Por nuestra salud y la de los demás

15 de junio de 2011 - 00:00

El doctor Manuel Medina Castro, que no era médico, solía decir enérgicamente: “No puedo aspirar lo que otro expele; me niego” ante la grosería de encender un cigarrillo en su entorno.

Eran tiempos en los que el ritual masculino y femenino del encantamiento se complementaba con el acto o simulación de fumar. No había película en la que el galán, héroe o villano, prescindiera del placer de sentir el frágil objeto blanco en la comisura de los labios para lucir sensual y varonil. Sin embargo, años después, cifras aterradoras se encargaron de borrar la nostalgia por los tiempos idos: no menos de  cuatro mil sustancias tóxicas estaban mandando  a la tumba a millones de personas, a través del enfisema pulmonar y formas sutiles de cáncer.

¿Y quién dejó  que pasara esto? Todos y nadie.

Del veleidoso mundo  de los ricos y famosos se filtró la costumbre y pasó a ser un vicio en los estratos más pobres del tercer mundo, mientras un pequeño sector de la ciudadanía, al que no se le había pegado la adicción, se preguntaba con curiosidad y malicia: Si el consumo activo y pasivo del humo del cigarrillo es tan dañino, ¿por qué no lo han prohibido? Porque nadie ha podido ocultar que su cultivo y comercialización le generaba al fisco estadounidense millonarias cantidades de dólares, hasta que un día las autoridades de salud comprobaron que era mucho más caro administrar los estragos dejados por la próspera industria que desbordar las arcas.

Con estos antecedentes, y posiblemente muchos otros que ignoramos, la Comisión Especializada Permanente del Derecho a la Salud de la Asamblea Nacional decidió cerrar otro capítulo en la vida frívola de los ecuatorianos, al aprobar la Ley para el Control y Regulación del Tabaco.

En adelante, y si el Ejecutivo no incluye cambios para su promulgación, todo tipo de publicidad en los medios de comunicación,  el patrocinio a cualquier actividad y el consumo de los productos de las tabacaleras en espacios cerrados, públicos y privados quedarán prohibidos, y los infractores, así como los establecimientos que incumplan la ley, serán sancionados.