Los antagonistas han generado sintonía en cine y TV

- 28 de abril de 2018 - 00:00
Bonnie y Clyde narra la vida de dos villanos que se enamoran y recorren el medio oeste, oeste y sur de EE.UU. cometiendo todo tipo de fechorías.
Foto: cortesía de Raúl Carchi

Desde siempre, los villanos o personajes sombríos son los que más llaman la atención.  En la literatura podemos destacar a Tom Ripley, personaje central de la serie de novelas escritas por Patricia Highsmith; Ripley es un asesino en serie, pero que posee una cultura muy amplia.

Además es descrito como una persona de mucha elegancia en cuanto a su aspecto y sus métodos de asesinato, convirtiéndolo en un atractivo personaje. 

En la música podemos destacar a músicos de culto como Marilyn Manson o Rob Zombie que, sin quitarles el mérito de su excelente aportación a la escena musical, han utilizado su imagen de “malos” para atraer millones de adeptos, que además de ser fanáticos de su música también lo son del personaje ficticio que han creado.

En el cine también hemos presenciado este fenómeno desde siempre, como es el caso de Bonnie y Clyde (1967), cinta que narra la historia real de los asaltantes desde el punto de vista de estos, convirtiéndolos en protagonistas. Esta cinta dota de atractivas características a sus personajes.

Aunque en aquella época, la mayoría de las películas que contaban con delincuentes como protagonistas, eran pertenecientes al denominado cine de explotación (películas sensacionalistas o moralmente inaceptables que carecían de calidad estética).

Actualmente este fenómeno lo vemos aún más arraigado en la cultura popular, aunque enfocado más a personajes reales como Pablo Escobar o El Che Guevara, de quienes se han realizado películas y series. 

El toque cinematográfico resalta a muchos de estos, dotándolos de estilo y de cualidades admirables, el resultado fue que se convirtieron inconscientemente en ídolos. 

La serie Narcos y la telenovela Escobar, el patrón del mal son un ejemplo. En el cine, cintas como Pacto Criminal (Black Mass), Inhala (Blow) o Barry Seal: Solo en América (American Made), todas basadas en hechos reales, se enfocan en el glamour y la vida de lujos que el crimen puede proporcionar. (I)   

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