En Frankenstein, el humor le puso color a la obra en blanco y negro

10 de noviembre de 2012 - 00:00

Nuevamente el director Jaime Tamariz logró cautivar a sus espectadores con cada una de las escenas de sus montajes. Esta vez lo hizo con Frankenstein, la primera obra en blanco y negro que se realizó en el país; y sobre las tablas del Teatro Sánchez Aguilar, que desde su apertura ha mantenido una cartelera de espectáculos de primer nivel.

La obra, ambientada a comienzos del siglo pasado y que se desarrolla principalmente en Transilvania, cuenta con un elenco de primer nivel como los españoles José Burgos, Ana Morgade y Paula Galimberti, al igual que los nacionales David Reinoso, Marina Salvarezza, Alejandro Fajardo y Alberto Rivera, quienes estuvieron acompañados por una veintena de estudiantes de la Universidad Casa Grande.

La función empezó a las 20:30, tal como estaba previsto. Las luces del teatro se apagaron y en los pasillos laterales aparecieron los estudiantes del doctor Frederick Frankenstein (José Burgos), acompañados de una tenebrosa música, al puro estilo de las películas de Mel Brooks, mientras caminaban lentamente hasta los bajos del escenario y gesticulaban su cuerpo y rostros pintados de blanco, como si se tratase de un filme de Tim Burton.

El Dr. Frederick Frankenstein, respetado médico conferenciante en una Universidad de Medicina estadounidense, recibe en herencia el castillo de su bisabuelo, el legendario doctor Frankenstein.

Sin embargo, ha querido mantenerse alejado de su pariente, a quien consideraba un loco, por lo que se hace llamar Fronkenstín por sus estudiantes. A pesar de esto, decide reclamar su castillo y emprende el viaje a Transilvania.

Una cortina de humo inunda el escenario y se escucha el sonido de las chimeneas a vapor del trasatlántico que conduce al joven científico hacia su destino.

Mientras el telón sube lentamente, el público se sumerge en un mundo de fantasía y realidad cuando aparece, ante sus ojos, un impresionante castillo gótico de tres pisos en medio de los efectos de luces y sonidos que asemejan una escalofriante noche de tormenta eléctrica. 

El humor comienza en el primer diálogo que mantiene el nuevo propietario del castillo con el jorobado Igor (Alejandro Fajardo), quienes dejan claro cómo se pronuncia correctamente sus respectivos nombres, entre sarcasmo y la ironía.

Luego aparece Frau Blücher (Marina Salvarezza), la ama de llaves del castillo, y a lo lejos se escucha el relinchar de caballos que pone los pelos de punta a quienes están sobre y frente al escenario.

Inga (Ana Morgade), la nueva asistente de Frankenstein, hace su aparición y desde el primer momento marca su territorio. Coqueta, ingenua y tonta son sus cualidades a primera vista, las mismas que utiliza para seducir, en todo momento, a su nuevo patrón.

Ambos descubren el laboratorio del legendario Dr. Frankenstein, temido por toda Transilvania por sus experimentos.
Igor e Inga dan al joven doctor el impulso necesario para, al igual que su bisabuelo, crear vida de un cuerpo inerte, utilizando por error un cerebro anormal.

Tras dos intentos fallidos, la criatura cobra vida y siembra el terror y el caos en toda Transilvania, contrario a lo que ocurre en las butacas del teatro, en donde las risas y carcajadas no cesan a causa de los diálogos y gestos que tienen los actores en escena.

Y no es para menos, ya que desde la primera escena, José Burgos inyecta una gran dosis de humor y mantiene cautivo a los espectadores, los mismos que al final de la obra aprovecharon la oportunidad para fotografiarse con los actores.

Burgos siguió fielmente la estética que la obra requería tal como lo planteó el director Jaime Tamariz. El actor español demostró su poder interpretativo una vez más, ya que en sus anteriores presentaciones ha desarrollado papeles totalmente diferentes, y en cada uno de ellos logra un ‘pegue’ con el público desde que aparece sobre el escenario. 

Alejandro Fajardo, en su personaje de Igor, convenció por su destreza para moverse “como bicho raro” por todo el escenario, aunque su personaje no fue tan extravagante como el que hizo Marty Feldman en ‘El Joven Frankenstein’ de Mel Brooks, que sirvió de base para esta puesta en escena. Sin embargo, la dosis de humor que puso con sus gestos y escuetos diálogos fueron esenciales para el cometido de Tamariz.   

La actriz Marina Salvarezza nuevamente dejó claro que sea el papel que desempeñe en una obra, este resulta perfecto y esencial. Alberto Rivera, quien encarnó al monstruo, destacó por la impecable biomecánica que utilizó para su personaje. Su canto, baile y drama fueron impecables en cada una de sus escenas.

Las españolas Ana Morgade y Paula Galimberti cumplieron con la exigencia de sus personajes al pie de la letra, aunque la segunda de ellas sorprendió en las últimas escenas, sobre todo por la picardía y el canto que acompañaba su actuación como Elizabeth, la prometida del doctor Frankenstein, quien al final se enamora del monstruo.

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: