La Tricolor sub-17 celebra la clasificación en familia
El grito de “¡Sí se pudo!” retumbó en la sala de arribo internacional del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, cuando los familiares de los seleccionados ecuatorianos sub-17 vieron salir a los jugadores y cuerpo técnico que consiguió una esforzada clasificación al Mundial de la categoría.
Al llegar a la última jornada del Sudamericano, disputado en Perú, las posibilidades de la “Mini-Tri” se sostenían en una victoria por más de tres goles sobre Argentina, equipo que había sido el más regular del hexagonal final y que se consagraría campeón.
Sin embargo, en el combinado nacional, que estará en el Mundial a desarrollarse del 2 al 24 de noviembre en Brasil, y entre sus familiares, nunca se perdieron las esperanzas; siempre creyeron que era posible.
Esa fe en sí mismos y en jamás bajar la cabeza o darse por vencidos es una de las cualidades de estos jugadores y el cuerpo técnico, dirigidos por Javier Rodríguez, quien en suelo brasileño disputará su cuarto Campeonato del Mundo, tres con la sub-17 y uno con la sub-20.
“Todo el mundo juega bien, pero la técnica, la táctica y estrategia no alcanzan cuando no hay corazón, carácter, voluntad, valores; y eso aquí lo tenemos... y mucho”, dijo el entrenador antes de viajar a Perú para jugar el torneo, que también clasificó a Argentina, Paraguay y Chile.
Desde pequeños, estos 23 futbolistas mostraron tener objetivos claros, como los casos de Roberto Cabezas y Hansel Delgado, quienes con 11 años, cada uno, aceptaron la propuesta de Independiente del Valle para viajar a Quito a desarrollar sus carreras en el fútbol, a pesar de la oposición de sus madres.
“Cuando se vino a jugar a acá (Quito) dije no, porque era un hijo de casa, pero él me dijo: ‘No mamá, estoy donde me gusta y quiero ser futbolista’, entonces retiré mis palabras y le di mil bendiciones”, recordó Carmen Tadeo mientras esperaba la salida del zaguero central Delgado.
El lateral Roberto Cabezas recibió el cariño y aprecio de sus familiares en el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito. Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo
Así como Hansel fue de Ibarra (norte), donde residía con su familia, Roberto también salió, desde su natal Quinindé (Esmeraldas), a la capital a buscar su sueño en el cuadro del Valle. Cuando esto ocurrió, Cabezas tenía 11 años, la madre, Yanaira Simisterra, sintió temor por el futuro de su hijo.
El lateral izquierdo se crió en la escuela de fútbol que su papá, José Luis Cabezas, tiene en la ciudad esmeraldeña. “Y cuando no lo llevaba, se ponía a llorar”, contó su progenitora. “Siempre tuvo constancia y perseverancia, por eso cuando llegó la oferta de Independiente no dudó y nosotros al ver esa decisión lo dejamos ir”, contó la orgullosa mamá.
En el Sudamericano, Ecuador sumó 12 puntos, marcó 12 goles y recibió 13. Además, tuvo goleador del torneo, Johan Mina (6), quien ganó el premio al Juego Limpio. (I)
Marco Angulo recibe el afecto de sus familiares al arribar a Quito, tras obtener la clasificación al Mundial. Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo
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