Tolerancia

- 19 de junio de 2019 - 00:00

El miércoles 12 de junio de 2019 quedará marcado en la historia del Ecuador. En ese día, la Corte Constitucional, el más alto tribunal del Ecuador, recordó que nuestra Constitución señala que somos iguales ante la ley y que nadie debe ser discriminado por razones de “etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil”.

Con esos antecedentes, dictaminó un fallo en el que señaló que “por la atención más favorable de los derechos, el derecho al matrimonio reconocido a parejas heterosexuales se complementa con el derecho de parejas del mismo sexo a contraer matrimonio”.

La sentencia fue aprobada con cinco votos frente a cuatro en contra. Una vez conocida desató una ola de reclamos y señalamientos de las personas que están a favor del matrimonio igualitario y de las que están en desacuerdo.

La confrontación ha ido aumentando de temperatura, los desacuerdos se convirtieron en amenaza y han dado inicio a una espiral en la que deben prevalecer la tolerancia, el respeto y el diálogo.

Al parecer, algunos sectores de la sociedad no entienden que el país entró en otra dinámica, que la época de confrontación, de descalificación, de una verdad absoluta, quedó atrás. Y es tarea de toda la población ecuatoriana sepultarla y asumir que ahora vivimos días de diálogo, de sentarse a intercambiar ideas, propuestas, con respeto y altura.

Muestra de esto es que el Gobierno Nacional lanzó, a inicios de año, un proceso de Diálogo Nacional con el objetivo de que los diferentes sectores sociales, organizaciones y ciudadanos del país delineen el Ecuador que queremos ser y tener en 2030.

Sentarse a dialogar no es fácil, más en un país en donde por mucho tiempo se implantó un discurso de una sola vía y los intentos por abrir un intercambio de ideas fueron aplastados por una maquinaria de injurias.

Pero probemos, hagamos el intento, demostremos a nuestros hijos que somos gente tolerante, que da y recibe argumentos y que está dispuesta a escuchar. Todavía estamos a tiempo. (O)