Marta quiere dejar un legado de igualdad

- 19 de junio de 2019 - 21:45
Nadie ha marcado más goles que ella en Mundiales femeninos o masculinos.
Foto: FIFA

La brasileña busca en Francia lo que le falta: el Mundial.

La futbolista brasileña Marta Vieira Da Silva se convirtió el martes 18 de julio de 2019,  en la única poseedora del récord de goles marcados en Mundiales de fútbol, masculinos y femeninos, con 17 goles en cinco mundiales.

La delantera de 33 años anotó de penal (74’) contra Italia -en el último partido de la fase de grupos para Brasil, en Valenciennes- su gol número 17 en un torneo mundial, superando por un tanto al alemán Mirsoslav Klose (16 goles en cuatro Mundiales), y a su compatriota Ronaldo Nazario, con 15 goles.

En la categoría femenina supera a la alemana Birgit Prinz (cinco ediciones) y a la estadounidense Abby Wambach (4 ediciones), con 14 goles cada una.

Esta jugadora ha roto los estereotipos del fútbol y se ha instalado en lo más alto de la tabla de goleadores mundiales. El fútbol vence los prejuicios y Marta lo hace.

Con el resultado obtenido por Brasil sumó seis puntos en el Mundial de Francia, al igual que Italia y Australia.

Los goles de Marta rompen barreras

“Romper récords es algo que sucede naturalmente cuando hay dedicación, cuando se trabaja con amor. Estamos rompiendo muchas barreras. Este récord es para las mujeres en un deporte que, para muchos, es solo masculino”.

La futbolista Marta ha escrito su nombre en la historia del balompié con sus 17 goles en los Mundiales de fútbol. No se imaginó llegar a ese número y su felicidad estaría completa si consigue el título que le falta: el Mundial.

Subcampeona en China 2007, en Francia, la delantera brasileña pretende alcanzar la corona faltante. Ya ganó la Copa América, obtuvo dos medallas de plata en los Juegos Olímpicos, alzó la Copa Libertadores con el Santos de Brasil y fue figura con el Umea IK de Suecia al ganar la Champions League.

Pero más allá de los títulos y los récords, la deportista quiere dejar un legado de igualdad en el fútbol, por la lucha que ha encabezado desde hace 19 años, cuando empezó a jugar. “Es una conquista para el fútbol femenino. Siempre pedimos más apoyo, que haya desarrollo. Es el reconocimiento a algo que llevamos haciendo muchos años. Es importante y pedimos que no sea pasajero. Nuestra generación, no solo la de Brasil, sino la de otros países, va a pasar, y esperamos que las próximas puedan aprovecharlo”, dijo.

En una entrevista con la FIFA, cuando le preguntaron que cómo le gustaría ser recordada en el fútbol, la atacante de 33 años respondió: “Pienso en los partidos, en los goles que he marcado. En los títulos. Pero creo que sería más importante ser recordada por el hecho de haber buscado —junto a muchas otras deportistas— mejoras para esta disciplina, haber dejado un legado para las próximas jugadoras que vengan”.

A sus 33 años aún siente que tiene mucho por dar. Desde su estreno en el Vasco Da Gama en 2000 y su actualidad en el club Orlando Pride de Estados Unidos, la brasileña ha destacado por su consistencia. No por nada fue elegida por cinco años consecutivos como la mejor jugadora de la FIFA, entre 2006 y 2010.

El talento escondido

Además de la naturalidad con la que anota goles sobre el campo, también apareció una faceta fuera del terreno de juego. La futbolista toca el cavaquinho -instrumento de cuatro cuerdas, más pequeño que una guitarra- que se utiliza en la samba.

Ella llevó el pequeño instrumento a Francia y siempre se lo ve junto a él, ya sea en el bus que los lleva a los partidos o dentro del camerino.

Para la FIFA cantó, acompañada del cavaquinho, una canción que ella la considera un “himno”. "¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, ¿quién dice que el fútbol no es para mujeres? Te lo voy a mostrar, tonto, solo tira un balón a mis pies”, dice la canción.

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