Ciudad inclusiva, pero no para todos, menos para los ciclistas

09 de junio de 2019 - 00:00

El país celebró y seguirá celebrando con euforia y orgullo el gran logro de la “Locomotora de Carchi”, ganador del Giro de Italia 2019. Él, un ciclista que inició su sueño con una bicicleta que rescató de la chatarra, fue, es y será ovacionado este lunes que regresará a su país, Ecuador.

Sin embargo, esa realidad, que incluye que en Guayaquil sus monumentos y edificios icónicos se hayan alumbrado de rosa en su honor, y cuyo color se tomó las portadas de periódicos nacionales y extranjeros, dista de la situación que vive el ciclista común en el país y, obviamente, en Guayaquil.

Hace pocos días, un ciclista perdió la vida por el irrespeto de un conductor a la luz roja del semáforo. Y en el diario vivir, ese ciclista que ha optado por movilizarse en estos livianos vehículos a su trabajo, centro de estudios, o que sale a pasear, es parte ya de un grupo vulnerable, pues también es irrespetado en las vías.

Muchos salen de sus hogares sin saber a ciencia cierta qué les depararán las calles de Guayaquil: un insulto, un grito, que le suenen el claxon de un carro en el oído o -incluso- salir herido al hacer una maniobra para preservar su vida.

Esta ciudad y muchas otras requieren de ciclovías que, como un carril exclusivo, no sean invadidas por aquellos que, por un interés mezquino, piensan que las vías son exclusividad de los automotores.

Guayaquil necesita un real compromiso con quienes, a más de reducir la contaminación ambiental usando bicicletas, arriesgan sus vidas y sueñan, no con una maglia rosa, sino con una ciudad que sea inclusiva para aquellos que transitan en dos ruedas. (O)