La curaduría y los textos de la publicación son de rodolfo kronfle chambers, y tiene un texto introductorio de cristóbal zapata

La obra de Eduardo Solá Franco fue disidente política, estética y socialmente

- 30 de junio de 2016 - 00:00

El impulso autobiográfico es el primer libro de la colección ‘Los nuestros’, que trabaja la Bienal de Cuenca. El proyecto restituirá la obra de algunos nombres claves del arte ecuatoriano.

Eduardo Solá Franco (Guayaquil, 1915-1996) fue marginado de la escena local que, a la defensa del papel social del arte y la literatura desde una izquierda conservadora, decidía y validaba el trabajo creativo. El escritor guayaquileño Joaquín Gallegos Lara, autor de Las cruces sobre el agua, encabezaba las operaciones amedrentadoras contra “quienes se escapaban de las coordenadas estéticas e ideológicas que dictaminaba como verdades únicas”, rememora el curador y escritor Cristóbal Zapata sobre esta historia que definió la estética que hoy resalta ‘lo nacional’.

Gallegos Lara, junto a quienes ocuparon la escena artística local a mediados de los años 40 y 50, consideraba que había que ocuparse del indio y de las clases anónimas, “en cuyo vientre se gestaba el porvenir”. Solá, a partir de su multifacética producción creativa, fue considerado desde el inicio ‘un burgués’ a quien, justificado en sus fines marxistas, Gallegos Lara le mandó a pegar, en 1932, tras la apertura de una exposición colectiva con los artistas de Alere Flamman, en la sociedad Filantrópica del Guayas.

Solá Franco ha sido considerado un disidente político, estético y social. Tras la muerte de su madre no tuvo mayores razones para volver constantemente a Guayaquil, pues vivió en el extranjero desde joven. Su trabajo se nutre de los personajes con los que se cruza en sus viajes, de su cuerpo, su diálogo con el pasado, con la mitología y su soledad. Se consideró a sí mismo un “pintor narrativo”, no en vano gran parte de su producción -junto a sus enigmas- está en sus diarios ilustrados, digitalizados por la Biblioteca Nacional de Francia, hace un año por su centenario. En su obra se encuentra su propia biografía.

Varios gestores han revertido el ninguneo en el que se acostumbró a vivir Solá en Ecuador. Pues, además, “a pesar de ser un artista lleno de paradojas, se conecta muy bien con la sensibilidad del público y los artistas de hoy”, dice Rodolfo Kronfle, historiador de arte que trabajó en la curaduría y los textos del libro Eduardo Solá Franco. El impulso autobiográfico, que se presenta hoy en el Museo de las Conceptas, en Cuenca.

Esta es la tercera publicación de Kronfle sobre el artista y la primera de una colección que publicará la Fundación Municipal Bienal de Cuenca para restituir la obra de algunos nombres claves del arte nacional.

La publicación retoma el trabajo de la exposición que se inauguró a fines del año pasado en el Museo de Arte Moderno de Cuenca, hasta ahora la más grande del autor en el país. Esta se gestionó con entidades públicas y treinta coleccionistas privados que prestaron sus obras. El proyecto recoge, además, trabajos adicionales que no han sido exhibidos ni publicados antes.

Eduardo Solá Franco. El impulso autobiográfico aporta al ‘redescubrimiento’ de Solá con material que permanece solo en archivos y fija un diálogo constante con sus diarios, que inició a los 19 años, por recomendación de su padre. “El padre intuyó o de veras comprendió, que su hijo, por su carácter y su disidencia, recorrería en soledad ese otro itinerario, que es el siempre limitado periodo de nuestra vida y, añade, porque en el diario podría volcar su yo interior, como descarga natural a los tropiezos y sinsabores de la existencia, a sus contradicciones vitales, al descontento existencial a que su temperamento le conducía, aunque sí, es verdad, además, la alegría por sus triunfos y sus logros, el pasajero contacto con los demás, sus apreciaciones estéticas, su trabajo, los capítulos de su evidente mundanidad, en fin, los episodios de su vida hechos para recordar y para que lo recuerden”, dice Irving Iván Zapater.

“El impulso autobiográfico” expone los distintos enfoques de la obra de Solá que, para Kronfle, no estaba “ausente de ideología sino que su ideología era otra. Hasta el final de sus días Solá señaló las penurias que el comunismo causó en el mundo, particularmente porque al vivir en Europa observó de cerca los abusos de los regímenes totalitarios”. (I)

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