Punto de vista

Grandes que no jugaron un Mundial

- 09 de junio de 2014 - 00:00

Punto de vista

La lista la encabeza el Charro José Manuel Moreno. Argentina tenía, al menos eso dice El Gráfico, el mejor equipo del mundo, con Moreno como Maradona y Messi juntos. La II Guerra Mundial y su devastación impidieron la realización de los campeonatos que debían realizarse en 1942 y 1946, y junto al ‘Charro’, Pedernera y Lostau se perdieron la copa. También la Guerra Civil Española fue responsable de la ausencia de Isidro Lángara, exquisito jugador republicano, mezcla de Iniesta y Raúl. Lángara jugó el 34, pero en su mejor momento, entre el 36 y el 45, el fútbol y la vida desaparecieron del planeta. Igual suerte corrió el mejor jugador de Paraguay de todas las épocas, Arsenio Erico.

Alfredo Di Stéfano, uno de los 5 mejores jugadores de la historia, quien debutó con la celeste y blanca en el Sudamericano de Guayaquil de 1946, y detestaba la humedad y los grillos, se enfundó la roja española para jugar en Chile 62, pero una lesión impidió su presencia.

Su gran rival, como armador y cerebro del Barça, fue Ladislao Kubala, húngaro, quien huyó de todos los regímenes incubados por Stalin, y de trotamundos pasó a representar a Checoslovaquia, Austria y finalmente España; pero el tiempo lo había vencido y nunca llegó a un Mundial.

Alberto Spencer, el más grande jugador nacido en nuestra tierra, y que marcó el primer gol de una selección charrúa en Wembley, no accedió a nacionalizarse  uruguayo, y su romance con Ancón y Guayaquil, con el Ecuador entero, impidió que el mundo admire a uno de los más dotados delanteros de la historia. Jugó las Eliminatorias de 1965 con la ‘Tri’, pero la FIFA le debía demasiado a Chile, que había organizado el Mundial anterior, y nos eliminaron, pese a tener un equipo formidable, aunque por momentos, amateur.

George Weah jamás jugó la Copa del Mundo porque su equipo, Liberia, nunca clasificó; el genial George Best, el ‘quinto beatle’, no pudo hacerlo por haber nacido en Belfast, e Irlanda del Norte tampoco llegó a la fase final; los galeses Ryan Giggs y Gareth Bale, la misma suerte; el finlandés Jari Litmanen y el sueco Zlatan Ibrahimovic fueron y son ausencias muy sentidas, especialmente este último, porque quizá habría disputado con Messi, Cristiano, Neymar y varios alemanes la Bota de Oro de Brasil 2014.

Y, aparte de Spencer, ¿qué jugadores ecuatorianos habrían deslumbrado en un Mundial?  

Polo Carrera, sin duda, el futbolista de mayor técnica que ha dado el país, comparable a Bochini y Falcao, con una zurda que lo llevó a convertirse en el mayor ídolo de Liga Deportiva Universitaria; Jorge ‘Pibe de Oro’ Bolaños, el mayor dribleador de nuestro fútbol, integrante de la célebre delantera de Emelec conocida como ‘Los reyes magos’; el ‘Palillo’ Carlos Torres Garcés y el ‘Arponero’ Ítalo Estupiñán, estirpe esmeraldeña de calidad y vehemencia; Carlos Muñoz, el héroe de Barcelona, crack en toda su dimensión; Vicente Lecaro, ministro de la defensa, y Hólguer Quiñónez, saeta negra que parecía hijo de Celia Cruz; Jorge Chompi Henríquez, el gran amigo de García Márquez que combinaba clases de fútbol en Barranquilla con las cervezas literarias del fabulador de Aracataca. También tuvimos nuestro Puyol, que se llamaba Patricio Echeverría y ensangrentaba los domingos con su arrojo y temeridad con la casaca del América de Quito, o Tito Larrea, el wing izquierdo, como se decía.

También el ‘Chanfle’ Muñoz, que no jugaba mucho, pero que en un tiro libre era una mezcla de Roberto Carlos y Rivelino, y, por supuesto, José Voltaire Villafuerte y Enrique Raymondi Jr, sin olvidar a quien latigueó a la Liga por más de 10 años y que hiciera exclamar a Carlos Efraín Machado: “Si los brasileños tienen a Nelinho, Serginho y Edinho, nosotros tenemos a Paz y Miño”.  

Bueno, Kierkeegard decía que la melancolía es la madre de todos los pecados, así que hasta aquí de aquellos recuerdos, de quienes no pudieron cantar su himno en un Mundial, porque la pelota ya Rueda, y el técnico de la Selección Nacional deberá escoger entre la nómina un equipo certero en la defensa, sin bartoleros ni hacheros; una media que controle un poquito más el balón y no se engolosine de adrede, y, adelante, ojalá con Felipao, Jefferson y Énner tengamos la réplica de aquella trilogía asombrosa que conformaban el ‘Tin’ Delgado, Jaime Iván Kaviedes y Carlos Tenorio.

Suerte, hermanos de fútbol y esperanza.

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