Escasez de sonidistas y directores de fotografía determinaría la calidad de las películas en el futuro

"No tener mirada crítica en el cine es como no aprender a leer"

- 22 de octubre de 2015 - 00:00
La recién estrenada Vengo volviendo (Gabriel Páez) cuenta con producción colectiva y exhibición alternativa. Cortesía producción de Vengo volviendo

Escasez de sonidistas y directores de fotografía determinaría la calidad de las películas en el futuro

Al debate sobre si el cine ecuatoriano debiera o no representar al país, sus costumbres y estéticas, le sobrevino un prejuicio: que las películas de factura nacional son malas, que redundan en historias personales de sus directores, que se basan en dramas que los espectadores saben de memoria y, en la mayoría de casos, dejan de lado frente a propuestas más comerciales.

Hace una década, la Ley del cine fijó una normativa para un número considerable de realizadores del mundo audiovisual, un articulado que se ampliará porque, para Juan Martín Cueva -director del Consejo Nacional de Cinematografía-CNCine-, “esta se enfoca en la producción, un ámbito específico y su fomento” no abarca toda la producción audiovisual, la cual ha conllevado logros y frustraciones.

La diversidad de las producciones fílmicas, en el período que el Estado ya le ha asignado un monto a su producción, tiene una sombra sobre las obras que no se visibilizan, que no circulan y tienen “unas limitaciones dramáticas de acceso al mercado”. Cueva señala que la ley no establece ningún tipo de competencia regulatoria en este campo, uno que amplíe la difusión, por lo que se plantearía que “alguna instancia pública tenga facultades de regular la exhibición” y así los filmes puedan llegar a un mayor número espectadores, lo que, a su vez, echaría abajo los prejuicios acerca del cine nacional.

La Ley Orgánica de Comunicación (LOC) establece que los canales de televisión incluyan producción nacional independiente y que inviertan un porcentaje de su facturación anual en esa ‘industria’, algo que “no está arrojando los resultados esperados porque el régimen de sanciones es débil, no hay un suficiente impulso a los medios para que cumplan eso”. La TV en Ecuador, por tanto, aún no sería el espacio de difusión ideal para las historias de los realizadores del país.

Paulina Simon -programadora de Flacso-Cine, una sala administrada por CNCine y dedicada a producciones independientes- dice que la sala alterna y la del mall tienen una similitud, aunque no exhiban las mismas películas: por su escasez en el país, los sonidistas, directores de fotografía y algunos actores se repiten en los filmes hechos en el país y es fácil ver sus nombres en espacios comerciales como en otros más chicos. Para la comunicadora, el documental Más allá del mall (Miguel Alvear, 2010) -producido por la cadena DocTv-, da cuenta de los espacios en que se difunden las obras nacionales con un personaje -Andrés Crespo- de quien se podría decir que es el actor de casi todos los estrenos recientes.

La productora cinematográfica y crítica Isabel Carrasco -quien trabajó en los largometrajes Sin otoño, sin primavera y La bisabuela tiene Alzheimer- dice, en cuanto a los profesionales de la producción, que “hay una sobrepoblación de directores de cine, eso no es sano para el desarrollo de una cinematografía”.

Para la realizadora cuencana, el rol del productor -necesario aunque soslayado por varios aspirantes a cineastas- es influir en qué se cuenta, cómo se cuenta sin querer “salir en las portadas de las revistas”, trabajando tras bastidores. La escasez de sonidistas determinaría, según Carrasco, un estancamiento en la producción de bandas sonoras: al tener a poca gente trabajando en eso, ¿se homologarán en el futuro las producciones?, algo que también podría pasar en la fotografía, con directores de ese campo que, en el futuro, pudieran ser los únicos. Y hasta con los productores, “si solo somos cinco los que circulamos, ¿será que se va a estandarizar el cine?”, se pregunta Isabel volviendo al riesgo de que lo que se filma en el país tenga un sello fácil de clasificar.

Una marca o tendencia que -según un reciente sondeo hecho por la firma Marketing Consulting, ganadora de uno de los fondos del CNCine- tendría apenas 4 de cada 10 ecuatorianos en el blanco del proyector nacional durante la última década. Algo que preocupa por el crecimiento exponencial de las producciones -que van de 25 a 30 por año, más allá de los 14 estrenos nacionales de 2014- frente a los posibles 12 millones de espectadores de cine en general, que van, al menos, una vez al mes a una sala, lugares que pueden ser alternativos dependiendo de los productores, aunque ese trabajo no salga en los créditos, al final de los filmes.

En lo que va del año se han estrenado, en salas de cine, diez películas ecuatorianas, de las cuales ocho son documentales, un género que apenas tiene un 15% de la preferencia de los espectadores de Quito, Guayaquil y Cuenca -ciudades en las que se hizo el sondeo citado-. Esto pese a que en la capital las salas suelen llenarse durante el conocido festival Encuentros del Otro Cine (EDOC).

La acción tendría un 70% entre los espectadores que la prefieren, seguida de la comedia (62%), el terror (35%), el drama (34%), la ciencia ficción (27%), lo romántico (22%) y el suspenso (16%). Clasificaciones que si bien no son géneros en sí -tragedia, tragicomedia, farsa, drama y melodrama- se usaron porque es lo que el público conoce, lo que tiene más cerca en un mercado dominado por el marketing hollywoodense. “Además de diversificar los oficios, habría que lograr que la gente vaya al cine, que deje de pensar que ‘evita’ ver películas ecuatorianas porque no representan entretenimiento”, señala Simon.

La directora Tania Hermida -quien estuvo tras la claqueta de Qué tan lejos, ante 220 mil espectadores- se pregunta, en cambio, ¿qué están leyendo, ahora mismo, los (futuros) cineastas ecuatorianos? y “¿tenemos un sistema educativo que estimule, desde la escuela, la lectura, la investigación y la creatividad? (...) ¿tenemos universidades que generen pensamiento crítico y miradas nuevas y diversas sobre el audiovisual, la historia y el oficio de contar historias?”. Las respuestas a estas interrogantes apuntarían a una “visión limitada, porque -escribe la cineasta- apuntan apenas a la cantidad de producciones y de público, cuando el problema de fondo (y esto lo afirmo, sobre todo, como espectadora) no es de cantidad sino de calidad”.

Para Hermida, las soluciones en cuanto a los usos y consumos del cine debieran integrar a varios sectores sociales -lo cual se plantea como expectativas a las reformas al reglamento de este campo y a la Ley de Culturas que lo regirá-. “El problema de nuestro cine podría estar -dice la también directora de En el nombre de la hija- en la pobreza del entorno audiovisual donde crece y circula: un país que se nutre apenas de cine de Hollywood (95%-98%) y cine nacional (2%-5%); un país sin tradición de lectura; un país que, por ello, está mal nutrido”, con dosis mínimas de acceso -incluido el DVD- a lo que se produce. (I)

Datos

El 60% de beneficios monetarios del Fondo de Fomento a la producción cinematográfica -cuyo concurso administra el CNCine desde 2007- suele ser para óperas primas.

El público infantil tuvo el apoyo exclusivo de la segunda entrega de estos fondos en 2013. La decisión del CNCine de auspiciar los cortos para este sector social mostró la necesidad de formar a las audiencias desde la infancia.

Chulpicine es un festival itinerante en el que, durante 14 años, se han proyectado películas para público menor de edad, en el lapso de vacaciones escolares. El director de CNCine anunció que dará incentivos al proyecto.

En cuanto a distribución, el CNCine entregó 16 mil copias “emblemáticas” del cine local al Ministerio de Educación, que estableció la creación de la materia “cultural estética”. Mientras que Guaguacinema exhibirá, cada sábado, en Flacso-Cine, filmes para niños.

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