"Hablamos un latín vulgar que ha evolucionado"

- 10 de enero de 2017 - 00:00
Soro es profesor de latín y griego, así como coordinador del área de Lenguas en el colegio Cruz del Sur.
Foto: cortesía Martín Soro

El filólogo Antonio Martín Soro defiende la necesidad de enseñar y preservar un idioma que da agilidad mental.

Antonio Martín Soro (Palma de Mallorca, España, 1975) es de los académicos que adora leer a Virgilio y a Platón, pero en su lengua original. Tiene tatuada la fecha de su natalicio sobre cada uno de los dedos y una cabellera que se prolonga hasta la mitad de la espalda, semejante a la de un baterista de heavy metal. Todo esto aparte de una actitud jovial, que admite preguntas al granel.

Con una licenciatura en Filología Clásica por la Universidad de Murcia y dos libros escritos -uno sobre teoría grecolatina y una novela sobre los ‘amores tóxicos’-, tiene 5 años en Ecuador dando clases de crítica literaria, griego y latín, ya en la Universidad Estatal, ya en el colegio Cruz del Sur o en cursos particulares en La Casa Morada. Por eso, el tema predominante es esta lengua que, según él, de muerta no tiene absolutamente nada.

“En este mismo momento, lo que nosotros estamos hablando, usted   y yo, -el español- es un latín vulgar evolucionado”, manifiesta Soro, quien dice ser el único profesor de latín en un colegio en Guayaquil.

Una lengua que ayuda a pensar

Su interés por el aprendizaje de esta lengua provino de querer hacer las cosas ‘al revés’, es decir, para tener un conocimiento más amplio de las cosas, poder construir y no quedarse como uno más del montón, para alcanzar una mayor perspectiva y saber el origen de todo.

“El latín y el griego son los maestros. La estructura sintáctica de una oración en latín tiene el verbo al final. Nosotros decimos ‘yo quiero galletas’; ellos dicen ‘yo galletas quiero’. Cuando identificas el sujeto ya te obligan a buscar el verbo. Es una cuestión que te ayuda mucho a pensar, te da rapidez mental”.

El latín, según Soro, no entiende de esquemas o estructuras fijos, de que A más B es igual a AB, sino que ayuda a razonar y a interpretar, a prolongar la agudeza mental.

Acerca de las dificultades en el aprendizaje, puntualiza que lo más complicado es asimilar la morfología verbal y las estructuras sintácticas, que son de gama amplia.

“Por ejemplo, yo puedo decir vamos a ver el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, o vamos a trabajar con complemento régimen o predicativo, entonces ellos -los alumnos- se quedan desorientados, porque no tienen un bagaje lingüístico, el archivo de la lengua previa. Si no lo tienen en español, mucho más difícil en latín, una lengua cuyas palabras se dividen en casos, seis en singular y seis en plural”.

Seguro de que mientras habla lo está haciendo en un “latín vulgar evolucionado”, Soro afirma que si existe un aporte a la cultura, primero se debe destacar la filosofía, la medicina y la jurisprudencia.

Influencias hasta en inglés

“La gente piensa que Newton escribía en inglés, pero no, lo hacía en latín. Aparte de eso está el aporte lingüístico. El idioma predominante hoy es el inglés, mas ese idioma tiene el 65% de sus raíces en latín. Se cree que spa es una sigla en inglés, pero es latín (Salutem per aquam o salud por el agua)”.

Esta trascendencia del idioma que enseña lo lleva a preconizar la necesidad de su conservación porque, dado el caso, podría presentarse una decadencia como la que llevó a Grecia a pasar grandes apuros, justamente, por afincar sus posibilidades de desarrollo solo en la tecnología, en la inmediatez, y a no conservar su riqueza cultural. “Uno construye a partir de lo que conoce del pasado”.

“Si en Ecuador no se cuida el kichwa, que es su lengua original, puede haber ese problema”, recalca el especialista, quien hace hincapié en que “la sociedad ecuatoriana es muy técnica, no hay un pozo humanístico, la gente no lee, escribe apenas, se apoya más en la inmediatez”.

Por eso considera preciso reconocer el valor del pasado y mirar hacia atrás, como algo necesario que permite ordenarse, no solo en el estudio de ciencias, como la medicina o la jurisprudencia, sino en la vida doméstica, en donde se suele recordar a los antepasados para mantener viva una tradición positiva o para mejorarla. Las proyecciones deben hacerse basándose en el pasado.

Sobre la aplicación práctica de una lengua que, desde hace muchos años, dejó de usarse incluso en las llamadas misas tridentinas (aquellas en las que el sacerdote se ubicaba de espaldas a los fieles para no dársela al Cristo del altar), cree tener una respuesta precisa.

“En EE.UU., cuando tú vas a una entrevista de trabajo, de la índole que fuere, te preguntan si tienes conocimientos de lenguas clásicas, lo cual te da una ventaja a la hora de la selección. Pero, además, en las pruebas de razonamiento siempre te ponen preguntas de raíces latinas y griegas, y para eso es básico el conocimiento cabal de la mitología y de la cultura clásica”.

Por todo esto, antes de finalizar, recuerda que Studiare linguam latinam docere vitam est o, lo que es lo mismo, “estudiar la lengua latina es enseñar la vida”. (I)

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