“Lo siguiente es poner en escena a autores locales”

- 09 de mayo de 2017 - 00:00
Ramón Barranco, director Artístico del Teatro Sánchez Aguilar.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

El Sánchez Aguilar cumplió cinco años de superar sus propias expectativas. En el futuro se prevén presentaciones para noctámbulos y adolescentes.

Hace cinco años Ramón Barranco y Marion_Ecalle, como compañía Kiblos, armaron un proyecto para la dirección artística de lo que sería el Teatro Sánchez Aguilar, uno de los más grandes de la ciudad -pues aunque está en la vía a Samborondón su público central está en Guayaquil-. Desde entonces, uno de los objetivos era generar una programación constante en dos salas, la más grande de ellas, con capacidad para 700 personas.

 El lema desde entonces fue ‘Cada semana algo nuevo que disfrutar’. Según Barranco, se ha cumplido. Desde que inició la dirección artística de las dos salas del Sánchez se han programado 320 días de funciones al año, 1.000 presentaciones con 245.000 personas como espectadoras.

“Si hubiera pensado en las cifras que tenemos ahora como meta inicial la gente hubiese dicho que no sabía de lo que hablaba”, dice Barranco.

¿Los planes que se plantearon desde el inicio se han modificado conforme a los resultados o no se distanciaron nunca de los objetivos?

El proyecto estratégico que hicimos con Marion_Ecalle era para cinco años. Más o menos se han cumplido las previsiones, seguramente no tanto en el aspecto económico de que el teatro sea sostenido por sí mismo. Nosotros nos movemos desde un punto conceptual. Queríamos llegar a poner una escena de tres a cuatro semanas con compañías internacionales o locales. La gente casi nos miraba con ojos de “estáis locos” y ya hemos conseguido que nuestras producciones se mantengan en un mínimo de 8 a 10 días, y en algunas ocasiones hemos estado más tiempo, pero eso va a venir a largo plazo porque una de las metas era crear el hábito en la gente para venir al teatro.

¿Por qué es tan difícil que el teatro se sostenga solo de su actividad artística?

Este teatro tiene como principal motivo de recaudación la venta de entradas y ahí es donde este último año, por razones que parecen obvias y que hemos sufrido en todo el país después del terremoto, las cosas no han sido nada fáciles.

¿Cuál es la vara que se han fijado en las producciones para captar ese público?

La vara la ponemos nosotros. Claro, puede haber una grandiosa construcción escenográfica y que al público no le guste. Partimos de unos mínimos estándares de producción que cumplimos y mantenemos. Lo otro es elegir el texto. Viajo a ciudades como Buenos Aires, México, Chile, París, para ver lo que se hace y pienso que el público ecuatoriano no tiene que ser distinto al argentino, no es ni más tonto ni más culto. Ahora vamos a poner una obra de Ernesto Caballero, Te quiero muñeca; y no es porque a mí se me haya encendido una lucecita, sino porque en Madrid ha estado un año en cartel y ha funcionado con el público. La montaron en México y Buenos Aires y ha funcionado. Es una comedia que puede funcionar porque estos temas son universales, los embrollos de pareja, las discusiones de amigos.

Si se han cumplido metas inimaginadas, ¿qué sigue?

En estos próximos cinco años, igual que hasta ahora pondremos en escena producciones de autores internacionales, pero queremos empezar a poner producciones de autores nacionales. Mi reto es que autores de aquí escriban textos que podamos llevar a escena. Voy a cumplir 60 años, vivo en el siglo XXI y aunque soy un gran amante de todo lo clásico, yo vivo ahora y quiero conocer y poder apoyar lo que está ocurriendo ahora. Que podamos poner en escena a autores de aquí. Además, en algún momento de los próximos dos o tres años, tendremos que hacer un homenaje a quien ha sido el gran dramaturgo guayaquileño, que es José Martínez Queirolo.

¿Cuáles han sido las fallas de estos cinco años?

No puedo decir que haya habido nada malo. Solo el hecho de pensar que un hombre como Carlos Sánchez Aguilar haya puesto en marcha un teatro y todo lo que se produce después es algo grandioso. Cuando viajo y cuento que en un país como Ecuador, alguien, un loco, un mecenas, construyó y regaló esto a la ciudad, la gente se queda muy asombrada. Puede haber cosas que se pusieron sobre el escenario y resultaron fallidas, pero nada malo. Además, había un caldo de cultivo importante en artes escénicas que necesitaba una pequeña ayuda, un estirón. Creo que estaban ahí las ganas. Sin duda la ciudad tampoco es lo mismo; desde que llegué, hace seis años, la ciudad ha cambiado, se están recuperando muchas cosas. Me parece muy bueno que el Municipio ceda espacios, esa es la labor del ente público y creo que el siguiente paso debe ser que Guayaquil cuente con un teatro municipal. Tenemos pequeñas frustraciones cuando compañías de giras nos proponen venir y no podemos asumirlo, eso sí lo podría hacer un teatro municipal porque su función es hacer llegar a la ciudadanía las cosas que se están haciendo en el mundo.

Pero parece que el Municipio ha entendido que deben ser los gestores culturales quienes deben manejar estos espacios porque instituciones como el Teatro Centro de Arte o el Centro Cívico no mejoran sus condiciones...

El Centro de Arte depende de una fundación. Sí fue apoyado por el Municipio, pero luego han tenido que buscarse la manera y sobrevivir y lo hacen como han podido, pero no han tenido la capacidad o alguien que pensara. Cuando me enteré de este proyecto, ellos buscaban un director y comenté que antes de un director deben tener un proyecto. “Si alguien no sabe dónde va, no llega a ninguna parte”, decía un amigo. Uno debe tener la vista. (I)

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