Manuela descubre el mundo cuando chocan las ideologías

20 de agosto de 2011 - 00:00

Manuela ya no puede más. La única  persona que, de alguna forma podría entenderla, ya no está. A sus nueve años tiene muchas confusiones, que simplemente se rehúsa a soportar, pese a su fuerte personalidad forjada en sus creencias. Por eso, cae de rodillas sobre el piso del sótano, mira hacia arriba por algunos segundos y corre precipitadamente hacia una colina.

Lo que pasa en la cabeza de Manuela queda para la libre  interpretación del espectador (temor por vivir un desenlace semejante o cuestionamiento a un ser supremo del que se resiste a creer en su existencia). Evidentemente, Tania Hermida nunca concibió una conclusión para su largometraje “En el nombre de la hija”.

Al contrario, su intención fue plantear inquietudes al espectador. La cineasta cuencana lo reconoce como parte del proceso de concepción y elaboración de su película, que desde el próximo 9 de septiembre llegará a las salas de los cines de todo el Ecuador.

Manuela es una niña que juega a las muñecas en su casa y ocasionalmente a la escuelita en la hacienda de sus primos. Pero aquel personaje, que interpreta Eva Mecham, va más allá del perfil de una niña común. Ella se rebela ante el choque de ideologías dentro su propia familia, que empieza desde la pretensión de cambiarle su nombre por el de Dolores, el que llevan su madre y su abuela.

En  la trama, de la también directora de “Qué tan lejos” (2006), Manuela nunca había tratado a sus primos, o al menos no los frecuentaba. Su vida ha transcurrido envuelta en los libros y las historias que sus padres le contaban acerca del socialismo, al punto de coleccionar las fotografías de sus ídolos, encabezados por Karl Marx o los nombres de sus muñecas Nadia y Valentina (en referencia a Comaneci, la ex gimnasta rumana; y a Tereshkova, la astronauta rusa que viajó al espacio).

Por eso Manuela, pese a su niñez, cree discernir sobre lo que considera justo. No reconoce a Dios porque sus padres se lo inculcaron y eso choca aún más con la marcada doctrina católica casi inquisidora que ejerce su abuela Dolores (Juana Estrella) sobre sus primos Andrés (Sebastián Hormachea), María Paz (Martina León) y Emilio (Francisco Jaramillo). La abuela lo intenta con Manuela y su hermanito Camilo (Markus Mecham).

Manuela piensa que su familia ejerce un falso ejercicio religioso, a través de la marginación que sufre Pepe (Paul Curillo), el hijo de la empleada; o el encierro del esquizofrénico tío Felipe (Pancho Aguirre, quien ya trabajó con Hermida en “Qué tan lejos”, con el personaje Jesús).

Como espectadora, la misma Hermida considera que hasta cierta edad los niños tienen la tendencia de creer “una verdad única” a la que se aferran, sin que esa haya sido su intención con su filme.
La cinta  se rodó en agosto del año pasado y para ello  contó con la ayuda de la productora Paula Parrini y de Luis Cañizares para seleccionar al elenco infantil entre los 1.300 niños que acudieron a las audiciones en Quito, Cuenca y Gualaceo.

“En el nombre de la hija” fue filmada en 35 milímetros con una edición de imagen y sonido que se realizó en Quito, y una mezcla dolby stereo en Tauro Digital (Buenos Aires, Argentina).

La obra  acierta con el equilibrio que se establece entre lo real y la fantasía dentro de la niñez que viven Manuela y Camilo, a través de “Corazón”, la novela de Edmundo de Amicis o “Alicia en el país de  las maravillas”, de Leslie Carroll.

No obstante, se percibe una forzada adultez de sus protagonistas, que de una u otra forma les resta un poco la candidez infantil. El sentido de aventura probablemente se resuelve con el descubrimiento de la prohibida morada del tío Felipe, pero más por la rebeldía de Manuela que por  la curiosidad propia de los niños.

Hermida reconoce que de ellos aprendió mucho durante el rodaje, especialmente de Markus Mecham, el más pequeño, con seis años, quien consideró algunas líneas como “ilógicas” y que la cineasta terminó cambiando para que sus personajes sean más creíbles.

Sorprende la aparición de Marianita (Fabiola León), la prima que no vive en la hacienda, pero  conduce a los niños por ella, situación que podía resolverse con cualquiera de los otros niños.

“En el nombre de la hija” puede verse como una alerta sobre la manera que  podría influenciar la imposición de ideologías en la personalidad de los individuos, o simplemente observar los conflictos de una Manuela que cede porque, a fin de cuentas, es una niña vulnerable como cualquier otra. La interpretación e inquietudes son libres, tal como quiere su autora.

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