Assange, una penosa e inútil historia de irregularidades

- 23 de mayo de 2019 - 00:00

En las redes sociales se arman debates intrascendentes que, por lo general, tienen que ver con las formas y no con el fondo de los contenidos o de lo que realmente es importante. Una de esas discusiones giraba en torno a Julian Assange, respecto a si el hecho de robar y difundir documentos secretos lo convertía o no en periodista.

El debate fue de importancia cero porque mucho más trascendente que eso fue lo que reveló la Contraloría tras una investigación que denuncia todas las inconsistencias en el otorgamiento de su naturalización y los fuertes gastos que asumió la embajada para su manutención durante casi siete años de una ociosa estadía para evitar su deportación a un tercer país.

La auditoría sobre esa prolongada permanencia, efectuada entre el 1 de enero de 2012 y el 30 de septiembre de 2018, establece que en servicios comunicacionales, gastos médicos, alimentación, lavado de ropa, pasajes y viáticos para atender al asilado se fueron $ 795.372,71.

También se señala el nombre de importantes firmas y consultorías internacionales, todas pagadas por el Estado ecuatoriano. La misma auditoría denuncia que no se pudo establecer el cumplimiento de algunos términos contractuales por $ 562.203, es decir, no fueron encontrados los sustentos para diversos pagos por el monto indicado. Lo que sí está comprobado es que la embajada pagó $ 23.602 para readecuar baños de hombres y mujeres en el espacio ocupado por el hacker.

Los gastos de internet también aumentaron y la alimentación fue contratada sin un proceso de selección de proveedores, tal como establecen las disposiciones para la contratación pública. Y no solo hubo despilfarro con los gastos del huésped; tal como se había advertido, el proceso de naturalización estuvo repleto de irregularidades, no cumplía con los más elementales requisitos para obtener la ciudadanía ecuatoriana.

Y como si fuera poco, también se conoció que el equipo de Assange lo integraban 17 personas que entraban y salían de la embajada sin restricciones, hacían fiestas y dormían en cualquiera de las cuatro habitaciones que tenía a su disposición. (O)