Afiliados del IESS dejan la obesidad y sus complicaciones

13 de septiembre de 2011 - 00:00

Osvaldo Mendoza tiene 53 años y el estómago de un niño.  “Así me dijo la nutricionista. Como poquísimo y me siento satisfecho. Cuando me alimento en exceso empiezan los dolores en la boca del estómago”, describe este chonero, que es afiliado al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

Las reacciones que experimenta su cuerpo responden a que hace 12 días se sometió a un nuevo servicio quirúrgico que ofrece el IESS a sus afiliados: la cirugía bariátrica laparoscópica.

Esta operación a la que ya se han sometido 11 personas,  no requiere de drásticas incisiones en la cavidad toráxica del paciente y se practica desde hace dos meses en el hospital “Teodoro Maldonado”,  ubicado en el sur de la ciudad.
Para el efecto se realizan pequeños cortes en el abdomen  a través de los cuales ingresa una cámara y las pistolas que se usan en este procedimiento. El médico observa el interior, en una pantalla que registra las imágenes grabadas por el equipo insertado en el estómago.

Trino Andrade, uno de los dos profesionales que realiza esta cirugía, guarda entre sus archivos una serie de fotografías que explican cómo se ejecuta esta intervención.

En el bypass y la manga se utilizan  pistolas de plástico, similares a las que se empleaba en las primeras consolas de  Nintendo, que en su extremo superior tienen un hueco para ingresar grapas y una cuchilla. “La pistola, corta y sutura la sección del estómago que se va a reducir, finalmente el órgano adopta el tamaño de un puño”, explica Andrade.

El médico que hace un bypass gástrico, achica el estómago y sube el intestino, así inhabilita dos o tres metros de este último para que no absorba los alimentos ingresados.

Andrade recomienda la manga gástrica a los pacientes cuyo estado de salud no les permite estar mucho tiempo en el quirófano; y el bypass a los obesos diabéticos, porque  normaliza el azúcar en la sangre.

Este síntoma de la diabetes, dolores en la espalda y articulaciones e hipertensión arterial severa -señala Andrade- son las complicaciones principales que presentan los obesos, con un índice de masa corporal mayor a 30. “Son pacientes que ya no pueden dejar de comer de forma compulsiva y se ponen en riesgo de muerte; esos son los primeros candidatos para realizarles la intervención”, dice el médico.

Mendoza, por ejemplo, experimentaba esa situación. Aficionado a la comida típica de la Costa, tenía dos años intentando perder algo de las 330 libras que soportaba su cuerpo de un metro y 62 centímetros.

“Primero hice la dieta con la nutricionista, pero no podía bajar y tenía problemas graves porque soy diabético” .

Después de la intervención realizada hace 12 días, su nivel de azúcar en la sangre bajó de 300 a 170; también ha logrado reducir una libra de peso diaria.

Actualmente hay veinte personas que esperan ser intervenidas con estas técnicas en el IESS.

Gladys Nájera, la nutricionista encargada de acompañar al paciente en el proceso previo y posterior a la cirugía, detalla que la persona que que aspira perder peso con esta intervención, primero debe practicar una dieta, y dejar atrás entre el 10% y  el 15% de su peso.

“Una vez realizada la operación, tiene que pasar por una serie de cuidados y su alimentación será por fases: sólo ingerirá líquidos y luego consumirá los sólidos”, dice.

Lourdes Paredes, una contadora de  36 años, se recuerda como “una bolita, chiquita y gordita”. Esa imagen cada vez se aleja más de su concepción personal.

“Con mi 1,53 de estatura, yo pesaba 183 libras, el problema es que sólo consumía una comida grande al día y eso me llevó a dañar mi metabolismo”.

Desde que ingresó al quirófano el tres de agosto  ingiere 6 porciones diarias y ha perdido 23 libras .

Lourdes intentó en años pasados bajar de peso siguiendo los tratamientos algunos centros estéticos, pero nunca consiguió resultados que pudiera mantener a largo plazo.

“Siempre subía todo lo que había perdido. A mí me operaron en el IESS porque el sobrepeso me estaba causando severos dolores en la espalda, que ya no los tengo desde que me hicieron la cirugía”, señala.

$ 10.000 es el valor comercial de este procedimiento, sin embargo, los afiliados no deben cancelar los costos de la intervención, pues es uno de los beneficios a los que tienen derecho. Para Andrade, esta operación significa una serie de ganancias para la sociedad y el paciente. “Los obesos se enferman mucho, tienen problemas de presión arterial y diabetes, además casi siempre están aislados en sus casas, no trabajan y no pueden aportar a su bienestar o la sociedad. Con esta cirugía vuelven a reinsertarse en las prácticas que habían abandonado”.

A este programa de cirugías ingresan en mayor medidad  las personas que sufren obesidad por exceso en la alimentación, no las que adolecen de hipotiroidismo, este último grupo  recibe una medicación especial  que casi siempre revierte el desorden hormonal.

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