Cuando el poder político se convierte en un infierno

- 08 de octubre de 2018 - 00:00

Tuvieron todo a su disposición, las leyes no eran para ellos, no existía un poder más brutal que el político, que ejercían de manera autoritaria; se sintieron salvadores de la patria, elegidos por algún poder sobrenatural, la historia comenzaba y terminaba con ellos.

Así se manejaron dictadores y tiranos, presidentes que se reeligieron tantas veces como les dio la gana, con mañoserías o sin ellas; hasta que comenzaron a vivir el inevitable ocaso, el dolor de tener que entregar el poder a otro, de quedar más vulnerables a ser fiscalizados o juzgados pese a que se habían blindado muy bien. Ninguna mentira se puede ocultar por tanto tiempo y ahora esos personajes viven situaciones dramáticas y muy parecidas.

La expresidenta argentina Cristina Fernández (esposa de Néstor Kirchner, que también fue presidente) tiene varios procesos judiciales por enriquecimiento ilícito, incluso algunos salpican a sus dos hijos; Fujimori, que cumplía una pena por corrupción y abuso de poder, fue amnistiado por un presidente de Perú horas antes de renunciar a sus funciones, para compensar ciertos apoyos y acuerdos políticos en el Congreso, pero ahora tiene que volver a la cárcel, pero cree y se anticipa a decir que su corazón no va a resistir. Un vespertino quiteño, al referirse al expresidente peruano, tituló “Fujimori vuelve a su infierno”. También en el sur del continente, la justicia chilena ordenó retener la herencia que Pinochet dejó a la familia después de gobernar 16 años consecutivos sin el mínimo respeto por los derechos humanos de sus opositores. En nuestro país, un exvicepresidente está en la cárcel condenado por asociación ilícita, exministros están procesados, un excontralor prófugo.

Estos pocos ejemplos grafican la realidad de América Latina, donde las coincidencias son la corrupción, el abuso del poder, la nula capacidad de autocrítica. En política especialmente los momentos de fama alguna vez se acaban y solo se salvan los que han sido respetuosos con los derechos humanos y con sus adversarios, en definitiva los que han actuado con decencia. (O )