El dolor de Bruce Wayne será la fuerza de Batman

07 de agosto de 2012 - 00:00

Lo decía Jim Carrey en la piel del “Acertijo” en la subestimada “Batman Forever”, “Riddle me this, riddle me that, who’s afraid of the big, black bat?” (Adivíname esto, adivíname aquello, ¿quién le teme al gran, negro murciélago?). Al parecer, según el cierre de la trilogía de Batman -del director británico Christopher Nolan-, solamente el millonario Bruce Wayne (Bruno Díaz en Latinoamérica), aunque  ese murciélago se vuelve también un símbolo de esperanza, de temor para los malvados, como se planteaba ya en “Batman Begins” (2005).

Luego del tiroteo en el cine de Aurora, Colorado (EE.UU.) durante su estreno “The Dark Knight Rises” (Batman: El caballero oscuro asciende o El caballero oscuro: la leyenda renace) no alcanzó los altos niveles de taquilla doméstica que se esperaban, pero poco a poco a nivel del globo alcanza los ingresos económicos que justifican la superproducción de aproximadamente $ 250’000.000 y con escenas filmadas en formato IMAX.

Sin embargo, no es la parafernalia visual lo que atrae de este filme, ni siquiera el fanatismo por el personaje de Batman, las dos películas anteriores que hizo Nolan sobre este superhéroe o los cómics que dan pie a todo, sino “la fe”, como se dice en el filme.

Puede ser la fe en los ideales de purificación y continuación de un legado como la profesa “Bane”, el villano de turno, o la fe que trae un símbolo, un héroe enmascarado que hace hasta lo improbable para salvaguardar a la ciudad que actualmente lo repudia, como la practican “Blake” -en primer lugar- y Bruce Wayne/Batman en segundo.

“Blake” es el joven y temerario oficial de policía, ascendido de repente a detective, que vela por la casa de huérfanos en la que creció y cree ciegamente que a pesar de los beneficios de la Ley Dent, implementada hace 8 años en Ciudad Gótica luego de que Batman asesinara al entonces fiscal de distrito y se volviera un renegado, la urbe necesita al justiciero.

Muchos extrañarán al “Guasón” de Heath Ledger como el principal antagonista, pero era necesario buscar un nuevo villano, plausible en el mundo real, de la extensa galería de enemigos de cómic que tiene Batman. Además, como lo señaló Nolan, el director, cada una de sus películas sobre el superhéroe tiene un tema: “Batman Begins”, el miedo; “The Dark Knight”, el caos, y “The Dark Knight Rises”, el dolor.

Tal como su predecesora “The Dark Knight” (2008) se inspiró en los cómics “The Killing Joke” y “The Long Halloween” -aunque varios conocedores dijeron que la atmósfera era la de la novela gráfica “The Dark Knight Returns”, de Frank Miller-, esta secuela toma elementos de los más oscuros cómics de Batman: “The Dark Knight Returns” (que muestra a un Batman retirado y desaparecido por 10 años); “Knightfall” (la primera aparición de Bane), y “No Man’s Land” (en el cual Ciudad Gótica es una locación de distopía, controlada por gángsters que aterrorizan la ciudad).

Los 164 minutos de metraje pueden resultar pesados para algunos espectadores, pero hay que estar atentos hasta el final para “paladear” bien los últimos momentos de “The Dark Knight Rises”, poderosos y emotivos. Pueden generarse nudos en la garganta, sentimientos de impotencia al ver que el terrorista “Bane” derrota tan fácilmente de forma mental y física a Batman y se apodera de la ciudad con un ejército de mercenarios y reos recién liberados -además de una bomba nuclear- y hasta lágrimas al ver la épica conclusión de la trilogía y entender realmente qué roles juegan los personajes de “Miranda Tate” (Marion Cotillard), “John Blake” (Joseph Gordon-Levitt) y “Selina Kyle/Gatúbela” (Anne Hathaway). Aplausos para los acertados retornos de “Fox” (Morgan Freeman) y “Alfred” (Michael Caine), sobre todo este último por su reposada pero emotiva actuación en apenas unos minutos frente a la cámara.

Del “comisionado Gordon” (Gary Oldman) hay que hablar aparte, porque no es, en esencia, “un personaje que regresa”,  ya que ha evolucionado exponencialmente desde su primera aparición en “Batman Begins” como el oficial de policía que colocaba el abrigo del difunto Thomas Wayne sobre los hombros de su hijo, Bruce Wayne, que a sus 8 años acababa de presenciar la muerte de sus padres. Ahora es un hombre fracturado por una mentira y ansioso por revelar la verdad para aliviar su alma.

Batman sale poco, al que más se ve es a un aporreado Bruce Wayne tanto física como mentalmente, ya que empieza la película caminando con un bastón y la termina en un necesario anonimato. No se puede decir más sin revelar la trama.

Al otro lado del espectro, sorprende ver que “Bane” (Tom Hardy) no es el gran villano que todos esperaban, sino Ra’s Al Ghul, cuyo legado y concreción de su obra final aún penden sobre Ciudad Gótica como la espada de Damocles.

Es el heredero de aquel villano, inmortal en los cómics por los pozos Lázaro y eterno en la película gracias a su organización La Liga de las Sombras, sus ideales y lo mítico de su figura y nombre, lo que realmente mueve la trama de “The Dark Knight Rises”. ¿O tal vez sea el canto en otro idioma que aparece tanto de fondo como en una significativa escena en una prisión considerada el infierno en la tierra, el que logra ese importante rol?

En cualquier caso “Bane” es un oponente formidable en todo plano y aunque su filosofía de alcantarilla aburra a más de uno que espera un filme lleno de acción, es necesaria para justificar y redondear el paquete perfecto que son las 3 películas de Christopher Nolan.

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