserrín, cartón, madera, papel o poliestireno expandido (espumafón)... El Año Nuevo es recibido con ruido y grandes cantidades de dióxido de carbono, producto de las miles de hogueras que se encienden en el país.

La noche del 31 de diciembre solamente Guayaquil genera la cuarta parte de la contaminación que se produce durante un año, según estudios realizados en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

El humo que genera la quema de “años viejos” representa una mezcla altamente tóxica, advierte Francisco Plaza, oncólogo de la Fundación contra el Ruido, Ambiente Contaminante y Tabaquismo (Funcorat).

Monóxidos y dióxidos de carbono y azufre, entre otras sustancias volátiles como mercurio, aluminio y plomo, forman parte de la combustión. “Todos son altamente cancerígenos”, dice Plaza.

El problema no termina con las afectaciones para los seres humanos. Durante y después del proceso de quema se genera un daño colateral contra la naturaleza, acota el oncólogo.

La fauna y la flora urbana son los primeros en recibir la carga de monóxidos y dióxidos y, si se presentan lluvias, los restos terminan en las fuentes hídricas. “El agua que usamos y los peces que consumimos llevan una parte de todo lo que se quema”, comenta Plaza.

Los residuos metálicos demoran hasta 400 años en diluirse en el agua, mientras que en el aire se dispersan totalmente luego de seis meses, afirma Raúl Paz, excatedrático de la Espol. “Es decir, pasamos la mitad del año aspirando lo que se quema en una sola noche e ingiriendo por varias generaciones comida contaminada debido a lo que se hace en una hora”, asegura.

Incluso la pintura que se usa para decorar las figuras tiene, en ocasiones, plomo, una sustancia que se mezcla con las nubes y luego regresa en forma de lluvia ácida.

Plaza, quien trabajó en el Instituto de Ciencias Químicas de la Espol, admite que el problema pasa por un tema cultural.

Actualmente se venden cigarrillos con imágenes de los efectos que generan en el sistema respiratorio y existen campañas sobre las mutilaciones que se presentan por manipular pirotecnia. “En la práctica, a la gente parece no importarle”, lamenta el excatedrático.

Aunque los fuegos artificiales son mayormente asociados a quemaduras y mutilaciones, también pueden causar daños auditivos y visuales, afirma Jenny Zambrano, del hospital de Niños Francisco de Icaza Bustamante.

Los efectos llegan a niveles leves o severos. En el caso del sistema auditivo, se presentan casos de tinnitus, término usado para describir sonidos imaginarios en el oído (zumbidos). “Los daños pueden ser irreversibles”, advierte Zambrano. En ocasiones, el tinnitus empeora causando trastornos de sueño y problemas de concentración.

Mientras que las lesiones oculares tienen menor incidencia en comparación con los daños auditivos y lesiones corporales. Sin embargo, no por ello dejan de ser menos graves, comenta Fernando Quintana, quien ha colaborado en la Unidad de Quemados del hospital Luis Vernaza.

La recomendación general es que se evite manipular pirotecnia y exponerse por un tiempo prolongado a la quema de monigotes. Además, se sugiere optar por muñecos más pequeños si despedir el año con una fogata se vuelve una necesidad. (I)

Efectos
Los niños sufren más daños  
Según las cifras proporcionadas por los hospitales de Niños Roberto Gilbert y Francisco de Icaza Bustamante, la mayoría de los afectados por quemaduras durante las celebraciones de Año Nuevo son niños mayores de 10 años.      

36 personas presentaron quemaduras en los dos hospitales, durante el 1 de enero de 2018.

Pena por pirotecnia ilegal
De tres a cinco años de prisión es la pena que contempla el COIP para la persona que fabrique, suministre, adquiera o comercialice pirotecnia sin autorización. (I)

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