La migración no debe cerrar el corazón de los ecuatorianos

- 21 de abril de 2019 - 00:00

En los últimos días dos hombres murieron y una mujer quedó herida a manos de venezolanos. Como ellos hemos tenido ecuatorianos que han delinquido o delinquen en Estados Unidos, España e Italia. Esos actos cometidos por nacionales o extranjeros siempre son repudiables y dejan un mal precedente a los ciudadanos.

A inicios de año se dijo que a todo migrante que ingrese por la frontera necesitaba presentar su pasado judicial, porque dicho por los mismos extranjeros, entre los miles de venezolanos que han abandonado su país también se filtró gente con antecedentes penales. Pero eso siempre ocurre con los migrantes de cualquier nacionalidad en este país o en el exterior. Por eso, aquellos que tratan de sobrevivir decentemente aclaran que no todos son malos, que la mayoría trabaja así sea vendiendo caramelos en los buses, jugos en las calles, artesanías o pidiendo dinero.

Los ecuatorianos tenemos buen corazón y abrimos las puertas a quienes no tienen un techo dónde vivir. Estos hechos nos lastiman y nos dejan miedo, pero es necesario recordar que son aislados y no un comportamiento general de los venezolanos.  La mayoría huyó de su país en busca de mejores días, así como los ecuatorianos que cruzaron el Atlántico cuando el gobierno de Jamil Mahuad salvó a los bancos y hundió al país.

La migración no debe ser criminalizada ni inspirar la xenofobia, a pesar de casos tristes como estos. Al contrario, recibir extranjeros en un país es una oportunidad de aprender, de ampliar la mente, de convivir con otras nacionalidades que siempre resultan enriquecedoras para la cultura local. De ello dan cuenta los connacionales que están en Génova y han popularizado el voley entre los jóvenes italianos o el ceviche en las mesas del puerto por el cual zarpó Cristóbal Colón.  

Esto no significa aceptar a delincuentes, por eso pedimos a las instituciones como la Policía de Migración constatar si los extranjeros que ingresan por nuestras fronteras tienen en su récord policial cualquier antecedente delictivo. Somos hospitalarios pero estamos cansados de la violencia en cualquiera de sus formas porque solo genera más violencia, y esa no es la solución.

Pero tampoco cerremos nuestros corazones. (O)